Diario de un ateo en Ávila de los leales.

Aprovechando que estamos ya en agosto (o casi) y la mayoría de ustedes están camino de la tumbona, dos anécdotas personales al precio de una. Empezaré con una que tiene a mi pareja como protagonista para respetar así el orden de prelación de mis deudores.

La segunda vez que vino a visitar nuestra bella patria chica -mi cuadrilla es mucho de raptar sabinas- fue aprovechando un día del trabajador, celebración que, como todos sabemos, sorprendentemente no tiene nada que ver con la fecha en que Rajoy se sacó su plaza de registrador de la propiedad y que, en nuestra ciudad, precede a la festividad de San Segundo, patrón de las Ávilas. Aquel dos de mayo, como ritual iniciático de abulensización, subimos andando hasta Sonsoles, saludamos al cocodrilo, bebimos del manantial y después nos acercamos hasta la ermita de San Segundo a rendir tributo al santo y a meter, en el orificio señalado, el pañuelo requerido. Y no un pañuelo cualquiera, ojo. Nada de pañuelos de papel, productos manufacturados en el sureste asiático, ni cachos de tela blancos reaprovechados. Un pañuelo como San Segundo manda: a estrenar, blanco, brillante y bordado; que yo le había obligado a comprar. Sí, como ustedes han leído. Yo obligué a mi novia a subir a Sonsoles, a bajar a San Segundo y a comprarse un pañuelo para cumplir un ritual iniciático mágico-esotérico. Todo era tan extraño que una avispa, seguramente enviada por una divinidad vengativa o mareada ante el tumulto, atacó a mi novia cuando hacía cola junto a las arquivoltas medievales de la ermita. Por fortuna aquello no fue a más, el pañuelo salió del agujero tan blanco como entró y las almendras garrapiñadas aliviaron el dolor de la mordedura.

La segunda anécdota tiene como actor secundario al que esto escribe y como actor principal a otro de los integrantes del blog, al que mantendremos en el anonimato para que su familia y ustedes le sigan queriendo. Semana Santa, jueves o viernes, primeras horas de la noche, garito no muy lejano al centro de la ciudad. En el camino, nos habíamos cruzado varias veces con la correspondiente procesión y, respetuosos, habíamos callejeado para esquivarla. Al entrar en el local y solicitar en la barra una consumición -no concreto más porque no recuerdo el color de la misma- nuestro héroe, campechano como un Borbón, pensando encontrarse en terreno amigo, se queja ante el camarero del protagonismo desmesurado de los católicos en esas fechas y de las vueltas que habíamos tenido que dar por el centro para no cruzar herejemente la procesión. El camarero se mantuvo en silencio, terminó de servirnos nuestras bebidas y muy serio dijo: “Yo salí el martes. Soy del Cristo de Medinaceli”.

Ávila es, creo que nadie podrá negarlo, una ciudad religiosa y, concretamente, católica. Sería más correcto quizá hablar de los abulenses, o de una mayoría de los abulenses, para no dar con esta afirmación religión oficial a las piedras de la muralla y que nadie se sienta herido o atacado, pero ustedes me comprenden. Una ciudad movida por un calendario sagrado, donde la gente consulta con devoción las esquelas a las puertas de las iglesias, donde los reclamos para acudir a misa levantan los domingos a los perezosos, donde la religión tiene protagonismo y espacio reservado en la prensa local, en la educación y, con cierta frecuencia, en el boletín provincial. Una ciudad, en definitiva. donde una opinión contra la iglesia o alguno de sus representantes es noticia, porque la religión mayoritaria es parte de su identidad, de su cultura y de su forma de vida. En nuestra ciudad se “vive la fe”, pero también se desacralizan sus manifestaciones y se convierte en parte del folclore. Se buscan declaraciones de interés turístico para actos pensados para el recogimiento y se diseñan centenarios religiosos pensando en el impacto turístico. Muchas de las tradiciones y de los actos religiosos han dejado de tener un sentido cultual o sagrado, pasando a ser tan solo representaciones culturales o folclóricas, tradiciones añejas o eventos turísticos que no tienen por qué tener un significado sagrado para aquellos que son participes de ellas. ¡Si Prisciliano levantase la cabeza!

