Diario de un ateo en Ávila de los leales.

Aprovechando que estamos ya en agosto (o casi) y la mayoría de ustedes están camino de la tumbona, dos anécdotas personales al precio de una. Empezaré con una que tiene a mi pareja como protagonista para respetar así el orden de prelación de mis deudores.

La segunda vez que vino a visitar nuestra bella patria chica -mi cuadrilla es mucho de raptar sabinas- fue aprovechando un día del trabajador, celebración que, como todos sabemos, sorprendentemente no tiene nada que ver con la fecha en que Rajoy se sacó su plaza de registrador de la propiedad y que, en nuestra ciudad, precede a la festividad de San Segundo, patrón de las Ávilas. Aquel dos de mayo, como ritual iniciático de abulensización, subimos andando hasta Sonsoles, saludamos al cocodrilo, bebimos del manantial y después nos acercamos hasta la ermita de San Segundo a rendir tributo al santo y a meter, en el orificio señalado, el pañuelo requerido. Y no un pañuelo cualquiera, ojo. Nada de pañuelos de papel, productos manufacturados en el sureste asiático, ni cachos de tela blancos reaprovechados. Un pañuelo como San Segundo manda: a estrenar, blanco, brillante y bordado; que yo le había obligado a comprar. Sí, como ustedes han leído. Yo obligué a mi novia a subir a Sonsoles, a bajar a San Segundo y a comprarse un pañuelo para cumplir un ritual iniciático mágico-esotérico. Todo era tan extraño que una avispa, seguramente enviada por una divinidad vengativa o mareada ante el tumulto, atacó a mi novia cuando hacía cola junto a las arquivoltas medievales de la ermita. Por fortuna aquello no fue a más, el pañuelo salió del agujero tan blanco como entró y las almendras garrapiñadas aliviaron el dolor de la mordedura.

La segunda anécdota tiene como actor secundario al que esto escribe y como actor principal a otro de los integrantes del blog, al que mantendremos en el anonimato para que su familia y ustedes le sigan queriendo. Semana Santa, jueves o viernes, primeras horas de la noche, garito no muy lejano al centro de la ciudad. En el camino, nos habíamos cruzado varias veces con la correspondiente procesión y, respetuosos, habíamos callejeado para esquivarla. Al entrar en el local y solicitar en la barra una consumición -no concreto más porque no recuerdo el color de la misma- nuestro héroe, campechano como un Borbón, pensando encontrarse en terreno amigo, se queja ante el camarero del protagonismo desmesurado de los católicos en esas fechas y de las vueltas que habíamos tenido que dar por el centro para no cruzar herejemente la procesión. El camarero se mantuvo en silencio, terminó de servirnos nuestras bebidas y muy serio dijo: “Yo salí el martes. Soy del Cristo de Medinaceli”.

Ávila es, creo que nadie podrá negarlo, una ciudad religiosa y, concretamente, católica. Sería más correcto quizá hablar de los abulenses, o de una mayoría de los abulenses, para no dar con esta afirmación religión oficial a las piedras de la muralla y que nadie se sienta herido o atacado, pero ustedes me comprenden. Una ciudad movida por un calendario sagrado, donde la gente consulta con devoción las esquelas a las puertas de las iglesias, donde los reclamos para acudir a misa levantan los domingos a los perezosos, donde la religión tiene protagonismo y espacio reservado en la prensa local, en la educación y, con cierta frecuencia, en el boletín provincial. Una ciudad, en definitiva. donde una opinión contra la iglesia o alguno de sus representantes es noticia, porque la religión mayoritaria es parte de su identidad, de su cultura y de su forma de vida. En nuestra ciudad se “vive la fe”, pero también se desacralizan sus manifestaciones y se convierte en parte del folclore. Se buscan declaraciones de interés turístico para actos pensados para el recogimiento y se diseñan centenarios religiosos pensando en el impacto turístico. Muchas de las tradiciones y de los actos religiosos han dejado de tener un sentido cultual o sagrado, pasando a ser tan solo representaciones culturales o folclóricas, tradiciones añejas o eventos turísticos que no tienen por qué tener un significado sagrado para aquellos que son participes de ellas. ¡Si Prisciliano levantase la cabeza!

El asunto de las religiones y las creencias es tan delicado que sin quererlo, en un descuido, mi instinto de supervivencia, normalmente aletargado, ha escrito la aclaración contenida en las primeras frases del párrafo precedente. Aclaración que no había visto necesaria cuando califiqué a la ciudad, en semanas precedentes, de conservadora -aunque en la ciudad haya ciudadanos que no puedan ser etiquetados así- o cuando les conté el ahogo que me provoca la espesura, cerrazón y verticalidad de su tejido social. Si se afirma que Ávila es conservadora nadie se escandaliza. Es así, para bien o para mal, a unos les gustará y a otros no. Lo mismo si se habla de la verticalidad de la sociedad abulense, de su espesura, de su escasa movilidad, de la endogamia del estrato superior. Es lo que ahí. Es, ha sido y, probablemente, será.

