Esa odiosa comparación

Segovia y Ávila: tan parecidas, sobrias castellanas, suyas de suyar y a la vez tan diferentes. He comido allí con amigos, una fabada de muerte, con unos hosteleros sonrientes, cálidos, amables. Desafiando al frío. Tengo el poso de un gran fin de semana en los bares que fuimos. Yo que fútbol mediante fui tan antisegoviano, escribiendo ahora que ninguna es más bella. Quién me ha visto y quién me ve. El de ahora tiene más óptica.

Cómo me gusta la ciudad vecina. Lo confieso, la envidió. Y, a la vez, para ser honestos hay que señalar que también han hecho cosas muy mal. Espero al tren en la nueva estación, un rincón en mitad de la nada al que se llega después de mil vericuetos. Estamos tres o cuatro: el segurata, la de los tickets, el del bar y el granizo y un reloj Festina gigante, de cuando las cosas se hacían a lo grande. Sí, en Segovia también pensaron que con el progreso llegarían a 100 mil habitantes, que se crearían ciudades enteras alrededor de las estaciones del Dios AVE. Que todo sería fetén, dabuti, megaguay. Segovia también se lo creyó. Y eso que los vecinos venían de la admirable tarea de sobrevivir a un desgobierno infame, con un alcalde en minoría de 2 concejales y el resto en la oposición. Y allí, junto al Eresma, ha habido baile de siglas, personajes extraños que deciden gobiernos, intereses creados y politiqueos varios.

No, no están inmaculados. Pero envidio a Segovia profundamente.

2013-04-28 12.55.49Había llegado a la estación de autobuses el día antes. Y ahí estaba ya la primera diferencia. En Ávila no había nadie cuando partí, aquello parecía Gary Cooper solo ante el peligro. Ya sé que tenemos una estación nueva, colorida y fantástica, pero abrir no abre. Será que los autobuses no entran o que los papeles no llegan. Pero no abre.

Bueno, que llegué a Segovia. La misma vieja estación de siempre, con 3 retoques que en su día estuvieron mal hechos (apeadero lo llamaban), pero que ahora tiene mucha mejor pinta. Será una tontería, pero había hasta un segurata. Una cafetería. Una taquilla abierta, un quiosco. Vida.

Y esta foto de la izquierda recibe al visitante. Haciéndote saber que llegas a un sitio mágico, precioso. Hasta el más abulense patriota ha de reconocerme que Segovia es muy bonita. Eso es indudable.

Fuí al Azoguejo, escenario del inminente Titirimundi. Un tiovivo muy curioso hace las delicias de los pequeños. La gente se hace sus fotos de acueducto mientras 2 o 3 jovenes intentan llevarte, todo sonrisas, a sus restaurantes. Me quedo una vez más tonto mirando al imponente Acueducto…y casi sin querer estoy en el escaparate del magnífico centro de recepción de visitantes.

Carajo, parece que aquí hacen las cosas bien. Con sentido.

Me uno a la marea de turistas, los había a cientos frente al frío, subiendo la Calle Real, camino de la Plaza Mayor y de La Dama Catedral. Esa a la que Reverte, en un artículo fantástico, define así:

“….es un pedazo de catedral gótica de toda la vida, de esas que echas un vistazo y piensas, oye, el ser humano será un cabrón con pintas y todo lo que quieras, colega, pero la verdad es que hizo cosas que justifican su paso –nuestro paso- por la tierra” (pag 41 de 57).

En la Plaza Mayor varias personas salen del Teatro Real. Más vida cultural que envidiar. Me hago una foto junto a Machado, que está esculpido pomposo mirando al centro, donde unos músicos tocan desde un escenario improvisado. Y hay mucha, mucha gente. Mucho flash.

Necesito un café. Y, entre noticias variopintas, llego al deporte. Ahí también pintan bastos, con muchos equipos en apuros como en todas partes. Pero el caso es que el fútbol sala ha vuelto a ganar, La Granja y la Segoviana buscan playoff mientras el Unami intenta no descender. Y algo extraordinario… un equipo de balonmano ha cerrado la temporada arropado por un público entusiasta. Balonmano Nava, leo. Gradas llenas. No sé quienes son los que habrán creado esa ilusión, pero a la vista está que han triunfado. Una gran marcha de bicicletas llena “El Adelantado” de fotos de bonitos paisajes. Vuelvo a la calle entre el gentío, después de haber tomado un capuccino delicioso, y no puedo evitar preguntarme si estaría viviendo lo mismo, como turista, si hubiese hecho un recorrido similar en nuestra Ávila.

Es entonces cuando escribo en Twitter… “Qué gran ciudad serías, Ávila, si fueses un poquito más Segovia”. En medio instante, algún que otro patriota de campanario, como yo lo era con 15 años, me responde que ya quisiera Segovia ser un 10% de Ávila.

Y por estas cosas de la vida y tele, me viene a la mente Tomás Roncero, el perfecto ejemplo de la ciudad y país que detesto…

“España por su genética tiene que emocionarse. Y nos hemos emocionado… porque ésa es la historia de nuestra España… vibrando, no somos científicos, no somos gente que gana premios Nobel, no valemos para eso. No tenemos ni voluntad ni ni… ni capacidad para estar todo el día machacando, no somos tan fríos, nos dejamos llevar por las emociones, por el corazón”. (citado desde Naukas)

Una chica, también por Twitter, mucho más acertada, me recuerda que Ávila tiene cosas buenas, como ser ciudad accesible. Le digo que sí, que por supuesto que sí. Que lo que pasa es que Ávila nos duele porque la queremos, y que por eso la exigimos más que a ninguna. Y, le añado ahora, recalco que somos críticos, no enemigos. Que el interés es construir, no destruir. Y que pocas cosas nos llenan más, cuando estamos fuera, que decir que somos de la ciudad de La Muralla, Los 4 Postes, Gredos. Ciudad patrimonio, provincia preciosa, con un patrimonio natural, artístico y cultural como pocos rincones del mundo. Orgullosos de ello, pero no desde un patriotismo rancio, no con una enesima bandera o un anti o un enemigo.

