Despertares, confusiones y “pegeouses”

Como ustedes seguramente ya saben -tener un blog es malísimo para la intimidad- soy de despertar lento, como las versiones antiguas de Windows. Desde que suena el despertador hasta que estoy medianamente operativo puede pasar perfectamente media hora. Los diez primeros minutos son especialmente críticos, con las funciones cerebrales en servicios mínimos y los reflejos maniatados por piquetes de neuronas sindicalistas. Tanto es así que mi pareja, como medida de seguridad pública, me tiene prohibido acercarme a cualquier cosa peligrosa durante ese rato: nada de tocar cosas con filo, aparatos de cocina en apariencia inofensivos o la tarjeta de crédito. También me mantiene alejado de las principales tareas relacionadas con la elaboración del desayuno para evitar sucesos cataclísmicos: microondas inundados de café, este mismo líquido en tazas pero regado con sal o tostadas untadas por ambas caras.

En ese rato en que no soy persona y apenas soy ser vivo, me ha sucedido esta mañana un hecho, como diría Mariano, verdaderamente notable: durante un rato he estado de acuerdo con el Alcalde. Acaba de dejar sobre el plato media tostada con mermelada de ciruela y, mientras me chupaba los dedos para eliminar los restos de la azucarada sustancia, ojeaba por encima la prensa local con la misma atención y retentiva que extiendo al pasear por la zona de ropa infantil de un Zara. Sucesos, un conductor sin carnet, lobos, algún incendio, unas fiestas en un pueblo, el expolio del Corneja, las reales prótesis de las reales caderas… Leía solo los titulares y solo entendía los más sencillos. Tras dar un nuevo mordisco a la tostada, un par de neuronas, supongo que animadas por el azúcar, se dieron cuenta de que en la parte de arriba de todos los medios locales se repetía la misma noticia: algo relacionado con un juez, unas siglas, un Alcalde enfadado y gente magenta contenta.

Al parecer -no me hagan mucho caso que todavía no estoy despierto del todo- el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha anulado la aprobación de la sexta modificación del Plan General de Ordenación Urbana de nuestra ciudad tras un recurso presentado por UPyD (los nuevos jueves, siempre en medio) y la Federación de Empresario de la Construcción y Obras públicas de la provincia de Ávila. Llegados a este punto, extenuadas por el esfuerzo y tras despedirse de la familia y amigos, las dos neuronas responsables de entender semejante asunto se suicidaron y marcharon al cielo de las neuronas, siendo sustituidas por otras dos que pasaban por allí aún con el gorrito de dormir. La sentencia, recurrible, supone que no se reclasificarán, urbanizarán y construirán un millón de metros cuadrados (no sé a cuánto corresponde en camposdefútbol, lo siento) entre la ciudad y NaturÁvila. Unas cuatro mil viviendas y una zona comercial que son, al parecer, el resultado de un convenio entre el Ayuntamiento (¡guapos!) y un particular (¡guapo!) que permitió el crecimiento del CyLOG, el aparcamiento ese que tiene la Nissan junto a las vías del tren.

A mi todas estas cosas con siglas me confunden, y más a estas horas con el café aún caliente y los dedos pringosos de mermelada. Fruto de esa confusión y de los servicios mínimos neuronales, me encendí. ¡Quién es el Tribunal ese que osa frenar el desarrollo, crecimiento y cementización de la ciudad! ¿Qué pasa si queremos construir más casas? ¡Ese campo es nuestro y si queremos poner farolas las pondremos! ¡Malditos magentas protestones! A punto estuve, me retuvo el cable del portátil anudándose a mis tobillos, de salir a la terraza en pijama y ponerme a gritar ¡Modificación del PGOU, sí! ¡TSJCyL, no! mientras agitaba el puño con furia.