Mi problema es que sobre estas cosas, tengo que reconocerlo, poco puedo hacer, más allá de dejar de respirar, combinar mal la ropa al salir a la calle para espantar a las señoras de pelo cardado, o echar la lotería con la esperanza de ser rico y destruir las bases económicas del patriarcado local a base de competencia, liberalismo y mala baba, mientras acaricio maliciosamente una cobaya. Lo de actuar localmente me cansa una barbaridad, pues no me veo yendo de abulense en abulense, como un misionero mormón, intentando convencerles de las ventajas de cambiar estos rasgos de nuestra personalidad colectiva.

Pero criticar el papel de la religión, en el caso local la católica, o de sus representantes, su posición o acciones, es harina de otro costal. Un tema que levanta ampollas, aunque vayamos untados y “reuntados” con 12 capas de vaselina para evitar las rozadoras. El solo hecho de que para escribir este post esté midiendo más mis palabras que en los anteriores explica en buena medida cómo es la ciudad en este aspecto -aunque el país en general es así, incluyendo su código penal. Las pocas veces que en este blog se ha tocado el tema de la religión o la religiosidad, desde aquella vez que afirmé que San Segundo no existió hasta el más reciente episodio relacionado con el trágico accidente de autobús vivido hace pocas semanas en nuestra provincia, se ha levantado polémica.

Y creo, sinceramente, que la razón principal es que durante mucho tiempo la religión no se ha enfrentado a un, permítanme la expresión, “enemigo organizado”. Es algo parecido a lo que ocurre con la monarquía. Los republicanos en España eran cuatro y mal avenidos, casi una anécdota, hasta que la crisis, los líos de faldas del Rey, sus tropezones y los de sus yernos, han avivado la polémica y puesto el foco sobre la jefatura de Estado. De igual modo, en la actualidad existe, aunque a veces sea difícil de creer, una sociedad cada vez más descreída, más formada y más informada, que también duda de la posición y los privilegios con los que ha contado y cuenta una organización religiosa. Ahora existe, digámoslo así, un ateísmo militante, un proselitismo laicista dispuesto a poner en duda el papel de las religiones en la vida diaria, y eso, por falta de costumbre, incomoda.

Aunque al laicismo y a la aconfesionalidad del Estado les ha salido un defensor inesperado en las últimas horas, creo que las repercusiones de esas afirmaciones tardarán en llegar a nuestra ciudad ¿Se imaginan ustedes una marcha atea por el centro de Ávila? ¿O que yo y cuatro colegas -tampoco creo que pudiese reunir a más inconscientes- nos plantásemos en el Grande a recoger firmas para retirar la talla del crucificado que preside los plenos del Ayuntamiento de Ávila? ¿O que unos padres desalmados con ganas de meterse en líos propusiesen retirar el crucifijo de los colegios públicos a los que acuden sus hijos? ¿Se imaginan al Ayuntamiento colaborando en la organización un “día del orgullo ateo”? Difícil ¿verdad?

Que la tetera de Russell les sea propicia. 

Por consiguiente, Anatolio presidente

Me pasaban el otro día un enlace que me acabaría encantando: “Leete la entrevista al cerebrito que ha sacado un 10 en Selectividad en Madrid” , me aconsejaban por la red del pajarito. Me decidí a seguir el consejo y pinchar el enlace porque el muchacho se llamaba Anatolio, como Karpov. Nombre total para que el empollón tuviera mi afecto ya desde el inicio.

Titular: “España es así: forrarse rápido, pan para hoy y hambre para mañana”

Sapientin

Sapientin

El titular era bueno y el shock viene ya de inicio. Ya saben… cuando pensamos en un empollón lo que nos viene a la mente es precisamente un cerebrito como el que dibujaba Escobar (aquí adjunto a su izquierda), un Sheldon Cooper o, en definitiva, un muchacho con pinta de recibir collejas por doquier. Y si pinchan arriba verán que Anatolio tiene ojos inquietos, sonrisa plena y hasta ¡un pendiente!

Lo de los empollones ya no es lo que era. O será que los clichés a veces son más ridículos que el propio ridículo que proponen como imagen.

En fin, que les hablaba de Anatolio. En la entrevista dice cosas interesantísimas. Ya he dicho otras veces que esta generación a la que le cierran las puertas acabará derribándolas de una forma u otra. Desde el talento – y el trabajo – el estudiante 9´95  deja perlas a rescatar como…

– “La historia también se estudia mal. Mucha cantidad, pero no se interioriza. La tenemos que absorber y luego vomitarla, y punto. A veces, en el colegio, más que enseñar se vacuna contra el conocimiento”

“El videojuego es un nuevo horizonte, con posibilidades que no ofrece el cine. El videojuego es un arte.”

Y encima es de esos que no quieren irse. Vaya, que piensa que en España todavía puede haber opción de no tener que rendirse de antemano…

“Pues yo querría vivir en España. Me gusta salir a la calle a las doce de la noche y ver gente. Tú sales a las doce de la noche en Francia y no hay nadie. En Inglaterra, igual. De todas formas, si me voy me gustaría que fuera una decisión mía, no una coacción de las circunstancias históricas y económicas que hay en este país.”