¿Qué Ávila queremos para el futuro? ¿Qué Ávila hemos de ser desde cada uno de nosotros? Qué pais, qué ciudad queremos ser. Comento todo esto con un segoviano, que me asegura que pese a mis buenas intenciones allí tambien tienen una boina de campeonato que impide a muchos mirar más allá de su Alcázar.

Y pienso que la Ávila que quiero, la España que quiero, es la contraria que la que querría Roncero. La Ávila de Roncero sería una Ávila anti. La de las tertulias de nuevo cuño, la de los antimadridistas, anticulés, anticolchoneros. La de “que a mí me vaya mal…si a tí te va peor”. La cainita. La de “si no estás conmigo… estás contra mí”.

La Ávila que quiero es la de un conjunto global comprometido (hosteleros, comerciantes, peatones y ciudadanía en general), volcada en que todo visitante salga de aquí queriendo volver, queriendo quedarse. Eso no es cuestión de la concejalía de cultura o la de turismo, que también, sino una tarea de todos. De ser más abiertos, que eso no sea una quimera. Una Ávila que aprenda de lo que, en muchos sentidos, Segovia ya es. Siendo tan parecidas, allí se desprende vida o intentos de no zozobrar del todo, mientras aquí se desprende si no del todo muerte, como mínimo una desoladora resignación.

Esa realidad, esa dolorosa comparación, no es la Ávila que quiero.

Dinero público, exigencia pública (por Carlos Muñoz)

Comenzamos la semana con eso que está últimamente tan de moda, y que nosotros agradecemos tanto, que son las colaboraciones con Los 4 Palos. Es un lujo y un placer presentaros a Carlos Muñoz. Joven abulense creador, junto a otros, del blog La Colonoscopia, que ha dedicado un rato a escribirnos estas líneas. Si alguien más se apunta a la moda y quiere mandarnos unas líneas no tiene más que escribirnos al correo del blog [email protected] Aquí tenéis más indicaciones… 

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Dinero público, exigencia pública

La gente que le cae bien a todo el mundo no es de fiar, no pueden ser tan perfectos. Esa frase me la repite mucho un buen amigo. Y creo que lleva toda la razón. Algo de eso pasa con la Transición, la Constitución o la Monarquía, temas intocables hasta hace pocos años. Ya nos vamos dando cuenta que no eran tan bonitos, perfectos y relucientes como nos los pintaron. También algo de eso pasa en nuestra ciudad con la empresa Nissan.

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En los últimos premios de la Alcazaba, o rancioawards como los definiría el maestro Pedro Vera, había mucho de lo más casposo de nuestra ciudad. El actor de segunda venido a menos Juanjo Artero, la periodista y directora de uno de los programas más demagogos y criticados Ana Samboal, la empresa Nissan… un momento, ¿Nissan?

Desde el último libro de Pepe Colubi “California 83” no me reía tanto leyendo algo. Fue el mes pasado al ver ésta noticia. Nissan presentaba un ERE temporal para adaptar la producción. Poco después la propia empresa y los sindicatos llegaban a un acuerdo para evitar el ERE, acordando la posibilidad de aplicar hasta un máximo de 60 días laborables de no trabajo durante el ejercicio fiscal 2013.

¿Dónde está lo gracioso? dirán ustedes. Pues bien, la Junta de Castilla y León aprobó, a finales del pasado año, cuatro subvenciones para la factoría abulense por un importe cercano a los ocho millones de euros. Aproximadamente tres meses después de recibir ese dinero público, la factoría de Ávila anuncia el ERE.  No me negarán lo surrealista del asunto. Más aún cuando Nissan prevé un beneficio neto para 2013 de 3.140 millones de euros.

Es innegable la aportación de Nissan a Ávila, tanto por la cantidad de puestos de trabajo que ha aportado durante muchos años a la ciudad, como por los que mantiene. Además, como empresa privada, está en su absoluta libertad de contratar o despedir a sus trabajadores, tener su planta en Ávila (España) o en Ávila (Filipinas). Faltaría más. Pero cuando recibe una cantidad importante de dinero público la cosa es distinta, o al menos, debería serlo.

Nunca he defendido la aportación de dinero público a empresas privadas para mantener puestos de trabajo. Más aún cuando se recorta de forma brutal en Sanidad o Educación. Pero es que esos ocho millones ni si quiera están sirviendo para eso, como ha demostrado Nissan con su ERE, riéndose de los abulenses mientras sus beneficios superan los 3.000 millones de euros.

Que Nissan haya dado mucho a Ávila no quita para que esté expuesta a nuestras críticas y exigencias, que para eso, en parte, la financiamos. Nosotros por ahora hemos cumplido con nuestra parte con esos ocho millones de euros. Los premios, para cuando en vez de EREs, presente ofertas de trabajo.

La remontada

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Lieja-Hervencias-Lieja

Desde pequeñito me ha gustado el ciclismo. Tenía una gorra de Perico que me ponía para dar ánimos al segoviano en sus envites con Fabio Parra. Crecí teniendo una tirria considerable a Tony Rominger y sufrí viendo al Chava ser neutralizado en La Ronda, en mis narices, después de una intensa escapada en una etapa de la Vuelta por nuestras tierras. He pasado horas y horas de radio  con Ares y Linares y la serpiente multicolor y el pelotón en fila indiana. Si todo esto te suena, no te pierdas las historias de ciclismo que perlita a perlita da cada día Sergi López Egea en su twitter. 

El caso es que hace unos días ha sido la Lieja-Bastoña-Lieja y, por lo que se ve en esta foto, hay clásicos que nunca mueren. El ciclismo, si con talante le presuponemos limpio, es bello como ningún otro deporte. La última edición la ha ganado un irlandés, aunque bastante español hasta por el nombre.