El Alcalde, leía a continuación, estaba de acuerdo conmigo. ¡Faltaba más! ¡A las barricadas! Anunciaba futuro recurso y daba en el clavo: el Tribunal no tiene ni idea y la sentencia provoca inseguridad jurídica. ¡Inseguridad jurídica! El Tribunal ese quiere convertirnos en Argentina, Venezuela o Bolivia. ¿Qué será lo siguiente? ¿Expropiar algún quiosco de pipas? ¿Convertir a las administraciones públicas en las principales empresas de la ciudad y la provincia? ¿Vestir todos con chándal?

Aún enfurecido, me di una ducha y en albornoz me puse a escribir una encendida defensa del Alcalde, el progreso, el ladrillo y las aceras a ninguna parte; pero con la cabeza algo más despejada me costaba mantener el nivel de excitación anterior. Las dudas empezaron a asaltarme como inspectores fiscales. Igual el Tribunal tenía algo de razón. Igual UPyD y esos otros señores a los que no conozco no estaban tan equivocados. Venga, segunda lectura.

En primer lugar, el Tribunal no entiende la urgencia y necesidad de la modificación. 4000 nuevas viviendas no parecen necesarias cuando quedan 10000 viviendas por ejecutar de las planeadas anteriormente y hay tropocientasmil viviendas vacías en la ciudad. Pues igual tiene algo de razón. Tampoco parece muy lógico pensar, como afirma el Ayuntamiento, que de aquí a 2018 van a llegar a la ciudad 10000 nuevos habitantes. Suerte si no se van en cifras similares. Y, ya puestos, resulta difícil defender que ese brazo urbano que se extendería hasta Naturávila (o hasta el infinito, si le place al que diseña el plano) contribuye a crear la ciudad compacta de la que habla la normativa vigente.

Mierda, pensé, ¿y qué hago yo ahora con las 3000 camisetas que he mandado imprimir para apoyar al Alcalde en su lucha a brazo partido contra el Tribunal? ¿Me devolverán la fianza por el alquiler de los autobuses que pensaba fletar para acompañar al Ayuntamiento al presentar el recurso? ¿Podré sacar del buzón la carta con insultos y amenazas que he enviado a UPyD?

No sé si como dice el PP, en el caso de que gobernase IU (se refiere a IU pero valdría cualquier otro, en el Ayuntamiento son del “o nosotros, o el caos”) nos veríamos obligados a vender la muralla. Lo que parece difícilmente refutable es que la gestión del PP en los últimos años se ha basado en reclasificar el presente de la ciudad y los campos que la circundan y en hipotecar el futuro de los abulenses a golpe de proyectos de escaso interés ciudadano, mínima viabilidad y, a juzgar por la sentencia del TSJCyL, dudosa legalidad.

Ya lo ven, pasé de estar de acuerdo con el Alcalde a estar de acuerdo con UPyD. Debo tener fiebre; me vuelvo a la cama.

20 Responses to Despertares, confusiones y “pegeouses”

  1. Iñaki says:

    SÍ A LA CHANDALIZACIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA.

  2. vecina says:

    Como siempre en esta ciudad sacando las cosas de su sitio.
    Si se han cedido unos terrenos (particulares) al ayuntamiento para que los ceda….. Al Cylog… (Vease Nissan, pero.. Esa es otra cesión mutua de terrenos…)
    Quien cede los terrenos….o los cobra o (si no hay pasta en las arcas como es el caso…) Se procede a un trueque material.

    Este es el caso de una recalificación de unos terrenos propiedad del Ayuntamiento, como pago a unos terrenos que se les dió en su momento.

    A cualquier persona que vende su pisito.. O bien le gusta recibir la pasta de su valor.. O en su defecto… Otro pisito….

    Lo que pasa en este caso… Es que la gallina no iba a parar a los constructores de siempre…..y eso..”Molesta”.

    Habrá que prepararse … A ver de donde saca ahora el ayuntamiento la pasta para el pago de estos terrenos. O lo van a pagar Fecopa y UpyD….????

    Aquí siempre el caso es j… Al vecino.

    Saludos.