¡Y defiende la política! (que no es lo mismo que los malos políticos)

“Creo que hay que revitalizar el gusto por la política. Hoy se identifica la política con el mero jugueteo de unos tíos que encima ahora vemos que son unos corruptos y no tienen ni la dignidad de reconocerlo. Yo, si fuese Rajoy, no tendría la conciencia tranquila”

No cito más que para algo se ha currado “El País” la entrevista. Yo lo que espero es que esa frase de que “España es forrarse rápido” algún día deje de ser nuestro “Spain is different”, nuestro hecho diferencial. Es como lo de “es que en Andalucia es normal que haya tanto paro”. Pues no veo yo que tenga que ser tan normal o que haya cosas que no se puedan cambiar.

Pinchen arriba y lean. Una dosis de dedo en la llaga, de llamar a las cosas por su nombre. Tal vez sea eso lo que haga la generación taponada: decir que el rey está desnudo, que las cosas son como son y no como las neo-nombran.

Si se han quedado con ganas de más, le han hecho más entrevistas y hasta un encuentro digital. Con tanto tertuliano y todólogo, escuchar la frescura de Anatolio ha sido para mí una de los mejores hallazgos – y esperanzas – del verano.

Rollo raro en la naturaleza

Día fresquito, como puede pasar en cualquier momento en Gredos por mucho que nos encontremos a finales del mes de julio. La nubes habían amenazado desde primera hora de la mañana pero terminaron por respetar el evento, cosa que no se puede decir de la temperatura. Apenas 10 grados a las 6 de la tarde que el sol disimulaba pero que a medida que se escondía hacía que las chaquetas y las cazadoras aparecieran para, poco a poco, quedarse entre todos los asistentes. Aquellos que no fueron previsores pasaron frío y él, el frío, fue el principal responsable de que mucha gente abandonara el recinto antes de que el concierto de los britáticos Deep Purple finalizasen su actuación.

Descontrol en la sala de prensa. Muchos medios, como siempre, acreditados pero, allí donde otros años había tres personas este año había una que no conseguía atender a todos los que se acercaban por allí. Tenía que gestionar las acreditaciones, la entrada y salida de fotógrafos al foso al comienzo de cada actuación, dar los datos oficiales de asistentes a los redactores… Y eso le superó. Ninguna compañía de telefonía ofrecía un mínimo decente de cobertura 3G a excepción de Orange y la organización no ofrecía conexión WIFI ni siquiera a la prensa, incluso cuando Movistar era una de las empresas que patrocinaban el evento y las quejas no son de este año sino de años anteriores en los que los problemas ya se venían presentando. La costumbre de los gráficos y redactores en este tipo de desaguisados no era otra cosa que frustración tras haberse visto ya varias veces en semejante entuerto que viene siendo habitual y no deja de ser un escollo fácil de salvar pero que imagino que el año que viene seguirá igual de mal si no peor…

Vamos a la música. A las 9 de la noche, con puntualidad británica, sube al escenario Bebe. Sonriente y buenrollera, suple con aparente simpatía sus carencias musicales. El pegote en la noche pasa al principio y el gesto que salva su actuación es aquel en el que dedica una canción a los que “se han ido de forma repentina durante la semana en las vías del tren”. Casi todas las canciones que canta pertenecen a su último disco y sus 50 minutos de concierto pasan sin mucho más que comentar. Dudo que nadie se acercase hasta Hoyos del Espino a verla a ella y me quedo con el comentario entusiasmado de un grupo de amigos que entraba al recinto cuando ella se despedía, “lo hemos hecho de puta madre, acaba de terminar Bebe”. Pues eso.

Turno de Loquillo. Aparece en el escenario con su riguroso negro en la vestimenta y comienza a vomitar uno tras otro, cubiertos de la arrogancia que le caracteriza, sus temas a los que la gente apenas responde. Arranca con Rock and Roll actitud y toca del tirón siete canciones antes de tener la decencia de dedicarle al público un simple “buenas noches”. Lo hace justo después de cantar “El hombre de negro” y continúa su actuación sin decir mucho más. La primera gran ovación de su concierto fue para su guitarrista cuando ya llevaban 5 canciones sobre el escenario y las ovaciones para Loquillo vendrían de la mano de sus grandes clásicos El Rompeolas, Carne para Linda, La Mataré o El Cadillac Solitario, canción con la que cerró la actuación. Además de en la despedida para desearle “larga vida al Rock and Roll”, Loquillo se dirigió a la gente una vez más, tres en total. Lo hizo en el último tercio del concierto para decir “Es muy triste cantar esta canción solo así que voy a pedir la ayuda de Bebe para hacerlo, el Ritmo de Garaje”. Y ahí salió de nuevo la pobrecita a defender un tema que originalmente cantaba Alaska con el de Barcelona y que no pudo haber afinado de peor forma que lo que hizo. Un atentado en toda regla. Seguro que la opinión de Loquillo cambió y pensó que la próxima vez, mejor solo que mal acompañado. Un desastre.