En la Liège-Bastogne-Liège voy pensando mientras salgo del Carrefour camino del Sabeco, o Simply o como se llame ahora. Voy buscando un libro y no hay manera. A partir de aquí, disculpen los lectores la ida de olla y que me ponga a dos ruedas sin motivo, ya que me voy a salir de pedal de forma consciente para introducirme en los cerros de Úbeda, apellido también abulense y ciclista.

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Un trazado bonico del tó

Mi etapa comienza en Las Hervencias, intentando recortar camino para ir de una punta de la ciudad a la otra. Y, para ello, lo posiblemente más corto y a la vez más de jombres con pelo en pecho es introducirse en la Calle Bélgica. Es una calle como ninguna otra. Bendito sea el que la ideó. Ni con una escultura de cremallera gigante (#ohwait) sería mejorable. Susodicha vía es reconocida y reconocible por ser la que tiene los coches aparcados en el centro de la calle. De hecho, hay una especie de dibujo pintado en la calzada de dónde deberían dejarse los vehículos, que los vecinos cumplen según costumbre o gusto. Porque ¿para qué hacer una calle estándar, de las de toda la vida, si se podía idear algo chungo y estrambótico?

No es la única peculiaridad. Las rotondas tienen una acerita de separación de carriles que están especialmente diseñadas para que, si te despistas, te dejes la rueda en sus bordillos. Solo les falta tener tenacitas o pegar mordiscos al pasar los conductores, cuáles plantas carnívoras. Para mi intención, sería nuestro particular “Tonto de Alpe d’huez” (minuto 5 del vídeo, momento histórico).

Porque en lo que me voy acercando al Tiro Pichón, mi cabeza se está imaginando una idea. Lieja-Hervencias-Lieja. Una gran carrera por esta calle del demonio como gran atractivo, con los coches puestos en medio, los bordillos y los baches para que las ruedas no paren de traquetear. Un espectáculo fascinante por las calles de la No-Avila entre chalets vacíos de esa España que ya no volverá.

Imaginad los planos de helicóptero. “Próxima construcción de viviendas” (de aquí al siglo XXVII). Pasos de cebra para patinazos, cruces que si viviera gente y hubiera tráfico ahí, estarían bastante interesantes de vislumbrar los ceda al paso. Con palomitas. Parcelas a la venta, grúa que ya forma parte del paisaje.

Pero si avanzas hay más y mejor. A la izquierda, gran pancartón de “Vivienda protegida”. A la derecha, debajo, “La Calera”. O “La Bankiera” o lo que Rato haya dispuesto o deje de ello.

Liège-Bastogne-Liège 2010 dans la Côte de Saint-Roch (Flickr: “Hadche”)

Termino el recorrido por las calles europeas y acabo llegando a una rotonda, donde precisamente dejo pasar a dos ciclistas, vestidos del CSC de Sastre. Y es donde completo la trama. Ya está: creemos un nuevo clásico: “Carrefour-Sabeco”.  Lieja-Hervencias-Lieja. Vale que a lo mejor nos queda un poco corto, pero el espectáculo está garantizado. Imaginen a ese pelotón atravesando la Avenida de los Derechos Humanos, con esas rotondas homenaje a Satán que atentan contra el nombre de la misma. Imaginen a ese incombustible Paquito Mancebo, que sigue sufriente y combativo, con su bici de mountain bike pasando por encima de los adoquines, baches, bandas sonoras y elevaciones varias. Ganaría fijo, con la cabeza torcida pero firme.

Y luego ya se podría hacer un bonus stage, que seria comprar sin que una señora se te colase, o conseguir una sonrisa de la dependienta.

Pero vamos, que ya, que ya lo dejo. Que a estas alturas el post se me ha ido de las manos largamente…pero no me dirán que no lo van a pensar la próxima vez que atraviesen nuestra city capitol de gran galería comercial a gran… al Sabeco.

Pd: Para que todo resultara económico, al ganador se le podría premiar con unas Patatas Revolconas. Tomo la idea, magnífica, de nuestra bitácora amiga “Abulenses Exiliados”

Caza al bandido (por Luis Asiaín)

Tenemos la suerte de contar, por segunda vez en este blog, con la participación de Luis Asiaín. Y os recordamos a todos que podéis enviarnos vuestras colaboraciones. Aquí os decimos cómo.

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He aquí un relato que refleja la desesperación de los partidos políticos en el momento presente. Me siento tan ofendido que, dado el agravio, me acabo de servir una copa de vino y me dispongo a escribir sin filtro. Como si fuese un tertuliano de la TDT –hasta ese nivel estoy dispuesto a bajar–.

Al llegar a mi domicilio hace escasos diez minutos, me he topado con una carta en el buzón que me ha herido la sensibilidad de manera obscena; quizá herir es poco… me ha causado un intenso y profundo sentimiento de violencia. Ahora mismo, en caliente y si de mi dependiera, estallaría la tercera guerra mundial… y en esta ocasión los bandos no serían tan emblemáticos o cinematográficos como antaño. Organizaría una caza sin tregua en todos los países contendientes, movilizaría a los ejércitos, a las fuerzas de seguridad del estado, a los servicios de inteligencia, a los bomberos, a mercenarios, a presos y delincuentes comunes, a amas de casa, abuelas, vecinos, ciudadanos en general, todo ello para identificar y localizar con una precisión milimétrica dónde se encuentra el enemigo. Quizá sean pocos y cobardes, pero son un grupo de impúdicas y siniestras figuras instaladas en sitios que dañan al conjunto de la ciudadanía, al bien común. Son, manque les pese a muchos, un cáncer. Y el cáncer sólo se cura con quimio y radioterapia –de momento–, en el peor de los casos… hay que operar, amputar, mutilar, extirpar. Toda esa movilización para intentar ‘curar al paciente’. En todos los países, en todas partes, tal sería el alcance de mi tercera guerra mundial.

