Josefina Carabias, por M.A. Hernández (2 de 2)

…Viene de aquí.

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En aquella frustrada Segunda República se produjo un hito muy importante en la lucha por la igualdad: las mujeres lograron el derecho al voto por primera vez en las elecciones locales celebradas el 23 de abril de 1936. Un día antes Estampa publica un largo artículo de Josefina Carabias titulado ¡Mujeres, a votar!”.

Llevó a cabo eso que se conoce como “periodismo de inmersión” y se hizo pasar por camarera de habitación en el Hotel Palace de Madrid, donde trabajó durante una semana con el nombre ficticio de Carmen de la Peña, sin que nadie sospechara que en realidad estaba escribiendo un reportaje que se publicó en cuatro entregas con el título “Ocho días en un hotel de Madrid”. Era tal la popularidad que alcanzaron sus reportajes que se anunciaban a bombo y platillo.

Pero esta prometedora carrera quedó truncada por la Guerra Civil. En 1936 Josefina estaba en lo más alto de su carrera. Tenía 28 años y llevaba seis saliendo con un joven prometedor, José Rico Godoy. Decidieron casarse. Y lo hicieron el 15 de abril de 1936. Una foto de su boda aparece días después en Estampa.

Tres meses después se produce el golpe de Estado contra la República y comienza la Guerra Civil. En septiembre aparece en la prensa su nombramiento como redactora-jefe del informativo radiofónico “La Palabra”.  

En noviembre, los recién casados, conocidos por su adhesión a la República, huyen a Alicante y de allí a Francia, para no verse envueltos en la contienda. En París viven Pepe y Pepita, hasta abril de 1939.

El 1 de abril de ese año, el General Franco firma el famoso último parte de guerra. La contienda ha terminado. Comienza la dictadura. Pepe Rico Godoy decide volver a España, confiando en no tener problemas al no haber participado en la guerra. Pero se equivoca. Es detenido en Burgos, días después de cruzar la frontera, y es llevado a la cárcel.

Josefina Carabias se queda sola en París. Sola y embarazada. Mientras su marido es un preso político en España, ella da a luz a una niña y la llama Carmen, en honor a su propia madre, a la que hace ya cuatro años que no ve. Carmen Rico Carabias o, como ella firmará en un futuro, Carmen Rico-Godoy, nace en agosto de 1939. Un mes después, Alemania invade Polonia. Ha comenzado la Segunda Guerra Mundial.

Ella, que no había pasado las penurias de la Guerra Civil, sí sufrió las de la Segunda Guerra Mundial. Al llegar a España escribe un libro titulado “Los alemanes en Francia vistos por una española” en el que recoge parte de lo vivido. Y lo hace como solía escribir sus crónicas, con sencillez y con un sentido del humor que no logra esconder la crítica ante la sinrazón de la guerra. Cuando los alemanes ocupan París, huye de la capital hacia el sur, cerca de la frontera con España.

Nadie quiere darle alojamiento y las autoridades locales no le quieren renovar la cartilla de racionamiento. Ante la falta de ayuda acude al comandante alemán que tiene el mando en aquella plaza y consigue una habitación y comida para su hija. Paradójicamente recibe ayuda de los alemanes que ven a España como un aliado político

Consigue alojamiento en un hotel ocupado por el ejército alemán y en el que guardaban reposo los oficiales que volvían del frente del Este. Su hija, Carmen Rico Godoy, contará años después, en el prólogo de la reedición de ese libro,  que aquellos soldados la adoptaron como mascota. Le cantaban canciones y le regalaban chocolate.

Allí permanecen ambas hasta 1943. José Rico, sale de la cárcel y Pepita deja la Francia todavía ocupada y vuelve a Madrid para reencontrarse con él. Entonces, con cuatro años, Carmen Rico Godoy conoce a su padre.

Josefina Carabias llegó a la España de la posguerra para encontrar un país muy distinto del que describía en sus artículos hacía solo diez años. Tenía un pasado pro República y progresista que no sería bien visto en la Nueva España, esa que instauró Franco. Así que firma ese primer libro sobre la ocupación de Francia por los alemanes con un pseudónimo, Carmen Moreno. Y lo dedica a su hija, Carmencita, coprotagonista del relato.

José y Josefina tenían que empezar de nuevo. Él estudia Ciencias Económicas. Ella tiene a su segunda hija, Mercedes. Y por fin, en 1948, vuelve a trabajar en un medio de comunicación, un periódico vespertino, Informaciones, pero como secretaria del director. Escribe sin firmar.