  3. ladyaccesibilidad says:

    “Como ustedes seguramente ya saben -tener un blog es malísimo para la intimidad-”

    si se pierde intimidad don Alberto, como quien no quiere la cosa nos acabamos de enterar de tu dificultades con el tránsito intestinal, que nadie toma mermelada de ciruela por casualidad con la variedad de frutas que hay xd
    #milperdonesycollejaparami

    seguro que es muy necesaria toda esa modificación, ampliación ó como lo quieran llamar , pero vamos ,que cuesta un güevo entenderlo, igual es que no dejan una vaquería en todo el medio y principal avenida de este nuevo plan y por eso no es tan viable , ya podían terminar lo que han dejado a medias y solucionar los problemas en lo que ya está construido

    #yotambiénquierounaparcelapropiedaddelAYTOparasembrarunostomatescomolaVaquería

    • Alberto Martín del Pozo says:

      Soy perfectamente regular, lo que pasa es que tomar siempre de fresa me empacha y no termino de encontrarme a gusto con otras mermeladas.

  4. ladyaccesibilidad says:

    también una pena que los upeiditos no pongan el mismo tesón y perseverancia para solucionar los problemas que les transmiten sus ciudadanos cuando vienen por los barrios en elecciones para dejarse ver y mostrar un falso que en realidad es nulo interés por los vecinos ,por sus problemas y por sus barrios, máxime cuando en el problema está por medio sus amiguitos

  5. Guillermo B. says:

    Ya que a Alberto le está costando, publico ahora yo aquí y ahora el avance de mi novela… Algo largo me quedará, pero bueno.

    Es una novela con tramas paralelas que en un momento dado confluyen. Nada original, pero resultón, como atestiguan R. R. Martin o Stephen King. Y como no tengo originalidad y soy poco viajado, la he dado en ubicar en nuestra ciudad abulense, y además en un entorno temporal de las últimas décadas.

    Pues érase una vez que se era (otra vez un recurso estilístico poco original, pero desde luego, cargado de clasicismo) una bella ciudad, donde un día les dio por construir un campo de golf con unos milloncejos recibidos de la Unión Europea. Eligieron para ello una antigua finca de la Diputación Provincial, que se usaba para labores agrícolas. La cosa quedó como quedan los campos de golf, verde y llena de agujeritos.

    Aquí entra uno de nuestros protagonistas, un paisano que gracias a buenos manejos en el boom de las puntocom, había amasado una fortuna más que razonable. Aprovechando que tenía efectivo, y que lo que suele pedir el dinero es más dinero, convenció a la Diputación para expropiase y le vendiese terrenos colindantes con el campo de golf, e hízose un hotel allí.
    Comenzaba por aquel entonces el comienzo de lo que luego dio en llamarse boom (que obsesión con la onomatopeya, la verdad) inmobiliario. Parecía que todo era posible, por lo que nuestro buen neohostelero se lanzó a comprar los terrenos que circundaban su hotel y el mentado campo de golf, rústicos todos ellos.

    En paralelo a esta trama, tenemos a un concejal encargado de urbanismo y un alcalde recién inaugurado y no votado como tal. Nuestros munícipes observan extasiados cómo la vida es fácil, cómo la ciudad crece y crece, y cómo la “recalificación” de terrenos parece ser una cosa mágica a la hora de generar recursos.

    Aquí la trama muestra, como corresponde al género, una primera opción de cruce de caminos. Allá por el año 2004, nuestro amigo hostelero y protopromotor se lanza a la compra de unos terrenos en zona diametralmente opuesta a la de su interés, terrenos además algo complejos al ser colindantes con vías del tren y zonas de circunvalación. ¿Qué le lleva a esa compra? Nunca lo sabremos, pero en capítulo correspondiente deja abierta la puerta a que algún garganta profunda cercano al poder municipal (quién sabe, quizás uno de nuestros dos protagonistas disfrazado) le pase el soplo de que por ahí pueda haber pelotazo.