Las mentes más despreciables, menos empáticas, más hipócritas, más mentirosas, más criminales, más despóticas, más sádicas, más irresponsables, más cínicas, más miserables, menos solidarias, más egoístas, están instaladas sobre un redil de mansos terneros a los que poder ir pellizcando para solaz y divertimento del Olimpo. Angelitos… En general, a este grupo selecto le divierte el delinquir de almuerzo y corbata; son profesionales con… vocación de servicio público… ¡ja! Siempre y cuando eso de ‘servicio público’ lleve implícito una serie de derechos de privilegio por encima del común de los mortales, del populacho –hasta el móvil corre de nuestra cuenta–. En la base suelen quedar aquellos que no sirven para delinquir, no son lo suficientemente inteligentes o de verdad se creyeron el bucólico cuento que andan representando –pobres–. Por el embudo del poder solo van avanzando aquellos que son lo suficientemente corrosivos y miserables como para progresar en esa truculenta jerarquía hacia el infierno. No es la punta de una pirámide, no es una jerarquía hacia arriba… es un desagüe, un sumidero, un canalón hacia el inframundo, hacia una cloaca moral. En efecto, a eso lo llaman progresar dentro de sus propias estructuras. El imaginario colectivo ha interiorizado que ese progreso es hacia arriba, pero no lo es en ningún caso; su avance es hacia abajo, hacia el desagüe repito. De modo que al abrir la carta, esta fue la reflexión que irrumpió inmediatamente en mi mente. Por eso digo y repito, que de haber dependido de mi, aquí se habría montado la tercera guerra mundial.

Y es que están total y absolutamente desesperados, eso es lo que está pasando. La carta no tenía nada fuera de lo común: típica correspondencia anodina y automatizada del banco, un extracto bancario como tantos otros. No era una amenaza personal e intimidatoria, no era una carta de extorsión, de chantaje. Nada de eso. El susto vino al ver de qué se trataba: la cuota anual de 2013 de un partido político ¿CÓMO?… ¿QUÉ?… pasado por mi cuenta y a nombre de mi madre... ¿PERO QUÉ COJ…. ? Con una nota en el concepto que reza lo siguiente:

Para cualquier aclaración dirigirse con esta nota de adeudo a la entidad indicada, la cual ha facilitado esta información.

Como diciendo pío pío que yo no he sido, a mi que me registren. Profesionales.

Vaya… ¿la crisis quizá? ¿la estamos notando ya? Es totalmente comprensible, yo fui autónomo durante años y ni derecho a paro me quedó. Del último trabajo que he tenido me despidieron en  siete minutos –no quise hacer guardias por 1€/hora todos los días de 23:00 a 10:00, más la correspondiente jornada laboral durante el día– , también sin derecho a paro ni finiquito (en virtud a ese nuevo modelo de contrato de apoyo al emprendedor, donde a alguien se le olvidó introducir la clausula del derecho de pernada; supongo que ya para la próxima reforma la cosa quedará fetén).

Soy plenamente consciente de que perder el arropo y tranquilidad que da recibir un sobrecito al mes que complemente los ingresos de los señores y señoras en nómina complica las cosas, lo pone todo más difícil. ¡Y tanto maldita sea! Ya me hago cargo… lo entiendo en primera persona ya que la última vez que yo pude disfrutar de los ahora famosos gastos de representación fue en una polución nocturna que tuve durante un sueño en mi época adolescente. Me impactó tanto que aún hoy disfruto en diferido del recuerdo de aquella gloriosa intumescencia. Qué recuerdos. Ahora sé que en aquellos mismos años de mi adolescencia, había más gente disfrutando de esos maravillosos gastos de representación. Aunque en su caso no lo hacían en sueños, como un humilde servidor. Y de aquellos polvos estos lodos, ¿verdad? Cierto es que mis polvos eran oníricos –de ahí que esté en situación de ser despedido en cuestión de minutos, o que se me proponga amablemente guardias de 1€ la hora–; pero los hubo que no se movieron en el terreno de lo onírico… ayyy… ¡el señorío y la gallardía!

Pero es verdad qué demonios… la cosa está muy difícil y cualquier recurso es legítimo, ¿si lo fue en su día no lo va a ser ahora? Haber alimentado una burbuja flatulenta en nuestra economía puede que haya tenido alguna desventaja, pero a lo hecho pecho ¿A qué viene ese espíritu derrotista? Esa gente me pone nervioso. Hay que mirar hacia el futuro… siempre al futuro; que manía con querer revivir el pasado. Y eso sí, ante todo dignidad y como decía la tonadillera ‘Dientes, dientes… que es lo que les jode’ –por cierto, condenada por blanqueo de capitales; qué cosas–.

Yo imagino que los lectores que lean este escrito pensarán… madre mía la ventolera que le ha entrado a este tipo por un recibo mal pasado. ¡Devuélvase! Y que se pase por la cuenta correcta. Pues sí… qué demonios. Quizá también es verdad y me lo he tomado demasiado a pecho, o quizá es fruto del segundo vaso de vino que me va regando el gaznate mientras sigo escribiendo estas palabras. Pues es posible.

Claro… que también es posible que el hecho de que mi madre lleve muerta diez años puede haber intensificado un poco mi reacción. En fin, no sé… por aquello de que en diez años no se han pasado recibos de ningún tipo y ahora, de repente, se carga un recibo en mi cuenta personal de la cuota anual de un partido a nombre de una persona que falleció hace diez años. Ya no sé si es el efecto etílico o de veras soy una persona tendenciosa que distorsiona los hechos y la realidad para hacer daño innecesariamente. Por un momento me asaltaron los famosos casos de tesoreros delincuentes que tanto han dado que hablar… igual, a falta de un buen sistema de reparto, habrá que ir echando mano a las cuentas de los muertos. Vamos, que aunque después de diez años ya no quede ni rastro, por lo menos por intentarlo tampoco pasa nada. Luego es cuestión de escribir en el concepto:

Para cualquier aclaración dirigirse con esta nota de adeudo a la entidad indicada, la cual ha facilitado esta información.

