Caza al bandido (por Luis Asiaín)

Tenemos la suerte de contar, por segunda vez en este blog, con la participación de Luis Asiaín. Y os recordamos a todos que podéis enviarnos vuestras colaboraciones. Aquí os decimos cómo.

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He aquí un relato que refleja la desesperación de los partidos políticos en el momento presente. Me siento tan ofendido que, dado el agravio, me acabo de servir una copa de vino y me dispongo a escribir sin filtro. Como si fuese un tertuliano de la TDT –hasta ese nivel estoy dispuesto a bajar–.

Al llegar a mi domicilio hace escasos diez minutos, me he topado con una carta en el buzón que me ha herido la sensibilidad de manera obscena; quizá herir es poco… me ha causado un intenso y profundo sentimiento de violencia. Ahora mismo, en caliente y si de mi dependiera, estallaría la tercera guerra mundial… y en esta ocasión los bandos no serían tan emblemáticos o cinematográficos como antaño. Organizaría una caza sin tregua en todos los países contendientes, movilizaría a los ejércitos, a las fuerzas de seguridad del estado, a los servicios de inteligencia, a los bomberos, a mercenarios, a presos y delincuentes comunes, a amas de casa, abuelas, vecinos, ciudadanos en general, todo ello para identificar y localizar con una precisión milimétrica dónde se encuentra el enemigo. Quizá sean pocos y cobardes, pero son un grupo de impúdicas y siniestras figuras instaladas en sitios que dañan al conjunto de la ciudadanía, al bien común. Son, manque les pese a muchos, un cáncer. Y el cáncer sólo se cura con quimio y radioterapia –de momento–, en el peor de los casos… hay que operar, amputar, mutilar, extirpar. Toda esa movilización para intentar ‘curar al paciente’. En todos los países, en todas partes, tal sería el alcance de mi tercera guerra mundial.

Las mentes más despreciables, menos empáticas, más hipócritas, más mentirosas, más criminales, más despóticas, más sádicas, más irresponsables, más cínicas, más miserables, menos solidarias, más egoístas, están instaladas sobre un redil de mansos terneros a los que poder ir pellizcando para solaz y divertimento del Olimpo. Angelitos… En general, a este grupo selecto le divierte el delinquir de almuerzo y corbata; son profesionales con… vocación de servicio público… ¡ja! Siempre y cuando eso de ‘servicio público’ lleve implícito una serie de derechos de privilegio por encima del común de los mortales, del populacho –hasta el móvil corre de nuestra cuenta–. En la base suelen quedar aquellos que no sirven para delinquir, no son lo suficientemente inteligentes o de verdad se creyeron el bucólico cuento que andan representando –pobres–. Por el embudo del poder solo van avanzando aquellos que son lo suficientemente corrosivos y miserables como para progresar en esa truculenta jerarquía hacia el infierno. No es la punta de una pirámide, no es una jerarquía hacia arriba… es un desagüe, un sumidero, un canalón hacia el inframundo, hacia una cloaca moral. En efecto, a eso lo llaman progresar dentro de sus propias estructuras. El imaginario colectivo ha interiorizado que ese progreso es hacia arriba, pero no lo es en ningún caso; su avance es hacia abajo, hacia el desagüe repito. De modo que al abrir la carta, esta fue la reflexión que irrumpió inmediatamente en mi mente. Por eso digo y repito, que de haber dependido de mi, aquí se habría montado la tercera guerra mundial.

Y es que están total y absolutamente desesperados, eso es lo que está pasando. La carta no tenía nada fuera de lo común: típica correspondencia anodina y automatizada del banco, un extracto bancario como tantos otros. No era una amenaza personal e intimidatoria, no era una carta de extorsión, de chantaje. Nada de eso. El susto vino al ver de qué se trataba: la cuota anual de 2013 de un partido político ¿CÓMO?… ¿QUÉ?… pasado por mi cuenta y a nombre de mi madre... ¿PERO QUÉ COJ…. ? Con una nota en el concepto que reza lo siguiente:

Para cualquier aclaración dirigirse con esta nota de adeudo a la entidad indicada, la cual ha facilitado esta información.

Como diciendo pío pío que yo no he sido, a mi que me registren. Profesionales.

Vaya… ¿la crisis quizá? ¿la estamos notando ya? Es totalmente comprensible, yo fui autónomo durante años y ni derecho a paro me quedó. Del último trabajo que he tenido me despidieron en  siete minutos –no quise hacer guardias por 1€/hora todos los días de 23:00 a 10:00, más la correspondiente jornada laboral durante el día– , también sin derecho a paro ni finiquito (en virtud a ese nuevo modelo de contrato de apoyo al emprendedor, donde a alguien se le olvidó introducir la clausula del derecho de pernada; supongo que ya para la próxima reforma la cosa quedará fetén).

Soy plenamente consciente de que perder el arropo y tranquilidad que da recibir un sobrecito al mes que complemente los ingresos de los señores y señoras en nómina complica las cosas, lo pone todo más difícil. ¡Y tanto maldita sea! Ya me hago cargo… lo entiendo en primera persona ya que la última vez que yo pude disfrutar de los ahora famosos gastos de representación fue en una polución nocturna que tuve durante un sueño en mi época adolescente. Me impactó tanto que aún hoy disfruto en diferido del recuerdo de aquella gloriosa intumescencia. Qué recuerdos. Ahora sé que en aquellos mismos años de mi adolescencia, había más gente disfrutando de esos maravillosos gastos de representación. Aunque en su caso no lo hacían en sueños, como un humilde servidor. Y de aquellos polvos estos lodos, ¿verdad? Cierto es que mis polvos eran oníricos –de ahí que esté en situación de ser despedido en cuestión de minutos, o que se me proponga amablemente guardias de 1€ la hora–; pero los hubo que no se movieron en el terreno de lo onírico… ayyy… ¡el señorío y la gallardía!