El asunto de las religiones y las creencias es tan delicado que sin quererlo, en un descuido, mi instinto de supervivencia, normalmente aletargado, ha escrito la aclaración contenida en las primeras frases del párrafo precedente. Aclaración que no había visto necesaria cuando califiqué a la ciudad, en semanas precedentes, de conservadora -aunque en la ciudad haya ciudadanos que no puedan ser etiquetados así- o cuando les conté el ahogo que me provoca la espesura, cerrazón y verticalidad de su tejido social. Si se afirma que Ávila es conservadora nadie se escandaliza. Es así, para bien o para mal, a unos les gustará y a otros no. Lo mismo si se habla de la verticalidad de la sociedad abulense, de su espesura, de su escasa movilidad, de la endogamia del estrato superior. Es lo que ahí. Es, ha sido y, probablemente, será.

Mi problema es que sobre estas cosas, tengo que reconocerlo, poco puedo hacer, más allá de dejar de respirar, combinar mal la ropa al salir a la calle para espantar a las señoras de pelo cardado, o echar la lotería con la esperanza de ser rico y destruir las bases económicas del patriarcado local a base de competencia, liberalismo y mala baba, mientras acaricio maliciosamente una cobaya. Lo de actuar localmente me cansa una barbaridad, pues no me veo yendo de abulense en abulense, como un misionero mormón, intentando convencerles de las ventajas de cambiar estos rasgos de nuestra personalidad colectiva.

Pero criticar el papel de la religión, en el caso local la católica, o de sus representantes, su posición o acciones, es harina de otro costal. Un tema que levanta ampollas, aunque vayamos untados y “reuntados” con 12 capas de vaselina para evitar las rozadoras. El solo hecho de que para escribir este post esté midiendo más mis palabras que en los anteriores explica en buena medida cómo es la ciudad en este aspecto -aunque el país en general es así, incluyendo su código penal. Las pocas veces que en este blog se ha tocado el tema de la religión o la religiosidad, desde aquella vez que afirmé que San Segundo no existió hasta el más reciente episodio relacionado con el trágico accidente de autobús vivido hace pocas semanas en nuestra provincia, se ha levantado polémica.

Y creo, sinceramente, que la razón principal es que durante mucho tiempo la religión no se ha enfrentado a un, permítanme la expresión, “enemigo organizado”. Es algo parecido a lo que ocurre con la monarquía. Los republicanos en España eran cuatro y mal avenidos, casi una anécdota, hasta que la crisis, los líos de faldas del Rey, sus tropezones y los de sus yernos, han avivado la polémica y puesto el foco sobre la jefatura de Estado. De igual modo, en la actualidad existe, aunque a veces sea difícil de creer, una sociedad cada vez más descreída, más formada y más informada, que también duda de la posición y los privilegios con los que ha contado y cuenta una organización religiosa. Ahora existe, digámoslo así, un ateísmo militante, un proselitismo laicista dispuesto a poner en duda el papel de las religiones en la vida diaria, y eso, por falta de costumbre, incomoda.

Aunque al laicismo y a la aconfesionalidad del Estado les ha salido un defensor inesperado en las últimas horas, creo que las repercusiones de esas afirmaciones tardarán en llegar a nuestra ciudad ¿Se imaginan ustedes una marcha atea por el centro de Ávila? ¿O que yo y cuatro colegas -tampoco creo que pudiese reunir a más inconscientes- nos plantásemos en el Grande a recoger firmas para retirar la talla del crucificado que preside los plenos del Ayuntamiento de Ávila? ¿O que unos padres desalmados con ganas de meterse en líos propusiesen retirar el crucifijo de los colegios públicos a los que acuden sus hijos? ¿Se imaginan al Ayuntamiento colaborando en la organización un “día del orgullo ateo”? Difícil ¿verdad?

Que la tetera de Russell les sea propicia. 

6 Responses to Diario de un ateo en Ávila de los leales.

  1. Alberto Martín del Pozo says:

    He puesto junto al ordenador una botella de licor de almendras portugués. Es lo peor que he probado en mi vida. Cada vez que alguien mencione a Mahoma en los comentarios, grite enloquecido que del Islam no digo nada o similar, me tomaré un chupito como penitencia.