Y aquí paz y después gloria. Desde luego que tendré una conversación con quién la tenga que tener para aclarar lo que haya que aclarar.

Pero no deja de ser paradójico que un partido pase una cuota anual por la cuenta del hijo de una fallecida hace una década y en nombre de ésta… a ver si cuela. ¿Me convierte esto en afiliado de pleno derecho? ¿tendré carnet? ¿y ese carnet me dará trabajo? ¿o debo además de afiliarme, atropellar a alguien en el extranjero, estafar, malversar o trajinar con fajos de billetes de 500 como el que vende paquetes de pañuelos de papel en los semáforos? A mi no me importaría dedicarme a la compraventa de Arte –que es como lo llaman ahora los… ‘emprendedores’– . Si hace falta, yo también puedo ser emprendedor y lo que sea menester. El panorama no es muy alentador y la verdad, para andar haciendo guardias a un euro la hora, entiendo que haya muchos que prefieran hacerse amigos de lo público y también de lo ajeno –y si lo ajeno está muerto, mejor aún–.

Intento hacerme la composición de lugar… imaginar qué resorte se ha debido articular para que una cosa tan pintoresca haya sucedido. Imagino la gestión milimétrica que tendrán que hacer los partidos ahora, cuyos afiliados huyen de ellos como el que huye de la peste bubónica; que las comisiones y mordidas brillan por su ausencia; que por mor de la reducción del déficit el personal ya no puede trincar con tanta alegría. En fin… no es para menos. Y es que a pesar de que un partido no viva de las cuotas de sus afiliados y sí de las subvenciones de dinero público… ¿Cuesta salir adelante verdad? Cuesta incluso cuando tienes que estar al día con Hacienda –sin amnistías– y ese tipo de cosas; cuesta cuando no te queda nada; cuesta cuando vas perdiendo derechos; cuesta cuando declaras aquí lo poco que tienes y no en Suiza. Cuesta. Si encima van y te domicilian en la cuenta las supuestas cuotas anuales de tu madre –fallecida para más señas–, pues eso… que se te hace cuesta arriba el día. Un poco nada más. Y que conste que no se trata del importe adeudado, que por poco que sea… es, nos pongamos como nos pongamos… obsceno. Como obscena es la impunidad de las anquilosadas estructuras de poder de este país.

Que nadie me malinterprete, que el vino no ha llegado aún a entorpecer mi juicio –todo se andará–, pero aquí está claro que se cazó al tesorero de un partido, pero el que piense que estamos ante un problema exclusivo de una parte… va listo. No sé qué hace este recibo de mi madre abonado en mi cuenta, pero no me extrañaría que lo mismo estuviese sucediendo con recibos de otros partidos. Y es que en el fondo eso es lo que está pasando… están desesperados… pienso disfrutar viéndolos caer a todos. Nadie me quitará ese placer. La visión políticamente correcta de: ‘a pesar de sus errores son lo poco que tenemos, ha costado mucho esfuerzo conseguir lo que tenemos’ y bla, bla, bla… Y si tanto costó conseguir lo que tenemos: ¿no se lo están cargando con inusitada facilidad e impunidad?

Yo, de momento, tengo un recibo que devolver y un vaso de vino que terminar.

Poco más se puede añadir a semejante despropósito. Así va el país.

Sin más asunto…

Comuneros de Ávila

Comuneros abulenses,

comunero altivos

decidme, ¿de quién son esos aullidos?

Carlos V, en Yuste, una soleada tarde de abril (apócrifo)

 

El año pasado, en estas mismas entrañables fechas, traje a este rinconcito un breve texto -bueno, no tan breve- sobre el movimiento comunero, intentando ir un poco más allá del relato cronológico de los acontecimientos bélicos y políticos. Hoy, como complemento a aquel texto, que recomiendo leer o releer antes de este, nos subimos de nuevo a nuestros campanarios y, tras saludar a las cigüeñas, abordamos el movimiento comunero en nuestra ciudad. ¿Ávila del Rey fue alguna vez Ávila de los Comuneros?

¿Cómo eran Ávila y Castilla a principios del S. XVI?

Físicamente, la ciudad sería muy parecida a la que años después retrataría Anton Van Den Wyngaerde desde el cerro de San Mateo, una ciudad que el siciliano Lucio Marineo Sículo describe como “civitas memorabilis turribus et propugnaculis tuta” (ciudad memorable, toda de torres y murallas). Sin ser una de las grandes ciudades de la península, unos 8600 habitantes en 1524 según el historiador Serafín de Tapia, Ávila era una ciudad con cierto peso dentro de la Corona. Era una de las 18 ciudades castellanas con derecho a enviar procuradores a las cortes y contaba con una economía pujante centrada en la industria pañera, sector que llegó a ocupar a más de la mitad de los activos. A pesar de esto, el peso y poder de la nobleza era mayor que en otras ciudades de la corona, entre otras cosas porque la reciente expulsión de los judíos -la comunidad judía abulense era la más numerosa y, probablemente, la más rica de Castilla- había debilitado sobremanera a la incipiente burguesía local. Mientras en otras ciudades la nobleza se había visto obligada a compartir el poder y el gobierno de la ciudad, en Ávila la élite monopolizó durante tres siglos las instituciones urbanas.

Para hablar de la Corona voy a citar al historiador de ojos azules más guapo, simpático y amable que conozco: yo mismo. ¿Cómo estaba Castilla a principios del S. XVI? (Los que me hayan hecho caso al principio y se hayan leído la entrada del año pasado pueden pasar a las siguientes negritas)

La Corona de Castilla se enfrentaba, a comienzos de siglo, a una triple crisis: política, económica y social. Desde la muerte de Isabel, en 1504, el reino había cambiado de manos en numerosas ocasiones mientras la nobleza intentaba aprovechar esta inestabilidad maniobrando en las cloacas de la corte para hacerse con un mayor poder en detrimento de la monarquía y de las ciudades. La Administración, a falta de un poder central fuerte, cayó en manos de burócratas y funcionarios que acumulaban cargos e influencias en su propio favor y que no dudaban en esquilmar las arcas del reino, de las ciudades o de los particulares si la ocasión se tornaba propicia. Por si fuera poco, tras décadas de crecimiento, la economía de Castilla flaqueaba afectada por las malas cosechas, las epidemias y una regulación comercial que buscaba el beneficio rápido con la exportación de materias primas perjudicando a la incipiente industria local y en general a las cuentas del reino, que continuamente necesitado de capitales asfixiaba a la población con impuestos.