    Animado al ver que aquí el que no consigue recalificar sus terrenos es tonto, nuestro promotor todavía en potencia lo intenta con la zona en campo de golf aprovechando una adaptación del plan de urbanismo, proponiendo un pegote alargado al diseño de la ciudad. Es rechazado de plano; se convence a sí mismo de que eso ocurre porque no tiene suficientes contactos todavía con los poderes tácticos y fácticos. Sube a una colina y dice aquello tan bonito de “A Dios pongo por testigo que no volveré a pasar hambre” (escena que me parece original y emotiva), tras lo cual se apresta a plantear su plan B.
    Y es que por alguna razón no explicada, una gran fábrica de la ciudad necesita aparcar sus furgonetas en algún sitio. Lo normal en otros lares como la gran Alemania o Kazajstan es que la fábrica se compre un terreno y se haga un parking, pero no; en nuestra novela eso resulta demodé y trasnochado. Aquí lo que hacemos es buscar un MacGuffin lo más complejo posible. El consistorio, con nuestros munícipes al frente (el alcalde por fin ha ganado unas elecciones) se ofrece a regalarle el terreno a la fábrica, y para ello, se pone al habla con el propietario del mismo, ¡oh sorpresa, nuestro amigo el promotor-hostelero! Le indica el interés por los terrenos, y la respuesta es que al ser no consolidado y no urbanizable no tenía mucho valor, pero que si el Ayuntamiento lo consolida y le otorga edificabilidad industrial, entonces la cosa cambia. ¿Paga nuestro Ayuntamiento con dinero la cosa? No, claro está, que en la España del pelotazo los billetes, incluso los de 500, están muy mal vistos. Ni siquiera se ofrece a pagar con preferentes de Bankia, ni con cromos de los fichajes de última hora de la colección de la Liga, no. Para completar lo complejo de la cosa, se ofrece a darle edificabilidad (oh, mágica palabra) en algún otro sitio. Como quiera que nuestro primer personaje tiene terrenos allá do Cristo perdió el flequillo, junto al campo de golf, pues allí es donde la quiere. Como la cosa no parece evidente de hacer, al haber sido rechazada tal cual hace apenas un año, acuerdan posponerlo con un maravilloso convenio, que se convertirá en el elemento tensional de la novela. Para que la cosa quede más molona, los munícipes convencen a las fuerzas opositoras de que hay que firmar el convenio, so pena de que la gran fábrica local decida un buen día deslocalizarse, que no es lo que hacían los personajes de Star Trek, aunque lo pudiera parecer, sino que es palabro para significar “bajarse al moro”.

    Henos aquí con un convenio firmado, que pide que unos 30 meses máximo se arregle la cosa modificando a gusto el PGOU, y con todo el mundo más o menos feliz, cada cual con lo suyo, cuando llega la terrible crisis, causada como todo el mundo sabe por la famosa foto en Vogue de las ministras de ZP. Lo que era miel y rosas en lo urbanístico empieza a encogerse, y nuestros protagonistas todos empiezan a dar largas al asunto del convenio. Hay quien piensa que el promotor lo hace para que al vencer los plazos, pueda solicitar todavía más terreno a edificar, hay quien dice que el concejal y el alcalde lo hacen para ver qué carallos pasa, o a ver si vuelve a aparecerse la Virgen de Sonsoles. De pronto, y tras una apresurada modificación del convenio (addenda, lo llaman) en la que la edificabilidad prometida se multiplica por 4, todo son prisas. Se tramita la modificación del PGOU, en la cual, y al ver que lo de recalificar una islita en el campo de Golf queda feo, se hace una península para conectarla a lo más cercano. En el proceso, la edificabilidad vuelve a multiplicarse por 2. Además, y para que la cosa no quede tan lamentable, se apañan de urgencia por un grupo de personajes secundarios y que llamaremos “técnicos municipales” una serie de justificaciones para el paripé. Y por si la cosa no fuera poco, se inicia una operación de camuflaje a base de iniciar un nuevo PGOU en paralelo, estudio del cual cuesta la no despreciable cifra de un millón de euros. Todo ello, olvidándose de las zonas de protección de aves y los arroyuelos cercanos, que toda novela que se precie hoy en día ha de tener un toque ecológico.

