Frío o calor…

Parece que todo sucede más lento en esta época. No sé muy bien por qué es así. Quizá el exceso de horas de luz diarias nos hace percibir la realidad de otra manera más espesa, más lenta. Puede que sea una sensación que solo tenga yo, ¿por qué no? Casi seguro que, en parte, es culpa de mi poco gusto por el calor, el tumbarse en la piscina a ver pasar las horas y otras actividades similares que gusta, a otra gente, desarrollar en verano. Pero el verano se va acercando a su fin. Si bien es cierto que a nivel temperaturas ya nos ha dado un respiro en los últimos días, creo que todavía han de venir días de mucho calor antes de que el invierno se instale definitivamente en las calles abulenses para quedarse más meses de lo que dice la teoría. ¿Quien sabe… ? Con suerte respeta a los que vengan a disfrutar de Ávila Medieval la semana que viene que, por cierto, se habla de más de 120.000 visitantes para esos días y, sinceramente, me parece demasiada gente…

A lo que venía. Que no soy de calor. No lo llevo bien. Me cuesta ponerme en marcha, me cuesta arrancar por las mañanas y comenzar a ser una persona de provecho, dentro del poco provecho que se me puede sacar a mí como persona. No me apetece andar, no me apetece hacer deporte, no me apetece trabajar… Sí, ya. Ya lo sé. Que trabajar no apetece nunca, ¿no? Os entiendo, pero es diferente, es más desesperante, es más duro y difícil conseguir hacer nada. Se hace todo mucho más cuesta arriba.

Lo que sí debo reconocer es que Ávila, con unos grados de más, es otra ciudad. Parece que nos la cambien durante unos meses y pase a convertirse en otro sitio. Das un paseo por el Grande, por la calle Reyes Católicos, San Segundo y se ve algo que en invierno no tenemos, vida. Se ve gente, se escuchan conversaciones, llantos y risas de niños pequeños que corretean por allí. Parece que todo fuera diferente. Este cambio que sufrimos durante unos meses al año me lleva a pensar muchas veces en la forma de actuar que tenemos y en cómo hacemos las cosas en esta ciudad. Y es que resulta que en agosto es normal ver a media ciudad, turistas aparte, en los bares jarreando cervezas y en invierno todo queda desierto y en penumbra a las siete de la tarde. Que entiendo que anochece antes, y que cambiamos ciertas costumbres de una estación a otra pero quizá sea un poco excesivo el cambio teniendo en cuenta que aquí tenemos más invierno que verano. Quizá sea un poquito radical el cambio de actitud que tenemos respecto a ese cambio de estación.

Y sí, es cierto que en Ávila pasamos, como se suele decir en la calle al foráneo, del verano al invierno y del invierno al verano sin estaciones intermedias. ¿Que en realidad es exagerar un poco? Puede ser… Pero repito, a mí mejor me dais frío. El cuerpo parece que desea activarse para comenzar el día y no parar de quemar energía para mantenerse a tono… Todo en la vida se me hace más llevadero, el mero hecho de vivir es más llevadero. Prefiero tener que ponerme una manga a tener que plantearme seriamente la posibilidad de arrancarme la piel a tiras para poder resistir el calor. La mayoría de la gente que conozco llora durante todo el invierno esperando que llegue el verano, a mí me pasa al revés. El caso es que una vez llegado el verano muchos se quejan del calor que hace por lo que tampoco tengo claro cual de sus quejas es la que vale. Yo me declaro fan del invierno, del invierno de Ávila. Del invierno de frío seco que tenemos en nuestra ciudad. Del invierno con más horas de sol de entre todas las capitales de provincia españolas. Del invierno que he vivido durante toda mi vida y que no cambio por nada que supere los 16 grados. De un invierno que, aunque pare la ciudad y parezca quedar adormilada, le da a Ávila una luz especial. 

En definitiva, yo prefiero frío… ¿Le pasa a alguien más? ¿Soy yo el raro?

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