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Y con puntualidad española, comenzaron a las 00.20 horas y estaban previstos para las 11 de la noche, salieron los británicos Deep Purple. Pidieron las disculpas oportunas por el retraso, que achacaron a problemas técnicos, y se plantaron encima del escenario. Esta banda de entrañables abuelitos no sonó nada mal. Llevan años haciendo lo mismo y lo hacen muy bien pero “lo mismo” es solo para amantes de la banda y se trata de canciones con largos punteos de guitarra y solos de piano y hammond que, si bien es cierto, hicieron las delicias de muchos de los asistenetes, no todo el público estaba contento con la actuación. Algunos alegaban demasiados temas de su nuevo disco y pocos “clásicos” del grupo. En realidad los temas nuevos no pasaron de 4 pero las fuerzas de la gente tras más de 4 horas en aquel recinto y el frío habían hecho ya el suficiente daño como para disfrutar al cien por cien de los cabeza de cartel. Aún así no faltaron Smoke on The Water, Lazy o Black Nigth, canciones que la gente coreó sin contemplaciones.

Al final más de 8.500 entradas vendidas y, en realidad, un rato agradable de música al aire libre. A la salida un poco de todo. Gente encantada por haber visto a sus ídolos de hace más de 30 años, otros decepcionados pensando que no habían dado todo lo que podían y otros simplemente con tal borrachera que el resto de lo ocurrido les daba igual.

Otro día de música en Hoyos del Espino como se viene haciendo desde hace ocho años y que esperamos que se repita el año que viene. Por cierto, si vuelve a patrocinar Movistar les obligáis a tener buena red en la zona y si no lo hacen, al menos, que regalen unos abrigos a los asistentes, muchos lo agradecerán.

Manifiesto por la apertura del Museo del Prado en Ávila (por Pedro Tomé)

Nueva colaboración en nuestras páginas y nuevo agradecimiento de todos los que hacemos este blog. Nos alegra saber que cada día somos más. La aportación de hoy es de Pedro Tomé, conocido antropólogo abulense. Si como él quieres enviarnos tu texto ya sabes que aquí explicamos cómo puedes hacerlo.

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Un manifiesto en defensa de la apertura de la subsede del Museo del Prado en Ávila

Tedio. Esa es la sensación que las más de las veces provoca la lectura del llamado Boletín Oficial del Estado. Mas, como recoge disposiciones que condicionan nuestra vida, conviene tenerlo presente. Aunque sea como pesadilla recurrente. Y, sin embargo, de cuando en vez, quiere darnos una alegría aunque se limite a la intención.

El 30 de diciembre de 1998, mientras buscábamos uvas para la Nochevieja, la entonces Ministra de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre y Gil de Biedma y la Consejera de Educación y Cultura, Josefa Eugenia Fernández Arufe, se reunieron para modificar un convenio que se había firmado 1992, cuando Blanca Fernández Ochoa ganaba una medalla esquiando y los sevillanos veían como un incendio afectaba al Pabellón de los Descubrimientos de una Expo que meses después se inauguraría. Resulta que ese convenio, que a la sazón modificaba otro anterior de 1986, venía a decir que esto de las transferencias de cultura se hizo deprisa y corriendo o en lenguaje boletinesco “de un modo simplificado que condujo a diversos errores” y que hora iba siendo de hacer algo con el Palacio de los Águila. Pues, aunque incluido dentro de los edificios del Museo de Ávila, seguía el BOE, “el uso que ha venido teniendo el Palacio no ha sido el más adecuado con el fin del legado.”  Así es que Aguirre y Fernández Arufe, prestas a dar utilidad al edificio, acordaron que dejara de estar adscrito al Museo de Ávila y pasase a ser espacio del Museo Nacional del Prado.  Casi un mes después, el convenio se hizo público en el BOE y entró en vigor.

Han pasado desde entonces nada menos que catorce años. A veces no lo parece porque algunos de los protagonistas son los mismos que, cada pocos años, reiteran afirmaciones parecidas. Que si mañana. Y si no se puede, pasado. Que si tú, que si yo. En fin. Lo conocido.

Pero, entre declaraciones de unos y otros y promesas incumplidas por unos y por otros, lo que parecía que iba a ser el Centro de Gestión de Depósitos del Museo del Prado, sigue siendo una obra cuya grúa no se mueve. A diferencia, no obstante, de otras promesas, aquí hubo aprobación oficial. Como hubo dinero consignado. Y también gastado. Esperemos que no malgastado. Comenzaron las obras y luego que picaron, descubrieron el subsuelo. Y a parar. Y la empresa que no me llega. Y la administración, que no te doy. Y así, cayó una empresa y luego otra. Cayó una fecha prometida, 2005, y luego otra, 2008. Y hasta una tercera: 2012. Y mientras tanto, los que callaban cuando había que había que hablar, denotando insuperable abulia, las mismas palabras repetían a destiempo. Pero, tranquilos todos, que nadie es culpable de nada. Y en esas andamos cuando hace unas semanas, finaba mayo, el Patronato del Museo del Prado dice que, como parte de su estrategia financiera, preciso será “replantear las actuaciones relacionadas con la creación del Centro de Gestión de Depósitos en Ávila.”