    Parecía que la cosa triunfaría, pero por lo pronto, un pequeño aluvión de alegaciones ensombreció el panorama. Además de los habituales partidos políticos y el tocapelotas ese al que le gusta escribir en los foros, ¡resulta que hasta los promotores locales y la Cámara de Comercio se oponían!… el acabóse.

    Un año y medio después, con nuestros protagonistas todavía cada cual en su sitio, parecia que por fin la instancia superior de la Junta otorgaba el visto bueno, tras reducir superficies y hacer comentarios ambientales. Pero aparecen ahora los superhéroes de nuestra historia, unos magentas y unos fecopas, colectivos locales que dejaremos impersonales aun pudiendo ponerles cara, que presentan recurso al tribunal de Burgos. Es verguenza que los otros colectivos locales, los izquierdos y los chamorristas, al haber firmado el famoso convenio, andan sometiéndose a psicoanálisis por la Argentina. Y maravilla de maravilla, tras los boatos de las medievales, del circo y de la magia, se despierta un día la ciudadanía (y por ende nuestros protagonistas iniciales, junto al procurador elegido por el promotor y los infames técnicos municipales, en especial uno dado a la fotografía antigua y los sombreros) con la noticia de la anulación del pifostio compensador, del rabito que ornaría la estampa urbana, del plan golfero (planes por cierto que se habían empezado a tramitar ya).

    ¿Qué hacer? Terrible tesitura. Aquí es donde me hallo ahora mismo, con el famoso bloqueo del escritor, incapaz de encontrar un final adecuado a la historia. Dudo entre dejar a nuestros munícipes, en alianza interesada con el promotor, recurriendo ad perpetuam hasta el tribunal de la Haya, mientras van desarrollando el terreno, comprándole el campo de golf a la Diputación (arruinada con él) y vendiendo el complejo a un grupo Qatarí, o la opción según la cual, el concejal de urbanismo (abandonado por el alcalde, que se ha ido de senador a la capital) se encoge de hombros y le dice al promotor que él cumplió, o en la que se busca algo todavía más alambicado que el convenio inicial para tranquilizar las ínfulas del fracasado promotor y hotelero venido a menos (que andaba pensando que por qué no compró él en su momento oro, que parece que ha subido algo).
    Porque la solución evidente, que es que el Ayuntamiento pague a tocateja los terrenos que tan rumbosamente regaló a la fábrica, no parece posible ante la situación que un colega de nuestro concejal, teniente de alcalde él también, indica: “ni una perra”. Y además, de pagarse los terrenos, a lo mejor algún periodista local (como los que gustan de escribir aquí de cuando en cuando) lo mismo se dedicaba a averiguar por cuánto compró el promotor los terrenos y cuánto recibe a cambio, y eso avergonzar a más de uno.

    Sé que no es un Pulitzer, ni un Goncourt, ni ná de ná. Pero planeo adornarlo con una trama paralela en la que cuatro amigos (en el fondo 5) no todos los cuales se conocen deciden iniciar un blog, donde gusta escribir un polemista algo coñazo. Me falta alguna gota de sexo, que se que es necesario, pero me cuesta dar con la protagonista femenina…

    Se admiten sugerencias y correcciones.

    • Rubén Negro says:

      Ya que daría para una novela y para una serie estupenda (lo digo en serio)

      Como Crematorio y Tanatorio están cogidos, propondría hacer un homenaje a David Simon y llamarlo “Tramá”.

    • ladyaccesibilidad says:

      vale Guillermo, me has convencido, no insisto más, el Twitter no es para ti , lo dejaremos para yogurines y derivados xd

      te auguro un éxito astronómico con la novela 😛 y quedas nominado para Theplumerabulenseof theyear

    • Santiago says:

      😄 Guillermo B.
      Buscamos un nombre para tu “novela” y al día siguiente tienes tu blog para publicarla por capítulos .