Pero es verdad qué demonios… la cosa está muy difícil y cualquier recurso es legítimo, ¿si lo fue en su día no lo va a ser ahora? Haber alimentado una burbuja flatulenta en nuestra economía puede que haya tenido alguna desventaja, pero a lo hecho pecho ¿A qué viene ese espíritu derrotista? Esa gente me pone nervioso. Hay que mirar hacia el futuro… siempre al futuro; que manía con querer revivir el pasado. Y eso sí, ante todo dignidad y como decía la tonadillera ‘Dientes, dientes… que es lo que les jode’ –por cierto, condenada por blanqueo de capitales; qué cosas–.

Yo imagino que los lectores que lean este escrito pensarán… madre mía la ventolera que le ha entrado a este tipo por un recibo mal pasado. ¡Devuélvase! Y que se pase por la cuenta correcta. Pues sí… qué demonios. Quizá también es verdad y me lo he tomado demasiado a pecho, o quizá es fruto del segundo vaso de vino que me va regando el gaznate mientras sigo escribiendo estas palabras. Pues es posible.

Claro… que también es posible que el hecho de que mi madre lleve muerta diez años puede haber intensificado un poco mi reacción. En fin, no sé… por aquello de que en diez años no se han pasado recibos de ningún tipo y ahora, de repente, se carga un recibo en mi cuenta personal de la cuota anual de un partido a nombre de una persona que falleció hace diez años. Ya no sé si es el efecto etílico o de veras soy una persona tendenciosa que distorsiona los hechos y la realidad para hacer daño innecesariamente. Por un momento me asaltaron los famosos casos de tesoreros delincuentes que tanto han dado que hablar… igual, a falta de un buen sistema de reparto, habrá que ir echando mano a las cuentas de los muertos. Vamos, que aunque después de diez años ya no quede ni rastro, por lo menos por intentarlo tampoco pasa nada. Luego es cuestión de escribir en el concepto:

Para cualquier aclaración dirigirse con esta nota de adeudo a la entidad indicada, la cual ha facilitado esta información.

Y aquí paz y después gloria. Desde luego que tendré una conversación con quién la tenga que tener para aclarar lo que haya que aclarar.

Pero no deja de ser paradójico que un partido pase una cuota anual por la cuenta del hijo de una fallecida hace una década y en nombre de ésta… a ver si cuela. ¿Me convierte esto en afiliado de pleno derecho? ¿tendré carnet? ¿y ese carnet me dará trabajo? ¿o debo además de afiliarme, atropellar a alguien en el extranjero, estafar, malversar o trajinar con fajos de billetes de 500 como el que vende paquetes de pañuelos de papel en los semáforos? A mi no me importaría dedicarme a la compraventa de Arte –que es como lo llaman ahora los… ‘emprendedores’– . Si hace falta, yo también puedo ser emprendedor y lo que sea menester. El panorama no es muy alentador y la verdad, para andar haciendo guardias a un euro la hora, entiendo que haya muchos que prefieran hacerse amigos de lo público y también de lo ajeno –y si lo ajeno está muerto, mejor aún–.

Intento hacerme la composición de lugar… imaginar qué resorte se ha debido articular para que una cosa tan pintoresca haya sucedido. Imagino la gestión milimétrica que tendrán que hacer los partidos ahora, cuyos afiliados huyen de ellos como el que huye de la peste bubónica; que las comisiones y mordidas brillan por su ausencia; que por mor de la reducción del déficit el personal ya no puede trincar con tanta alegría. En fin… no es para menos. Y es que a pesar de que un partido no viva de las cuotas de sus afiliados y sí de las subvenciones de dinero público… ¿Cuesta salir adelante verdad? Cuesta incluso cuando tienes que estar al día con Hacienda –sin amnistías– y ese tipo de cosas; cuesta cuando no te queda nada; cuesta cuando vas perdiendo derechos; cuesta cuando declaras aquí lo poco que tienes y no en Suiza. Cuesta. Si encima van y te domicilian en la cuenta las supuestas cuotas anuales de tu madre –fallecida para más señas–, pues eso… que se te hace cuesta arriba el día. Un poco nada más. Y que conste que no se trata del importe adeudado, que por poco que sea… es, nos pongamos como nos pongamos… obsceno. Como obscena es la impunidad de las anquilosadas estructuras de poder de este país.

Que nadie me malinterprete, que el vino no ha llegado aún a entorpecer mi juicio –todo se andará–, pero aquí está claro que se cazó al tesorero de un partido, pero el que piense que estamos ante un problema exclusivo de una parte… va listo. No sé qué hace este recibo de mi madre abonado en mi cuenta, pero no me extrañaría que lo mismo estuviese sucediendo con recibos de otros partidos. Y es que en el fondo eso es lo que está pasando… están desesperados… pienso disfrutar viéndolos caer a todos. Nadie me quitará ese placer. La visión políticamente correcta de: ‘a pesar de sus errores son lo poco que tenemos, ha costado mucho esfuerzo conseguir lo que tenemos’ y bla, bla, bla… Y si tanto costó conseguir lo que tenemos: ¿no se lo están cargando con inusitada facilidad e impunidad?

Yo, de momento, tengo un recibo que devolver y un vaso de vino que terminar.

Poco más se puede añadir a semejante despropósito. Así va el país.

Sin más asunto…

One Response to Caza al bandido (por Luis Asiaín)

  1. Iñaki says:

    Enhorabuena. Gran entrada.

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