La rebelión

1519, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano estira la pata y su nieto Carlos, que lleva un par de años intentando introducir el tulipán en la península ibérica mientras su madre pasea la momia de un gato alrededor de su cama, presenta su candidatura a tan alta distinción. Esto es una forma de hablar, claro, porque lo que hicieron Carlos y sus partidarios fue comprar la Corona. En 1520, para sufragar los gastos de su coronación y el viaje, Carlos convoca a las ciudades de Castilla a cortes en Santiago de Compostela. Las convoca con pocas ganas: tiene fresco el recuerdo de las Cortes de Valladolid de 1518 donde los representantes de las ciudades no se mostraron especialmente amables con él y con su corte flamenca. Además, Toledo, una de las principales ciudades de la Corona, andaba malmetiendo contra él desde hacía meses con el apoyo de determinados sectores del clero.

A las Cortes, que primero se celebran en Santiago y luego en La Coruña, acuden en nombre de la ciudad de Ávila Diego Fernández Dávila y Juan de Henao con un mandato claro: solo acceder a los ruegos del monarca si este se comprometía a aceptar las condiciones que las ciudades le impusieran. Ante esto, Carlos, que siempre tuvo las cosas claras, recurre al soborno y la extorsión para conseguir el voto favorable de los procuradores. Por ejemplo, el abulense Diego Fernández Dávila recibe 400 ducados, lo que vendría a ser, aproximadamente, el sueldo anual de 15 jornaleros. Al procurador segoviano, Rodrigo de Tordesillas, el rey le concedió un puesto en la ceca local, puesto que no llegó a estrenar pues nada más ponerse a la sombra del acueducto el respetable lo linchó.

En Ávila la sangre no llegó al rio, básicamente porque no había sangre que hacer correr: los procuradores abulenses se negaron a volver a la ciudad a pesar de la continúa reclamación de explicaciones por parte de esta. El 14 de junio, ante los movimientos de Toledo para organizar una reunión de las ciudades con voto en cortes, Carlos I envía una misiva a la ciudad para ordenar a sus regidores que no acudan a ningún contubernio. Pero ya era tarde, la revuelta ya estaba en marcha y, a propuesta de Toledo, a finales de julio de 1520 se constituye en Ávila la Santa Junta, el órgano de gobierno comunero.

Ávila comunera.

En paralelo a las reuniones de la Santa Junta, en la ciudad, como en todas las que triunfó la revolución se configuró un órgano de poder municipal alternativo al Concejo que reunía a algunos (14 para ser mas exactos) de los notables de la ciudad: una asamblea que respondía al nombre de “Congregación e Junta General de Ávila” en la que participaban miembros de la nobleza (caballeros e hidalgos), el clero y diputados elegidos por los ciudadanos de los distintos barrios de la ciudad. En concreto dos diputados, que recibían el nombre de “tomados”, por cada uno de los seis barrios o cuadrillas de la ciudad: San Juan, San Esteban, San Andrés, San Pedro, San Nicolás y La Trinidad. Cada barrio contaba además con su propia asamblea y con una milicia ciudadana. La Congregación asumiría, durante los 10 meses que duró la revolución, los poderes que correspondían al Concejo (recaudación de impuestos, orden público, nombramientos…) reservando a este un papel testimonial. La actuación de la Junta local provocó inmediatamente roces con los representantes tradicionales del poder real, que se saldaron, entre otras cosas, con la expulsión en octubre de 1520 del Corregidor, Pedro de Zuñiga, que en un principio acudía también a las reuniones de la Comunidad, previa retirada de los símbolos de su cargo por parte de un tundidor llamado Alberto Cogote. Un mes antes, en una reunión celebrada en la capilla de San Bernabé de la Catedral, la Congregación otorgó a tres personas poder para representarla ante la Junta General, la Santa Junta, que abandona la ciudad camino de Tordesillas. Los tres elegidos fueron: Sancho Sánchez Cimbrón, caballero miembro del Concejo que posteriormente se convertiría, junto al también abulense Antón Vázquez Dávila, en embajador de los Comuneros ante el Emperador; Gómez Dávila, un acaudalado caballero; y Diego del Esquina, letrado.

A pesar de lo dicho, la ciudad no fue de las más fervientes partidarias de la comunidad, ni el movimiento contó con el respaldo unánime de la población aunque edta compartiera mayoritariamente los objetivos de la comunidad. Por ponerles un ejemplo, aunque la Santa Junta se reunía en la ciudad y a sus encuentros acudían numerosos vecinos, Ávila no contó con representación oficial en la misma hasta poco antes de que esta abandonara la ciudad. Y en cuanto las cosas se torcieron, en especial tras la derrota de los ejércitos comuneros en Tordesillas, muchos se pusieron de perfil y empezaron a tender puentes con los realistas, entre los que se encontraban ya alguno de los antiguos comuneros abulenses. Tampoco se registraron en la ciudad episodios especialmente violentos durante los diez meses de revolución: los más favorables al monarca abandonaron la ciudad en cuanto vieron el peligro, el alcaide del alcázar alcanzó con los comuneros un pacto de no agresión y tan solo las posesiones de cuatro personas (Pedro Dávila, Antonio Ponce, Francisco de Pajares y Diego de Vera) fueron tomadas o destruidas por los rebeldes.