      LEA LA NOTICIA AMPLIADA EN LA EDICIÓN IMPRESA

      http://www.diariodeavila.es/noticia/Z928F3C2E-E8F4-4F65-62BD7C3C74C2860D/20130926/ayuntamiento/tendra/dar/satisfaccion/logica/promotores

    • Guillermo B. says:

      Se me ha occurrido un final sorprendente, hollywoodiano y a la par un poco deux ex machina…

      Resulta que los beneficiados primeros de este entuerto, es decir, la Fábrica en cuestión, se dan cuenta de la tesitura en la que han puesto a la ciudad con el haberse ido sin pagar y haber ganado un bello parking camionero. Contactan con nuestro amigo el promotor, y le pagan lo correspondiente a lo que en su día pagó, incrementado eso sí en los intereses necesarios.

      Acto seguido, se van todos a un gran parque ciudadano, el Soto, y se celebra allí una gran fiesta, amenizada por la música de Marazu, con actuaciones varias y con el cierre estelar de una conferencia sobre la historia local (“Las relaciones sexuales de Santa Teresa con Wilfredo el Belloso”) a cargo de un afamado experto venido de Badajoz. Todos beben, ríen son felices.

      Y colorín colorado…

    • Alberto Martín del Pozo says:

      Felicidades Guillermo por el comentario. Bien merecería un post independiente o, a juzgar por lo extenso de la trama, un blog entero, como dice más arriba Santiago.

      Saludos.

    • Groucho says:

      Preguntaba Groucho Marx: “Señorita, ¿se acostaría usted conmigo por un millón de dólares?. “Por supuesto”, respondía ella. “¿Y por un dolar?”, repreguntaba Groucho. “¿Qué se cree usted que soy?”, contestaba la dama ofendida. “Eso ya ha quedado claro, ahora estamos negociando el precio”.

      Pues eso, una vez ha quedado claro, todas putas y negociando el precio.

  6. Pepe Herráez says:

    Que lástima que sea una novela basada en echos reales Guillermo.
    (Por la parte que me toca… Hay alguien ahí?)

  7. vecina says:

    Vaya…
    Pues..
    Hay para varias partes de la novela…

    Me gustaría saber, si toda la vida de Dios,se ha escuchado , que toda la zona del Valle de la Subida a Sonsoles, nunca iba a ser urbana… Por qué algunos…pagaron a particulares.. Cantidades ingentes de pasta..por ..terreno rústico…

    Ahhh!!!! No. Que ya tenían claro que se les iba a reclasificar…
    O cómo fue la historia??!
    Parecido a cómo se hizo la misma operación del Cerro Hervero???

    Por cierto.. Muy descabellado que la ciudad creciese por Fuentebuena.. Cuando, da la casualidad…que ya hay allí muchos chalets volindantes

    • vecina says:

      Perdón…
      Colindantes con la Católica y con las vías.. A quién se le habría ocurrido que allí se pudiese construir… Con las malas vistas y mal acceso que tiene….

      O.. Incluso… Hercesa El Pinar!!!!
      Ohhh!!!!

      Sí. Ampliación lógica y natural de los barrios residenciales de la ciudad….

      En fin. Que si conoceis el resto de historias… Tambié me gustaría conocer…cómo se han “gestionado” las reclasificaciones…..

      Gracias!
      Ya teneis para varios libros.

  8. Guillermo B. says:

    Se ve que nuestro buen Miguel Ángel ha elegido ya el final por mí…

    http://avilared.net/not/6948/_ldquo_si_presentamos_un_recurso_es_para_ganarlo__no_para_perder_el_tiempo_rdquo_/

    Atentos a los spin-off de esta serie, no se pierdan ustedes la venta-cesión de Naturávila, que de haberse aceptado sin más la sentencia nunca hubiera sido posible…

  9. Pingback: Los otros (por Guillermo Buenadicha) | Los 4 palos

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