La Plaza de los autómatas

Éste es un post de urgencia, escrito en apenas 3 minutos (no tengo tiempo para más hoy) y al calor de la actualidad. Lo escribo para abrir tema de debate en este blog. ¿La Razón? El siguiente titular: “Tres chavales denunciados por jugar al fútbol y comer pipas” (enlace a Avilared).

Ahora les cuento cómo he llegado hasta ahí y a la necesidad de introducirles el debate. Me he levantado, he preparado un cafetito y he sacado dos croissants. Como merengue que soy, me he puesto a leer crónicas de ayer. Ver que se contaban Trueba y demás buenos plumillas, que alguno queda. En esas, el señor @albertomdp me ha puesto un whatsapp “No te pierdas la columna de Jabois”. Y a Jabois que he ido. Con mi cafe, mi croissant y mi batamanta, he gozado de su crónica que dice cosas como…

“Fue como pasar el día en la oficina, llegar a casa, cenar una tostada, meterse en cama y recordar, al verla a tu lado, que estás casado con Charlize Theron.” (entero en “El Mundo”)

Y uno, que siempre ha querido escribir como Juanma Trueba, empieza a descubrir que también quiere escribir como Jabois. Algún pinito hice en su día en Avila Digital, queriendo introducir épica a los partidos del Real Ávila. El amigo Jorge Barrera, 7 de los Adajas, tiene una crónica mía guardada, de un día que fue decisivo y yo me puse Gladiador, hispano, RusselCrowiano del Adolfo Suarez.

Y entre medias de esos recuerdos, entro en las redes y veo ese titular: “Tres chavales denunciados por jugar al fútbol y comer pipas” (enlace a Avilared).

Y antes de leer las explicaciones oficiales y reglamentarias, que las hay, he maldecido a tres o cuatro deidades hindúes. Y lo he hecho porque mil veces he cambiado cromos en esa plaza, he jugado a la pelota, al pilla pilla, he saltado de león en león de La Palomilla, dejándome alguna que otra vez la espinilla en el empeño. No sé cuántas veces habremos disfrutado de la infancia brincando, saltando, molestando. Siendo niños, demonios.

Yo confieso no haber hecho caso a la señal en Sonsoles que decía prohibido jugar a la pelota. He jugado a la pelota y he molestado a buenos feligreses. Que tienen todo el derecho del mundo a ir tranquilos a Sonsoles. Sí. Pero, carajo, siempre ha habido niños. Niños que querían disfrutar, soñar con Charlize Theron y un yate de futbolista millonario.

He dado vueltas a la pista de bicicletas de San Antonio cuando no había tanta señal y zarandaja. He sido reñido por una madre que, con toda la razón del mundo, me dijo que íbamos a arrollar a su pequeño. En el mismo San Antonio he mandado la pelota 400 veces a la carretera, con el peligro que conlleva. Y he sido reñido por mis padres, los padres de mis amigos y quien hiciera falta. Y lo aceptaba porque era un niño, que luego se volvía al barrio de las batallas dando pelotazos al balón, como había visto hacer en la tv a Mark Lenders, frente a las olas. Olas él, paredes viejas de Ávila yo.

He jugado a la pelota en la Calle Sevilla, donde vivía uno de mis mejores amigos. Hemos saltado mil veces la altura que había que saltar para jugar en el Seminario, cuando eramos el ADE y no todavía la zona norte. Calle Sevilla, qué recuerdos. Había una vecina a la que siempre le colgábamos un balón su terraza… y como no procedía llamarle al timbre cada 10 segundos, directamente saltábamos a su terraza y la cogíamos.

Ninguno de nosotros llegó a nada, salvo uno. Ese uno desde pequeño era tremendamente bueno. Se llamaba Gonzalo, de los Resinas, que luego jugaría en el Real Avila, o el Guijuelo. Y yo siempre contaba que había sido mi amigo de pequeños, corriendo, saltando, colgando balones en los balcones de la Calle Sevilla.

Y sí, he tirado mil pipas al suelo. He sido un peligroso delincuente. O tal vez solo un niño.

Abro debate, que lo hay. Los que quieran defender que hay leyes, que hay que cumplirlas, que no hay que molestar a los mayores…tienen la razón de su parte. Pueden ganar este debate. Pero a ellos les digo que la vida, la de muchos de nosotros, ha tenido ese momento romántico de la niñez en la que no había tantas preocupaciones. Jugabas en la calle y hacías alguna perrería. Ahora veo a los pequeños enganchados a sus consolas, que son tremendas y fascinantes, pero que a la larga les impedirá poder tener el bagaje de vida con el que disfrutar sonriendo de una columna de Jabois. No habrá Jabois o Trueba. Solo habrá autómatas. La plaza y la ciudad de los autómatas. Eso sí, todos muy educados y serviciales.

Al menos los chavales todavía cambian cromos. Al menos hasta que no se multe por ocupar la calle del Teto.

* Lo mejor del enlace de Avila Red son los comentarios de los lectores. He aplaudido y me he tomado otro croissant al leerlos.

** Los paletos del siglo XXI serán los chicos de la ciudad. Solo la gente de pueblo, corriendo y jugando al pilla pilla, sabrán lo que es la vida. Gozaré con ese momento.

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