Ávila tras la derrota de Villalar

Aunque es posible que las milicias de los barrios presentasen algún tipo de resistencia, nada más conocerse la derrota de los ejércitos comuneros a las afueras de Villalar, la Junta local, que ya no se autodenomina así, escribe al Cardenal Adriano solicitando misericordia para los soldados y capitanes abulenses y nombra a dos personas (el noble Pedro de Ávila, posterior Marqués de Las Navas, y al rico comerciante Cristóbal del Barco) cercanas a los realistas para negociar el perdón colectivo de la ciudad y de los comuneros locales.

A pesar de que ese perdón terminó por llegar en la mayoría de los casos, la ciudad y sus habitantes tuvieron que hacer frente a cuantiosas indemnizaciones a la corona, a las ciudades leales atacadas por las tropas rebeldes y a los afectados por el levantamiento comunero. Además, años después de sofocado el movimiento comunero, las ciudades seguían cargando con el estigma de haberse enfrentado al rey. Cuenta Serafín de Tapia, citando a Cabrera de Córdoba, funcionario de la corte de Felipe II, que cuando éste reprocho al rey la excesiva dureza con la que castigaba, tras la aparición de unos panfletos contra su política fiscal, a una ciudad que tantos hombres y capitanes le había dado, el monarca le contestó: “Es verdad, mas ¿no depusieron ahí al rey Enrique y favorecieron a Juan de Padilla, tirano?”

¿Quienes fueron los comuneros abulenses? Los exceptuados del perdón

Si duras fueron las condiciones de la revuelta para el conjunto de la ciudad, más lo fueron para los principales cabecillas locales del movimiento comunero. Tras Villalar, los ganadores comenzaron a realizar listas con los nombre de aquellos que habían osado levantarse contra el Emperador. Este, tras regresar a España en 1522, promulgó una amnistía general de la que excluyó a 293 personas, las más representativas del movimiento que seguían con vida. Entre estos exceptuados figuran, aunque se echa algún nombre en falta, 22 abulenses (13 nobles, un clérigo, dos notarios y 6 trabajadores manuales): Gómez Dávila, Suero del Águila, Sancho Sánchez Cimbrón, Juan de Palomares, Cristóbal de Villaruel, Gil González Dávila, Alvaro de Bracamonte, Critóbal de Henao, Francisco de Palomares, Cristóbal Álvarez, Alonso Álvares, Álvaro Serrao, Juan de la Vega, el deán Alonso de Pliego, Gabriel López, Juan de Herrera, Pedro de Fontiveros, Luis, Pedro Calero, Tomé Hernández, Juan de Osma y Blas Hernández.

En los años siguientes, algunos de ellos compraron el perdón real y otros lo consiguieron por intercesión de la ciudad, que lo reclamó por medio de sus procuradores en cada reunión de Cortes. Otros no alcanzaron nunca el perdón real y muchos, a pesar de lograrlo, perdieron posesiones y cargos. Alguno de ellos, incluso, desapareció para siempre y hasta nuestros días de las crónicas locales.

Y es que ya se sabe, los nombres de las calles siempre los ponen los concejales de urbanismo de los vencedores.

 

Un café con… Jesús Barros

Hoy he quedado con un periodista. Un joven afincado en Ávila desde hace seis años y que reparte su tiempo entre la música, el periodismo y el deporte, como él mismo me dice. Mi interlocutor de hoy se llama Jesús Barros García y es una de las caras visibles de la televisión local, La 8 de Ávila. Si sois de los que consumís esta cadena seguro que le habéis visto alguna vez asomar la cara por la pantalla, bien sea un martes o un miércoles por la noche en el programa Ávila es así que él mismo presenta, o en alguno de los informativos locales, aunque es algo más complicado verle en este  espacio ya que no suele ser el habitual presentador…

Jesús Barros tiene 29 años y un proyecto muy interesante que es el que me incita a traerlo a este rincón. Tras pedir nuestros cafés y sentarnos tranquilamente comenzamos una charla que resulta muy amena e interesante. Comienzo por que me explique lo de la música, el periodismo y el deporte. “Ejercí de músico. Tocaba en un grupo que se llamaba Naïf. Comencé por la guitarra, me pasé luego al bajo y acabé pegándole a la bartería”. No me sorprende esta evolución, es más, acabo casi yo la frase… Ibas cubriendo huecos a medida que se iba necesitando en el grupo, ¿no? “Eso es…”. Jesús tiene esperanza en retomar el asunto de la música en un futuro, el grupo se disuelve porque “al final, por cuestiones de la vida, cada uno tiró para su lado. Unos lo dejaron del todo, otros esperan volver, como yo, y otro intenta ganarse la vida con ella”. Yo conozco a Barros por su faceta de periodista, como la mayoría de vosotros, le pregunto por este aspecto de su vida. “Lo que me da la vida, una profesión tan bonita que el día no tiene horas suficientes para poder dedicarse a ella”. Una profesión bastante denostada también, ¿no? “Sí, sí. Bastante. Pero como yo digo, desde que estudiaba en la facultad, la precariedad la fomentamos nosotros mismos”. Toda la razón.

Aparte de esto… Dice que ahora le gusta mucho el deporte. Me sorprende ese ahora… “Cuando llego aquí a Ávila, hace unos seis años, después de trabajar en Zamora y Salamanca, comencé a trabajar y al salir el primer día dije: mes de abril, luce el sol, voy a dar una vuelta por el centro y a tomarme algo… Llegué al Grande y… ¿Dónde estaba la gente? No había nadie, está todo cerrado, no había casi dónde tomar una caña… El segundo día, salí de trabajar y no me apetecía meterme en casa, hacía medio bueno, pero el plan del día anterior ya había visto que tampoco era viable, así que me fui a correr. Desde entonces que comencé, hasta ahora… “ Vale, ya sabemos qué empuja a este chico a hacer deporte de forma regular, llegamos al punto de partida de la verdadera historia que queremos contaros hoy. La forma en la que Jesús quiere sacarle provecho a correr. ¿Cómo?