  2. Guillermo B. says:

    Si la tetera de don Bertrand se esferiza por su propia gravedad y atrapa todo lo que en su órbita gira, se convertiría por derecho propio en el noveno planeta que perdimos en su momento, al margen de que se elucubre sin posibilidad de desmentido si lleva dentro Early Grey o las 50 sombras de Grey…
    En aras de fomentar tu alcoholismo, sí, Ávila es una ciudad religiosa, y concretamente católica, por las mismas por las que Riad también lo es, y fundamentalmente musulmana, Utah mormona u Okinawa sintoísta. Es tautología, creo. Así que date locamente al licorcillo de almendras, en vaso helado, a ser posible.
    Cierto es, te doy la razón, en que al catolicismo no se le ha opuesto un frente contrario, pero es que no tiene mucho sentido. Uno es del Madrid o del Barsa o del Athletic, y como tal existen puntos de fricción y partidos estelares de alta rivalidad. Pero uno no es antiblaugrana, o antimerengue, así, como filiación futbolera. Por las mismas, no existe un frente anticatólico, o de haberlo, no hace si no reforzar el hecho confrontado. Una cosa es la fe, para la que veo fuera de lugar, de educación y de señorío formar un frente contrario, y otra la imbricación de una estructura religiosa en lo civil, para lo que claro que se puede comentar, protestar o pedir retiradas de lo que sea.
    Como veo que con un chupito no tienes suficiente, abro otra analogía al uso, que es por qué estructuras supuestamente orientadas a defender derechos de colectivos como son los sindicatos adquieren protagonismo tal que llegan a ostentar cargos en consejos de administración. Supongo que entenderás que la crítica hacia esa prostitución de su esencia original no es posición contraria al sindicalismo.
    Y como quiera que ya habeis subido a Sonsoles, metido el pañuelo y supongo que hecho las presentaciones pertinentes a familia y conocidos, sólo me queda recomendarte que abandones el proselitismo militante ateista por unos meses y te decidas a repoblar España, que es lo que realmente se necesita estructuralmente, al margen de zarandajas sobre si la Esperanza de Triana o el Cachorro, o si la de la barba era San Antón o la Pantoja.
    Para rematar la faena, y dejarte borracho perdido, indícame por qué las ONG’s han de convertirse en receptoras de cientos de millones de euros del gobierno al que en su nombre indican no
    Dile a tu amigo el antiprocesión que contaba don José Belmonte que durante la república, fueron ciudadanos abulenses a solicitar permiso al gobernador civil (no Mazzantini, el que llego al cargo degenerando) para sacar en procesión a la virgen de las Vacas. Al indicar el mandamás que sería peligroso por pasar la procesión delante de la Casa del Pueblo Socialista y el riesgo de disturbios, fue respondido: “¡Pero si los socialistas somos nosotros, Excelencia!”

    • Guillermo B. says:

      Por cierto… Si la tetera de Russell tuviera te caliente, su hipótesis se vendría abajo, ya que sería objeto detectable en infrarrojo por los observatorios de hoy en día… Incluso lo será en óptico en breve, si no lo es ya en esa órbita por la NSA. Así es que quizás hemos de replantearnos asunciones filosóficas existentes…

    • Macanaz says:

      Yo creo que Avila es una ciudad muy católica al estilo del catolicismo español, es decir muy poco cristiano.

      • Guillermo B. says:

        Qué tendrá que ver el catolicismo con el cristianismo, digo yo… No mezclemos churras y merinas, que el catolicismo es una evolución de 2000 años aprovechando toda sinergia con el poder y elaborando toda una construcción filosófica (tetera incluida) sobre unos cuantos relatos de la vida de una persona. Mérito no falta: si miramos bien pocas estructuras han soportado el paso del tiempo como él…

  3. Mejor nos iría a todos no solo a Ávila si no a todo el mundo si dejaramos un poco más de lado las religiones e hicieramos más caso al sentido común y a la razón. Muchos de los problemas que se originan en el mundo tienen como origen fundamentalismos religiosos. se podría decir que es porque esa gente no entiende realmente bien la religión que procesan pero en realidad es que muchas religiones y sobre todo los que se sirven de ellas para obtener poder confunden a sus seguidores más que guiarlos por el buen camino.

    Muchas gracias por el articulo. me ha gustado mucho

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