Así, inopinadamente, como las obras mismas, las inversiones realizadas y las promesas a ellas ancladas, se vieron suspendidas. Y, como si fuera el cántaro de la lechera, los beneficios tantas veces cantados para el Prado y para Ávila, parecieron convertirse en la leche derramada por el suelo. Y aunque era de esperar que se oyeran lamentos, sólo se escuchó el silencio de la resignación. Y como nada se movió, un grupo de amigos, que mascullaba el “ya está bien”, decidió conjugarlo con el tantas veces dicho “habría que hacer algo”. Y,  para que no quedara en deseo, llamaron a otros pocos. Y estos, a algunos más. Y de estos, alguno al que aquí firma. Y los unos y los otros se dijeron que el ámbito de actuación de los partidos políticos es el que es, y que aquí hay que moverse por otros caminos. El qué hacemos -que si plataforma de muchos, no porque rápido te piden cuotas de representación que paralizan; que si asociación, no porque entonces tiene que haber una junta directiva y todas esas cosas que pide la ley y lo que se pretende es que participen cuantas más personas, mejor- se tradujo en un veamos cuánta gente en Ávila cree que nos estamos dejando escapar una oportunidad. Sepamos cuántos no estamos dispuestos a que la incuria de pocos la paguemos muchos. Y vuelta y vuelta, parimos un Manifiesto en el que simplemente, que no es poco, se solicita que “a la mayor brevedad, el tantas veces prometido como aparentemente olvidado Centro de Gestión de Depósitos del Museo Nacional del Prado, se instale en el Palacio de los Águila, incluyéndose los talleres de restauración y las salas de exposición abiertas al público.” Y esta petición se justifica sobradamente como puede leerlo quien así lo desee accediendo a: https://www.facebook.com/prado.enavila/info

Nuestra idea es, concluido el mes de septiembre, presentarnos, en primera instancia, ante el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, con el apoyo recabado y demandar que en los próximos presupuestos generales del Estado, haya una partida específica para la continuación de las obras. En segunda instancia, acudiremos al Real Patronato del Museo Nacional del Prado para, con el mismo apoyo, proponerle que el replanteamiento apuntado sea retirado. Y si las demandas son satisfechas, ahí queda eso. Todos contentos y cada mochuelo a su olivo. Pero, si no es así, de solicitar pasaremos a reconvenir. Y en lugar de despertar a los representantes dormidos les pediremos directas responsabilidades. Claro que para todo ello, hace falta demostrar que es interés de muchos.  

Pedro Tomé.

Un referente musical

Se ha convertido en un referente y eso es innegable. Hablo del concierto que todos los años se celebra por estas fechas en Gredos bajo el nombre “Músicos en la Naturaleza” y que mañana sábado volverá a celebrarse en su edición de 2013, la octava ya desde que Sting se subiese por primera vez al escenario de la finca de Mesegosillo.

Tras él han sido muchos y muy buenos los que han pasado por Hoyos del Espino. Pet Shop Boys, Amaral, Bob Dylan, Mark Knofler, Sabina, Calamaro, Miguel Ríos con una cantidad ingente de amigos. Carteles sin igual en la provincia de Ávila que año tras año reúnen a personas de todas las partes imaginables de nuestro país. Y más cuando los conciertos son exclusivos. El año pasado abrían gira europea The Beach Boys con su único concierto en España y este año son Deep Purple, como cabeza de cartel, los que actúen en exclusiva con su único concierto en nuestra geografía.

Los 4 Palos Músicos en la Naturaleza

Deep Purple que, a lo largo de los años, ha variado su formación en muchas ocasiones con la entrada y salida de músicos y cantantes pero que siempre han conservado la esencia de aquel grupo de los años setenta que hacía vibrar a su público con temas como Smoke on the water o Strange Kind of Woman, una de mis preferidas de la banda.

En esta edición cuentan para su concierto con un telonero de lujo. Loquillo se subirá al escenario justo antes de la mítica banda británica. Un referente del rock nacional que lleva saltando de escenario en escenario desde 1978.

Contaba yo con apenas 12 años cuando aporreaba mi guitarra por primera vez. Me remito a esos años porque cambiar cuatro acordes en una guitarra española para balbucear “Clavelitos” estaba bien pero fueron las canciones del Loco, más adelante, y sobre todo las de su famosísimo disco en directo “A por ellos que son pocos y cobardes”, las que terminaron de meterme en el cuerpo el gusto por el instrumento de las seis cuerdas y, sobre todo, por aquella música llamada Rock and Roll. Aquel “Cadillac solitario”, aquella “Rock and Roll Star”, “Quiero un camión” o “El Rompeolas” fueron durante años la banda sonora de mi vida, sin dejar de lado otros temas, quizá menos conocidos, como “Carne para Linda”, canción realmente curiosa y graciosa que abría aquel concierto del año 89.

