Las hojas del rábano (por Alonso Domínguez)

Alonso Domínguez es el autor de la entrada de hoy. Se puso en contacto con nosotros a través de nuestro correo electrónico para hacernos llegar este texto a modo de colaboración. Nuestro eterno agradecimiento por hablar de un tema que nosotros no habíamos tocado y que ha estado de actualidad esta semana. Para seguir sus pasos y enviarnos vuestros textos… Ya sabéis.

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Las hojas del rábano

Esta vez me llegó el folleto, no sabría explicar como. Apareció encima de la mesa de la cocina de casa, supongo que procedente del buzón: Semana Europea de la Cultura Judía. Palacio de los Verdugo del 24 al 29 de septiembre.  Así que apunté mentalmente los dos coloquios que me interesaban, el del martes y el del miércoles.

Y no me arrepiento de haber estado allí, esa es una de las ventajas de ser escéptico, que a veces los acontecimientos superan tus expectativas. Incluso la charla del miércoles llegó a provocarme uno de esos estados de viaje mental, que sin llegar a ser extracorpóreo, me dio para orearme un poco e incluso para volver a preguntarme por mi salud mental. Como no dispongo de presupuesto para psicólogo he optado por la alternativa gratuita, que es la de contárselo a alguien.

Para empezar, el acto no se ajustaba con exactitud a lo prometido en el programa, “Cementerio Judío de Ávila” en el que debían intervenir Enrique Saiz, Director General de Patrimonio JCyL y Carolina Aisen, Federación de comunidades Judías de España. Excusada por asuntos personales la presencia de la segunda, hablaron, además del primero, el arqueólogo de las excavaciones Blas Cabrera y los dos arquitectos paisajistas que han diseñado el jardín. Está bien lo de las sorpresas, si era una sustitución de última hora yo la agradecí. Lo que quería era enterarme de cómo era esa necrópolis. Pero el número fuerte, así parecía anunciarse, era el de la presentación de un vídeo con las “imágenes inéditas de las labores de reenterramiento”.

Y sí, fue en ese momento, con la musiquilla de fondo y las imágenes de ediles, rabinos judíos y operarios varios llevando carretillas de tierra y bolsas con huesos cuando me asaltó la idea. Y tomando el rábano por las hojas con decisión, me descubrí allí en medio del patio de los Verdugo preguntándome, pero este encomiable respeto por los restos humanos aparecidos en una excavación, ¿será ahora una pauta a seguir? ¿Habrá que preparar una ceremonia similar cada vez que se exhume una necrópolis de inhumación, o incluso de incineración?  Entiendan mi inquietud, que uno se ha pasado media vida (algo más) desenterrando huesos humanos.

Y empezaron a temblarme las rodillas: sabía que mis pensamientos se iban a despeñar. 

Porque vamos a ver ¿cuántos muertos habrá habido en Ávila?, sí, sí, en general ¿Cuántas personas han habitado en Ávila o en su solar a lo largo de toda la historia?…. Y casi veía los diminutos destellos eléctricos de las sinapsis en mi maltrecho cerebro arrastrando números, sumas, restas, multiplicaciones….”4 generaciones por siglo en época contemporánea”, “4,5 para época medieval”…. “una media de población de”….. “todos ya muertos”, así iba completando mi fúnebre cuenta para decidir finalmente que, con ojo de buen cubero, la cifra media posible sería de unos 320.000 muertos abulenses, con un margen de error de 75.000 arriba o abajo. Respiré con alivio, eran menos de los que había imaginado en un principio, sólo nos tocan a unos 6 por vivo actual, alguno más para los que tenemos cargas familiares. Y ¿qué me dicen del futuro prometedor de esta nueva tarea que bien puede dinamizar nuestra menguada economía?.  Ya me veía teniendo que añadir presupuestos de actos de enterramiento a los nuevos proyectos, esos que nunca se ejecutarán….

Y en esas estaba, cuando finalmente la metafísica me rescató de ese momento de  ofuscación mental. Como lo leen, fue el “jardín metafísico” del que estaban hablando ya los diseñadores del nuevo parque lo que me rescató de mi macabra cuenta. En un instante pasé de la ofuscación al cabreo. Ahora resulta que voy a tener que compartir con todo el mundo ese lugar del que he disfrutado, y de las miradas que desde allí tiene Ávila, unas cuantas veces solo. Porque sepan que, a través de unos estupendos miradores y unas “líneas imaginarias que conectan las tres culturas de la ciudad” van a dirigir las miradas de los usuarios que visiten el Jardín de Sefarad a esos sitios que son un auténtico descubrimiento.

Ahora, ya sentado en mi casa y visto con más calma, Dios, Yahvé o los principios naturales de la ética universal me libren de criticar ese acto de discriminación positiva con una comunidad que sufrió lo suyo por estos pagos. Bienvenido sea también el jardín si sirve para el esparcimiento y disfrute de la ciudad y no digamos si contribuye a que los turistas dejen aquí sus cuartos…. Ya me buscaré otro sitio.

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