¿Hemos llegado ya?

La crisis, ese Leviatán amorfo de nuestros días, tiene su propia fauna, como las glaciaciones, el cámbrico o las playas de Ibiza en temporada alta. Animales, seres y bichos particulares que florecen, se reproducen y mueren adaptados a las condiciones de vida de cada periodo. Si pudiésemos resucitar a Darwin, se plantaría en mitad de la Castellana sobre un banco al que llamaría Beagle y contemplaría maravillado con un catalejo de latón el espeluznante y lujurioso pulular de la evolución. Por desgracia, no todas las mañanas el azar selectivo nos depara elegantes trilobites. A veces, la naturaleza, con la ayuda inestimable del hombre, engendra cosas como el bulldog francés. Nuestra crisis -al final terminaremos cogiéndole cariño y la lloraremos cuando se vaya- ha favorecido la expansión sin límites de dos subespecies perfectamente adaptadas al actual entorno recesivo: los debates políticos en televisión y los locales de Compro Oro (o plata). Ambos existían antes, es cierto, pero relegados a nichos ecológicos en los márgenes de la vida. Los primeros sobrevivían arrinconados en La 2 o en la madrugada, los segundos en los alrededores de la Puerta del Sol; lugares a los que volverán, en este país a nadie le interesa la política si tiene dinero en el bolsillo y el oro también baja, cuando el sol del crecimiento vuelva a calentar tibiamente las playas de la piel de toro.

En uno de los primeros, desconozco si también frecuenta los segundos, se vio hace poco al expresidente González. No me pregunten en cuál, todos me parecen iguales y en todos sale Revilla. Felipe, el hombre antes conocido como Isidoro, me provoca sentimientos encontrados. Es un tipo en algunos aspectos admirable, un animal político, un todoterreno, alguien capaz de vender hielo a los esquimales. Es irresistible cuando se quita las gafas con gesto de estadista y las sacude delante de las cámaras como haría un obispo con un hisopo para bendecir a la audiencia. Por otra parte, ay, es imposible olvidar las zonas oscuras de aquellos locos años. El GAL, Filesa, Cobi… Pero, a pesar de los pesares, hay veces que lleva razón. Decía González, Felipe para los socios del clan de la pana, que creía que habíamos tocado fondo, que la crisis no iría a más, pero que lo que de verdad le preocupaba era cuánto estaremos en el fondo. España, el país de los pronósticos. El Gobierno, impasible el ademán, le ponía fecha: el año que viene (siempre es el año que viene) se creará empleo, pero hasta 2016 (con suerte, quizá, tal vez, perhaps) el paro no bajará del 25%. Ya no queda nada. Esa cifra, por otra parte, es catastrófica en un país normal, pero aquí, a la vista está, nos conformamos con poco. Plasmariano, el sucedáneo de marca blanca del hipnosapo, nos pide paciencia. “-¿Qué son esas trompetas? -Nada, tranquilosh, hilillosh mushicales. Los ishraelitas que han montado una verbena. Lash murallash de Jericó shon shegurash.”

Mientras vuelven las golondrinas, el paro nos dejó el pasado mes un semibuena noticia. El paro bajó en Ávila en 264 personas. Buena noticia porque baja, semibuena porque nos gustaría que bajara más, mala porque con lo que llevamos en la mochila nos sabe a muy poco. Aquí van las gráficas habituales.

Abril2013

Como ven ustedes, el paro, por fortuna, está decidido a llevarme la contraria: se aleja de los 20000 parados y baja pasada la Semana Santa, temor que les confesaba el pasado mes. Y ahora llega el verano, el momento más boyante del sector más boyante de nuestro principal motor económico. Si sumamos los datos de marzo y abril para ver el efecto de la Semana Santa observamos como las cifras han sido medianamente positivas, aunque no tanto como en 2011.

Abrilmensual2013

Abrilmasmarzo

Pero no todo es color de rosa. Como las mujeres y algunos hombres saben, hay millones de colores y de matices. Para que sigan ustedes con mal cuerpo, la presión siempre es productiva, les dejo un par de datos para reflexionar. Primero, de los 19211 parados abulenses, solo 10033 reciben algún tipo de subsidio o prestación por parte del Estado. En segundo lugar, un enlace: The Atlantic sobre el paro español y su tendencia a la cronicidad. Esa rayita morada ascendente de la segunda gráfica no tiene nada que ver con el sentimiento republicano: es el porcentaje de parados que lleva más de dos años sin encontrar empleo. Para echarse a temblar.

Como dirían los guiris: No hope.

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