Nunca tuve la oportunidad, y cuando la tuve ya no hice intención, de ver a Loquillo en directo. Esta vez no se me escapa. Cuando más cerca estuvimos, terminamos por abortar el viaje por un ataque de apendicitis al conductor así que ganas tengo de disfrutar con el Rock del catalán que bien he comprobado que sigue siendo tan bueno como antaño. Y se debe a que plantea los conciertos como una pelea. Lo decía el otro día en la Caden Ser, “Cuando subimos a un escenario tenemos que hacerlo a destrozar al resto de bandas y a demostrar que somos mejores que todos los demás, no concibo el Rock de otra manera”. Pues buena actitud, Loco, pero mañana tienes unos duros competidores de los que te has declarado fan y a los que reconoces pedirás que te firmen sus discos. Si esa forma de concebir el Rock sigue en pie, será un gran concierto.

Y antes de todo esto se sube al escenario Bebe. Un aperitivo que algunos consideramos sobrante en una fiesta como puede ser la del sábado en la que las guitarras distorsionadas rasgarán el aire de la sierra de Gredos y donde no veo, disculpen mi postura, cómo entra Bebe a pasarse, por ejemplo, “Siete horas” corriendo por la ciudad. Será un daño colateral para los oídos que rápido aliviará la música cuando el duelo de Rock que nos han preparado para este año comience en Hoyos del Espino.

Yo voy, lo tengo claro, y dudo que alguien esté indeciso. Ante la duda hay que acercarse, entre otras cosas, para que este festival perdure durante muchos años más. Es la única oportunidad de ver grupos de primera fila, muchos internacionales y de reconocida fama mundial, que no puede dejar de celebrarse. Larga vida a la buena música y a los Músicos en la Naturaleza que convierten a Hoyos del Espino en el centro de todas las miradas, al menos, durante un fin de semana.

Más información sobre el concierto en su web oficial: www.musicosenlanaturaleza.es

Del deporte y derivados

Últimamente en estas cosas del deporte me he vuelto un poco insensible y me debato entre contradicciones. Me explico: he ido varias veces al Helmántico, he pasado tardes memorables allí. He apoyado al Ciudad Real y este año al Atleti en balonmano, en pelea contra el muchimillonario Barça. Me crié yendo a ver al Caja Segovia disputándose el honor con los más grandes. Junto al Ebro me hice del Real Zaragoza y de sus aficionados, a pesar de una directiva con olor a ponzoña y de descubrir de cerca que el fútbol de élite tiene poco de romántico y mucho de poder, de dinero y de intereses bastardos.

Y llega este verano y desaparece el Salamanca, el Atleti de balonmano tira la toalla, lo que fue el Caja Segovia se hunde o casi (da un paso atrás enorme) y el Real Zaragoza baja a segunda con los riesgos que eso conlleva a una institución tan tocada. Y sí, me da pena. Por el Helmántico, por el balonmano que queda herido de muerte con un único poder nacional omnímodo, por saber que Segovia no vivirá otro año de ensueño como los últimos y por la cara de mis amigos maños y de los muchos puestos de trabajo que dependen – directa o indirectamente – de lo que sucede en la vetusta Romareda.

Pero no les mentiré… a la vez me sale una sonrisilla maligna de ver que el tinglado revienta. No por el equipo éste o aquél, que ahí hay diversos méritos en cada uno de los citados y en otros muchos más ausentes, sino por todo. El deporte español revienta porque todo está mal enfocado: los sueldos, las ayudas, los repartos de ingresos, la prensa deportiva y las diferentes federaciones y sus particulares viaje al absurdo: fútbol, baloncesto, balonmano, voleibol, lo que quieran añadir a la lista…

Y es que cada vez me veo más Guillermo cuando escribía en un comentario…

“La Asociación Abulense de Encajeras de Bolillos no ven cómo el Ayuntamiento las respalda en su huída hacia delante fichando a la encajera estrella búlgara (que hace el punto parís como nadie) para ganar a las salmantinas en la convención nacional,”

O de Macanaz cuando también apuntaba que…

“En el Ala Oeste de la Casa Blanca cuando al republicano moderado Vinnick le pregunta que opina de los estadios dice: si tienen dinero para pagar a estrellas del beisbol que paguen tambien sus estadios.”

Así que no es que me alegre de que las cosas se vengan abajo, sino de que a la fuerza nos ponga la vida ante el espejo y nos diga que un jugador de 3ª de fútbol no puede cobrar 2500 € o un equipo de baloncesto en un tercer nivel no puede traer a un americano cobrando sestercios a manta.

En eso nuestros equipos más representativos se han vuelto menos locos que otros. Y ante su 90 aniversario el Real Ávila ha trabajado bien y parece que trae un poquito de ilusión.  Esperemos que haya dinero para sufragar el camino. Por su parte, el Obila nos daba la buena noticia de seguir.Que ya es. La FEB es una de las federaciones que más examen de conciencia tiene que hacer de si queremos una NBA cerrada o qué carajo queremos.

