La agonía del centro histórico

Darse una vuelta por Ávila permite descubrir que en medio de este valle de lágrimas llamado crisis aún hay un sector boyante, en franca expansión, una industria que, firme el timón, surca los mares de la recesión sin miedo al futuro: la de los carteles fosforitos de “Se vende” y “Se alquila”. Es verdad que quizá no sea el sector más extensivo en empleo y no niego que es posible que existan sombras que tiñan de gris el horizonte de este edén económico (quizá la producción esté deslocalizada o quizá todos los productores formen un cartel como el de los sobres); pero a pesar de los pesares, su futuro brillante es un hálito de esperanza en este marasmo de sufrimiento.

Local1Por desgracia, el imparable crecimiento de la cartelería está relacionado con dos fenómenos tristes: el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la muerte lenta, pero imparable, del comercio. Sobre lo primero hay poco que añadir a lo que todos ustedes saben. En Ávila íbamos a llegar a los 100.000 habitantes casi sin quererlo y, más chulos que un ocho, para estar agusto y mantener todos a salvo nuestro espacio vital, construimos viviendas para 150.000. ¡Qué tiemble Madrí! Por fortuna, todavía no tengo muy claro de dónde iba a salir el agua para dar de beber a toda esa gente, aquello no duró mucho y hoy casi una cuarta parte de todo aquello está vacío y luce un bonito cartel fosforito, normalmente en alguna tonalidad de naranja, anunciando su disponibilidad. ¡Cientos de pisos adornando sus fachadas con carteles que cuelgan orgullosos de ventanas, balcones y terrazas! Eso sí es una decoración acorde con las fechas y no los pendones semanasanteros del Chico.

Lo del comercio es, en el fondo, parte de la misma historia. El pinchazo de la burbuja, la depresión de la economía española, el hundimiento del consumo, el paro, las malas expectativas… Total, 33 meses consecutivos de caídas interanuales de las ventas del comercio minorista. El último dato: un escabroso -10,9% respecto a marzo de 2012. Casi nada. El cierre de cientos de locales comerciales ha llenado la ciudad de carteles fosforitos y lo oscuro del túnel invita a los productores de la citada cartelería a frotarse las manos. El fenómeno, la muerte del comercio, es apreciable en toda la ciudad pero es especialmente alarmante en el centro histórico. Saliendo del Ayuntamiento, se puede hacer una ruta del cartel por las principales vías turísticas de la zona. Hay locales cerrados (y edificios abandonados) en la calle Vallespín, otrora epicentro de la noche abulense. Los hay en la calle Tomás Luis de Victoria, incluso en la calle Comuneros, uno de los extremos de la principal zona comercial del centro de la ciudad. Y los hay, y muchos, en la calle Caballeros. La Marca Ávila, de existir, incluiría un cartel fosforito. Y eso en el mejor de los casos, hay cientos de locales simplemente abandonados a su suerte, para desesperación de la industria del cartel.

edificio1La situación es tan preocupante que el Ayuntamiento, con el apoyo de todos los grupos políticos, va a tomar medidas radicales: elaborar un programa de recuperación estética, crear un censo de locales disponibles e intermediar entre propietarios e interesados. Medidas tan valientes y arriesgadas que desde que se conocieron no ha dejado de correr la tila por los bares de la zona centro. Además, está la liberalización de los horarios comerciales, que va a contribuir a mejorar la competitividad del comercio local.

Sobre este tema ya se ha hablado en el blog, y supongo que se seguirá hablando. Como señalaba Juan Luis el otro día, la gestión del Ayuntamiento, o su política de comunicación, ha sido francamente mejorable. Yo soy de la opinión de que la confusión, los desmentidos y las contradicciones son parte de un plan para embotar las neuronas de la ciudadanía para que esta no sepa muy bien de qué quejarse, pero de eso, si les parece, podemos hablar otro día. Mientras el Ayuntamiento sigue justificándose y tirando balones fuera, mi duda es la siguiente ¿Beneficia o perjudica la libertad de horarios a los comerciantes? ¿Se notará o no se notará? ¿Servirá de algo? En Ávilabierta* también han opinado sobre el tema (PDF).

Como Juan Luis, creo que no servirá de mucho, aunque no comparto alguno de sus argumentos. Como él señala, la mayor parte de los comercios de la ciudad, y casi todos los del centro, disponían ya de plena libertad para fijar sus horarios. Si un librero, por ponerles un ejemplo, no abría su comercio los sábados por la tarde y los domingos era solo por decisión suya. ¿Va a cambiar ahora? No creo. ¿Debería hacerlo? Él sabrá. No estoy de acuerdo con la retahíla habitual de que los pequeños comercios no pueden competir, no disponen de recursos para abrir, la liberalización beneficia a las grandes empresas, etc. Si un pequeño comerciante cree que abrir los domingos le va a suponer beneficios, que abra su local. Poniéndose él mismo detrás del mostrador o contratando a alguien. Con la situación del mercado laboral, contratar a un chaval de 20 años para trabajar un domingo no es muy complicado. Si considera que abrir le va a suponer más pérdidas que beneficios, que no abra. La liberalización de horarios no obliga a nadie a abrir y si un comerciante considera que no merece la pena ¿qué más le da que otros, que consideran que si pueden ganar dinero, lo hagan? En mi barrio hay una frutería que abre todos los días desde hace un par de años. Si lo hacen es porque consideran que les va bien. Y si mañana, gracias a la libertad de horarios, una gran empresa (Inditex, el Corte Inglés, FNAC, Apple, H&M, Ferrari…) monta una tienda de cuatro plantas frente a la Catedral para abrir todos los domingos y fiestas de guardar será una buena noticia porque generará empleo, actividad y vida, y andamos escasos de todo eso.

local3Me parece bien la liberalización de horarios, pero me parece que esta debería ser únicamente para el centro histórico. Sí, sería discriminatorio para los comerciantes de otros barrios de la ciudad (para aquellos que no dispongan ya de total libertad para abrir sus negocios, que son los menos) pero como creo que mantener con vida el centro histórico es positivo para toda la ciudad, no solo para los que viven o trabajan en él, toda medida que pueda mejorar, aunque sea muy poco, su presente y su futuro, debería ser bien recibida. La famosa discriminación positiva. Tal y como el Ayuntamiento ha pergeñado la liberalización, el casco antiguo (menos accesible, más frío, más lluvioso) lleva las de perder contra el centro comercial (donde se aparca más fácil, donde se está más calentito) porque no compiten en igualdad. La libertad de horarios restringida al centro de la ciudad, la zona verdaderamente turística, podía servir de herramienta, aunque fuese un tanto roma, para vivificar la zona. Todo esto, claro, con la colaboración de comerciantes y hosteleros, parte también, por qué no decirlo, del problema.

O tomamos medidas, las que sean, para devolver el pulso al casco antiguo o dentro de poco será mucho más fácil y rápido hacer un censo de locales ocupados. Registro que, si descontamos las instituciones públicas, igual hasta nos podemos ahorrar de aquí a unos años.

PS.- Se que es un tema polémico y complejo, así que les animo a comentar y compartir su opinión. Eso sí, ad hominen no, que me enamoro.

*Aprovecho para opinar (constructivamente) sobre el citado rincón. Algunas de las opiniones y artículos que cuelgan me parecen muy interesantes pero ¿en PDF? ¿Sin firmar?

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