“Yo en el deporte, en realidad, soy regular… Hay un termino que se llama ‘globero’ que es con el que se denomina a los deportistas paquetes. Yo soy un globero, pero creo que, por otro lado, soy buen motivador de personas. Hace dos años convencí a un par de amigos para que corrieran conmigo la San Silvestre de Salamanca, no habían corrido una prueba así en su vida, les piqué, les gustó y les convencí para, el verano siguiente, hacer un triatlón, lo hicimos, les gustó y nos hemos quedado enganchados del deporte los tres desde entonces. Finalmente fuimos a correr el triatlón de Sevilla. Vino gente a vernos, a animarmos y este año hemos estado motivándoles y animándoles para que hagan la prueba también con nosotros. Al final nos hemos juntado siete personas para correr el triatlón de Sevilla este año y hemos decidido sacarle algo de rendimiento económico creando ‘Yo corro, tú donas’“. Pero el beneficio que obtengáis no es para vosotros, ¿no? “No, no. Para nada. Nosotros nos pagamos todos los gastos de desplazamiento y alojamiento para poder disputar la prueba y lo que recaudemos lo donaremos a una asociación que se llama Pyfano que trabaja con familiares de niños enfermos de cáncer a nivel regional, de Castilla y León.”

Por partes. ¿Qué es un triatlón? “Un triatlón es un reto deportivo, una prueba de resistencia física y mental. Hay varias categorías, la más dura se denomina IronMan y consiste en 4 kilómetros nadando, 180 en bicicleta y una maratón de 42 kilómetros corriendo. Nosotros, coscientes de nuestras posibilidades, vamos a hacer 750 metros nadando, 20 kilómetros en bicicleta y cinco corriendo. Son distancias serias para entrenarlas a conciencia pero asequibles para nosotros”. ¿Y cómo se recauda dinero con un triatlón? “Esa pregunta me la he hecho yo durante mucho tiempo. Después de varios consejos nos hemos decantado por un método similar a la Marcha de Pronisa. En ella se patrocia a la gente por kilómetro andado, a nosotros se nos patrocina por cada uno de los sectores pero partiendo de una cantidad simbólica inicial de 2 euros por tomar la salida. Cada una de las pruebas la valoramos en 1 euro por lo que si yo termino las tres pruebas me patrocinarías con un máximo de 5 euros”. Y cómo puede colaborar con vosotros la gente que lea esto y que no os tenga tan a mano como te tengo yo a ti aquí. “Lo más fácil es hacerlo por la página web de Yo corro tú donas. En ella tenemos un número de cuenta en el cual la gente puede hacer sus aportaciones de 5 euros. Nosotros estamos en varias ciudades. Ávila, Salamanca, Valladolid, Sevilla y Madrid. Aún así, lo más fácil, es donar por la propia página web haciendo una transferencia bancaria o ingresando directamente en el número de cuenta en cualquier sucursal de uno-e que es el banco en el que hemos abierto la cuenta.”

Me gusta la idea, creo que siempre que las cosas se hacen con buen fondo tienen un buen final. El triatlón de Sevilla es el primero pero, ¿habrá más? “A mi me gustaría que esta marca llamada Yo corro tu donas y que hemos puesto en marcha nosotros tenga duración en el tiempo pero estas cosas hay que saber cuándo hacerlo, cómo hacerlo y, sobre todo, por quién hacerlo. Creo que estaría bien hacer uno o dos eventos al año, siempre ligado al mundo del deporte que al fin y al cabo es hacer un esfuerzo personal en pro de una buena causa”. Y como me ha dicho que en esta ocasión lo hacen por Pyfano le pido que me cuente más sobre esta asociación…

“Siempre que se piensa en asociaciones a las que donar o ayudar, siempre que se busca con quien colaborar por una buena causa te vienen a la cabeza Cáritas, Unicef… Asociaciones que ya tienen tanto nombre y están tan reconocidas que creemos que deben de ser capaces, a estas altura, de ser autosuficientes. Nosotros hemos pensado en Pyfano porque conocemos su trabajo por la prensa y por internet y han perdido gran parte de ayudas y subvenciones que recibían. Comenzaron siendo 16 familias con niños afectados por algún tipo de cáncer y aunaron fuerzas para constituir esta asociación. Desde su inicio ayudan a las familias en la atención de los niños en el hospital, facilitan pisos a los familiares que tienen que desplazarse por el ingreso de alguno de sus hijos para facilitarles el estar cerca de él. Esto sucede sobre todo en Salamanca que es donde está la sede de Pyfano y donde está en centro de referencia de la región en tratamiento de cáncer infantil, refuerzan el apoyo escolar de los niños ingresados… Hacen una gran labor de apoyo y atención y creemos que es una labor social muy importante ya que también ayudan en la investigación de la enfermedad.” Le propongo una porra. ¿Cuántos de los siete crees que acaban las tres pruebas? “Todos”. Dice convencido. “El fondo solidario de nuestro proyecto nos va empujar a terminarlo a todos, es la motivación extra que necesitamos para echar el resto, la gente que ha confiado en nosotros y la ayuda que vamos a prestar con nuestro esfuerzo. Pensando en eso en lo momentos en que nos fallen las piernas lograremos sacar fuerzas de donde sea para llegar al final. Estoy seguro, acabamos los siete”.

A mí estas cosas me gustan. Creo en ellas y creo en Jesús y la gente que está con él esforzándose por ayudar a esta asociación. Lo tengo muy claro y por eso le digo… Tú corres, yo dono, mientras extiendo mis 5 euros encima de la mesa. Agradecido los recoge con un gesto de gratitud y confianza que me hace pensar que sí, acaban la prueba y que están haciendo algo grande e importante.

Terminamos la charla, está todo dicho. Sólo os pido un pequeño esfuerzo a quienes leáis esta entrada. Pasad por la web de Yo corro tu donas y si os parece la mitad de intersante que a mí, aportad vuestro patrocinio a los globeros solidarios.

Gracias por el rato y por la charla, Jesús, suerte y esperamos que nos cuentes a vuestro regreso de Sevilla.

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