Me siento raro. No sé si prefiero equipos que peleen por subir, play off o demás, o si lo que prefiero a día de hoy es equipos que gasten poco, sobrevivan…construyan desde la humildad. Estoy mucho más en lo segundo, confieso.

Eso no quita que haya que seguir reivindicando que el deporte es importante, que hay que estar a su lado, desde administraciones, empresas y ciudadanos. Que es fundamental para el futuro. No que un equipo suba y desaparezca, sino que haya estructuras, trabajo, chavales.

Por eso, para terminar…dos enlaces a Deportes en Ávila que invitan a la reflexión

– “Ávila, la capital de provincia que menos invierte en deporte”

– “El Ayuntamiento de Ávila rectifica y publica las cuantías otorgadas a los clubes de las máximas categorías deportivas”

Termino. Siempre he pensado que estábamos en lo más bajo deportivamente hablando…y es trágico comprobar que si ya no estamos solos no es porque haya pasado nada bueno.

Diario de un asocial en Ávila del Rey

Una de las jornadas más felices de los últimos meses la viví el día que descubrí maravillado que podía pedir comida rápida por internet. Pizza, kebad, arroz tres delicias, McCosa Deluxe o chiritofu a un par de clics. Sin complicaciones, sin límites, con tarjeta de crédito o al contado. Estaba tan emocionado que tras besar al borde de las lágrimas la pantalla del ordenador, la tableta y el móvil; tras poner una vela a Steve Jobs y donar un par de céntimos a la fundación del señor Puertas, no pude superarlo y, abrumado y en calzoncillos, terminé comiendo una ensalada. Aquello sí que era una revolución y no la neolítica.

Me dirán ustedes que no es para tanto, que apenas hay diferencia entre llamar por teléfono (ir hasta el restaurante/antro/local está totalmente descartado) y pedir el yantar por internet. Pues como otras tantas veces, están ustedes equivocados. Estamos ante un avance sin parangón que nos permite soñar con un futuro maravilloso en el que hayamos acabado con uno de los grandes problemas de nuestras sociedades: la interacción entre seres humanos. Llamar por teléfono, pongamos por ejemplo para pedir una pizza, implica al menos hablar con dos personas: la que te coge el teléfono y apunta con errores tu pedido y la que ha de llevar hasta la puerta de tu casa las viandas que no has solicitado sin el cambio que has pedido. Eliminada la comunicación telefónica, tan solo nos queda construir androides de protocolo que sepan montar en motos de reparto y equivocarse con el cambio.

En general, todo esto del contacto humano está extremadamente sobrevalorado, por no hablar de lo nocivo que es para la salud. Gracias a internet todos podemos sentirnos seres sociales sin salir del sofá y sin invitar a nadie a compartilo con nosotros. La red nos permite conocer gente sin conocerla, olvidarla sin esfuerzo, odiarla sin sangre, soportarla sin ansiolíticos y parecer normales sin serlo. En internet, hasta el más asocial de los seres humanos -asesinos en serie, fans de Manolo Escobar y la Húngara, votantes fieles del PP, hinchas de Rubalcaba- puede tener un grupo de amigos o conocidos con los que hablar, intercambiar fotos de gatos o comentar el último haiku de Coelho. ¿Que esa amistad no es de verdad? Miren a su alrededor y júrenme por lo más sagrado -la camiseta que lucía Raúl cuando mandó callar al Camp Nou- que todas las amistades de su círculo más cercano, descartamos de antemano los amigotes del trabajo y los vecinos de escalera, pasarían un test Voight-Kampff.

El hecho de que considere que las relaciones humanas están sobrevaloradas no quiere decir que niegue su existencia. Aunque la mayoría de las amistades son impostadas relaciones pretendidamente simbióticas, aún hay gente que, a pesar de los pesares, me habla cuando me ve sin necesidad de que les pague por adelantado, prueba irrefutable de su amistad o de algún defecto congénito no detectado en su etapa fetal. Y subiendo un escalón, es innegable la existencia de la familia -tradicional, mística o de andar por casa; todo ser humano es un cuñado en potencia- y de la sociedad.

Thacher a esto último habría puesto pegas. “La sociedad no existe” me habría gritado mientras me tiraba sindicalistas con catapulta “Hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias”. El problema de Margaret, como el de otra mucha gente -Hayek o Friedman eran, creo, de la misma opinión- es que nunca han vivido en Ávila para comprobar hasta qué punto existe la sociedad. En Ávila, la sociedad se pueden palpar, como la tensión en las ruedas de prensa de Cospedal. No es un artificio teórico o una excusa. Existe y lo abarca todo: el día a día, el empleo, la amistad, la política, el amor, el sexo, el pasado, el futuro, los partidillos de los fines de semana, los matrimonios, los divorcios, los novios de toda la vida, las charlas del café, el dinero, las familias de bien y las de mal. Todo está influenciado por la sociedad y por las relaciones que como hilos de telaraña la conforman. Está en cada recoveco, en cada esquina, en el enlosado de los parques y en el asfalto de la operación homónima. En Ávila, la sociedad es una realidad étnica y cultural, un sentimiento de pertenencia, una cadena, un lazo blindado.

