¿Nos absolverá la Historia?

Acto de contrición: tengo que reconocer ante esta comunidad que mi némesis como licenciado en Historia -”historiador” me queda algo grande- son las preguntas amarillas del Trivial. Sí, las amarillas, las de Historia. La gente espera que, ya que no te ha servido para encontrar un trabajo decente, tu paso por las aulas te convierta al menos en un jugador temible de Trivial, amo y señor de los quesitos amarillos, infalible wikipedia de fechas, nombres, sucesos y anécdotas. Si la pregunta reza “¿En qué año fue la guerra ruso-japonesa por Manchuria?”, tus compañeros esperan que te meses la barba con aire intelectual, te retires la pipa tras exhalar una voluta perfectamente redonda y afirmes seguro: 1917. Sin despeinarte, sin dudar, con toneladas de sex appeal.

Soy malísimo para las fechas, los nombres, los datos concretos y las caras; pero eso no ha evitado que acabase la carrera con cierta holgura. La gente tiene un concepto equivocado de cómo se estudia ahora, o cómo se debería estudiar, la Historia en las Universidades. No, no me sé el nombre de todos los reyes godos; media docena como mucho y tengo que esforzarme para no mandar a Recaredo a hacer recados. No, no recuerdo la fecha de todas las batallas y batallitas de Napoleón, ni puedo recitarte en verso los acontecimientos acaecidos aquel brumario del año VIII (he mirado la fecha concreta en la wikipedia, no os creáis). Y no, no te puedo contar ninguna anécdota graciosa sobre Isabel II, Espartero o su caballo.

Ahora se estudian conceptos, flujos, métodos, etapas, épocas. Los grandes nombres y los grandes hechos siguen ahí, pero no son lo único, ni lo principal. A pesar de esto, es innegable que entre el gran público sigue teniendo más tirón la batalla de las Navas de Tolosa que el apasionante ir y venir de las comunidades de aldea. La gente busca hitos, personajes, fechas concretas en las que centrar su mirada.

Trasladando toda esta divagación veraniega, hija seguramente de alguna insolación, al abrupto terreno de la realidad más próxima: ¿cuáles son los nombres, las fechas y las personas que reflejarán los últimos 30 años de la ciudad? ¿Con qué asociaremos el crecimiento, el euro, la crisis, la burbuja? ¿Que hemos añadido en las últimas décadas a la Muralla, la Catedral, Santa Teresa, Tomás Luis de Victoria o Alonso de Madrigal?

Pensemos en edificios, en obras públicas, en infraestructuras. ¿La obra del Grande y el Palacio de Congresos? ¿La circunvalación? ¿El puente de las sanguijuelas? Quizá en esto la gran aportación de las últimas décadas sea esa ampliación inhóspita de la ciudad hacia todas partes. Con suerte, el edificio del Grande no sobrevivirá a nuestros hijos, pero las formas que ha tomado la ciudad han venido, por desgracia, para quedarse. ¿O se nos recordará por lo que no hemos hecho? El Prado, el AVE… ¿Qué pensarán los que vienen detrás ante, por ponerles un ejemplo de actualidad, lo que está sucediendo con el Convento de las Gordillas?

¿Y nombres? En política, con Adolfo Suárez cubrimos holgadamente el final del S. XX ¿y luego? Aznar pasó por aquí, Zapatero se casó en Sonsoles, Acebes quizá. ¿Y en las letras, las ciencias o las artes? ¿Y en los deportes? ¿Aportaremos nuestro granito de arena a las glorias patrias? ¿Sabremos sacar algo bueno de estos años de oscura crisis y decadencia económica? ¿Hemos dilapidado los talentos que nos dejaron nuestros abuelos o estamos tomando impulso?

¡Abulenses! ¡Abulensas! Ha llegado el momento de que nos pongamos en marcha. ¡Alzad vuestras miradas al horizonte! ¡Contemplad el camino recorrido y el que nos queda por recorrer! ¡Mirad los peajes que nos quedan por pagar y lo lejos que queda todo! ¡Pintad, cread, escribid, corred, jugad al fútbol en el Madrid, trepad en partidos políticos, cantad, descubrid algo, acostaos con algún torero, matad a algún dirigente de la oposición cubana! Vuestra tierra necesita vuestros logros, vuestras proezas, para seguir mirando orgullosa todas las etapas de su pasado. ¡Llevad nuestro escudo a los confines de la tierra! ¡Hay cientos de calles a las que poner nombres y miles de rotondas esperan yermas y anhelantes poder exhibir vuestras estatuas!

Y si os veis incapaces de hacer algo por lo que se os recuerde, al menos tened hijos para que ellos lo intenten.

Banda Sonora: Pablo Moro – El último día

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