El otro día, mientras remataba el primer post de esta serie sobre las esencias locales, alguien llegó al blog buscando “ventajas y desventajas de vivir en Ávila”. Así a bote pronto, y sin dejarnos llevar por los colores, a todos se nos ocurren un par de argumentos de peso para cada columna de la lista de pros y contras. Argumentos basados, claro está, en las experiencias personales y en las preferencias de cada uno. Lo que para unos es tranquilidad y paz, un ambiente ideal donde ver florecer a sus infantes, jubilarse paseando por el Grande y contemplar a los vencejos buscando acomodo en la muralla al atardecer; para otros es un tostón narcotizante, un aburrimiento, un criadero de amebas y un logrado tributo a las serenas y poco transitadas planicies selenitas.

Del mismo modo, la consistente sociedad abulense, la espesura y frondosidad del tejido social y el hondo sentimiento de pertenencia, arraigado incluso entre los menos proclives a ello, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Ávila es, el fondo, un pueblo grande, una tribu expandida. Ávila es una gran familia, como las casas reales europeas, pero con algo más de variabilidad genética. Los problemas de los demás abulenses nos afectan más, sentimos como propio su dolor o su preocupación, de la misma manera que disfrutamos los éxitos abulenses por el mundo con mayor intensidad. Y esto es lógico porque los protagonistas de dramas y alegrías están muy cerca, porque todos son el hijo de tal, el nieto de cual, la chavala esa que trabajaba en aquella tienda, el niño que jugaba en el parque, el amigo de tu sobrino, el señor que te traía el pan o el que curraba con Fulanito. De existir, Abulenses por el mundo -un serial con más capítulos que Cuéntame- sería de largo el programa más visto en bares, restaurantes y salones, y los protagonistas serían asaltados en sus ciudades de residencia por turistas abulenses que, tras verlos en el televisor, habían decidido ir hasta la Patagonia, Tanzania o Nueva Zelanda a llevarle unas Yemas y un poco de queso. Si Amancio Ortega fuese abulense nos haríamos fotos delante de las tiendas de Zara como si de embajadas de la patria amurallada se tratasen y si Iniesta hubiese nacido en la Toledana aún no nos habríamos repuesto de su remate frente a Holanda. La llegada del invierno es esperada por todos los que vivimos fuera porque sabemos que, tarde o temprano, la muralla saldrá nevada en las noticias y podremos, sin salir de nuestro salón, imaginarnos golpeados por el aire frío de la sierra mientras subimos a Sonsoles a por agua o nos acercamos al Soto a ver cómo corre el río.

Pero como anunciaba, esto también tiene sus cosas malas. Que seamos cuatro gatos y que todos o casi todos nos conozcamos implica que todo el mundo sabe de qué pie cojea su vecino, sus filias, sus fobias y si el café lo toma solo o con leche. Nos tenemos tan vistos que miramos extrañados, pero de reojo, las caras desconocidas; y estamos tan cansado de nosotros mismos que hay gente a la que solo saludamos cuando la vemos fuera de Ávila. Si cambias de círculo, pisas un bar que no frecuentabas, cambias de ruta al pasear o montas un blog, la gente se preguntará sorprendida de dónde sales, quién eres o, pregunta castiza donde las haya, de quién eres. Y ni se te ocurra romper con tu novia o novio “de toda la vida” si no quieres ser un apestado. Una sociedad biempensate con tendencia a doblepensar.

Pero si la sociedad abulense tiene tendencia al catenaccio, el estrato más alto de esta cuelga a todos sus jugadores del larguero incluso cuando juega en casa contra el colista. Son la élite de la élite, los que llevan monóculo en su casa, juegan al golf con Espe en Naturávila, visitan la finca de Cospedal los fines de semana, se casan entre ellos para no contaminarse con la sangre del vulgo y tienen escudos de piedra con las armas normalmente inventadas de sus antepasados. Los de arriba son los de arriba por la gracia de Dios y por tradición. Y como todos ustedes saben, las tradiciones son sagradas y subvencionables. Un apellido puede marcar una vida y los advenedizos son rechazados con premura. Y esto sin entrar en los favoritismos, los amiguismos y los enchufismos que una sociedad pequeña y cerrada ampara, provoca y estimula. Los brazos abiertos si vienes de parte de tal, el gesto serio y adusto si eres de cual. Las facilidades si eres conocido, los múltiples inconvenientes si eres un mindundi arribista que pretende, sacrílego, saltarse doscientos años de tradición familiar y social. Los nuestros, los de siempre, los otros.

Quizá exagero y esto sea solo cosa mía, un asocial que espera ilusionado poder adoptar a Pancho para no tener que volver a hablar con el dependiente de la administración de lotería.

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