Pero pronto eso cambia. Gracias a su tesón, trabajo y talento, a mediados de los cincuenta ya era de nuevo una periodista reconocida dentro y fuera de la profesión.  En 1952 le conceden el Premio Luca de Tena,  que entregaba el diario ABC, en reconocimiento a un artículo publicado el año anterior en “Informaciones” y titulado “El congreso se divierte”.

A los 46 años rompe otra barrera y se convierte en la primera mujer que trabaja como corresponsal en el extranjero. Cuentan sus hijas que tres grandes diarios Informaciones de Madrid, El Noticiero Universal de Barcelona y La Gaceta del Norte de Bilbao se unen para enviarle a Washington. Le pagaban 1.000 dólares, de los de entonces, al mes. Un sueldo que sus propias hijas califican de “insólito”. Se traslada a Estados Unidos y con ella van su marido y sus hijas. No debía ser muy común entonces que el hombre se adaptara a la vida laboral de la mujer. Allí está cuatro años pero no termina de gustarle. Después será corresponsal en París durante ocho años.

Vuelve a Madrid y en los años 70 comenta la transición política y social que vive España con una columna que publica el diario Ya bajo el título “Escribe Josefina Carabias” y que aparece también en al menos una decena de periódicos de provincias.  En 1979 decide dejar de escribir un artículo diario. Pero no colgar la pluma. Escribe una biografía de Azaña titulada “Los que le llamábamos don Manuel” y, según sus hijas, habla de trabajar en  sus memorias. Murió unos meses después, en septiembre de 1980.

En 2008, en el centenario de su nacimiento, se le rindió homenaje en su pueblo, Arenas de San Pedro. El centro cultural lleva su nombre. Pero ella es casi una desconocida para la memoria colectiva de esta provincia. Cambiemos eso.

Mª Ángeles Hernández.

7 Responses to Josefina Carabias, por M.A. Hernández (2 de 2)

  1. Guillermo B. says:

    Muy buena colaboración, y muy buen recuerdo a una gran mujer. Añado a título propio su relación con el mundo del toro, todo aficionado que tenga el libro de Chaves Nogales sobre Belmonte apreciará su colaboración.
    Un breve comentario, y es que pese a su orientación republicana, Carabias representa una española que triunfó durante el franquismo. Sin quitar un ápice de crueldad a aquella dictadura, es un ejemplo más que nos ha de hacer reflexionar que un país no se para durante 36 años, que la vida sigue, y que la sociedad se amolda, y que incluso en los entornos más adversos crecen las flores. Que tendemos a despreciar el arte o la creación de aquellos años, y tiene un valor equiparable a cualquier otro.
    Y finalmente, un pequeño tirón de orejas sobre tu último párrafo. Josefina Carabias no es una desconocida para la memoria colectiva, au contraire, es alguien muy presente. Otra cosa es que las generaciones más jóvenes (que no sois la memoria colectiva) de pronto descubrís (o descubrimos, que me apunto al carro) de pronto lo que siempre ha estado ahí, y en acto de adanismo pensamos que si yo nunca lo había visto, es que nadie lo ha hecho… Josefina es mujer reconocida y admirada en su pueblo (prueba es el nombre del centro cultural), en el Tietar y en gran parte de España. Yo humildemente recuerdo haberla leído en el Ya al que estaba suscrito mi abuelo.
    Ejemplos similares. ¿Cuántos de nuestros treintañeros pueden responder quiénes fueron y un par de datos vitales sobre Jorge Santayana o Arturo Duperier? Y no es que hayan caído en el olvido, que tienen calles y centros en Ávila. ¿Claudio Sánchez Albornoz, más allá de que era historiador y tuvo algo que ver con la República? ¿Cuantos periodistas jovenes sabeis de Emilio Romero, que al margen de su ideología más o menos coincidente, ha sido padre y maestro mágico de generaciones? Y esto, por no irme hacia atrás en el tiempo: sin mirar en Google, ¿una obra de Alonso de Madrigal? ¿siglo de nacmiento, al menos? ¿Mosén Rubí era clérigo, judí o hijo de degollado? ¿Sabemos de nuestro entorno?
    Reivindico la necesidad imperiosa de reinventar el Trivial abulense de las extintas páginas de aviladigital, donde el conocimiento fluía sin cesar…
    Un abrazo

    • Macanaz says:

      Si el pobre Santayana volviese, veria como su paseo hasta Sonsoles lo han destrozado alicatandolo y construyendo calles sin sentido.

      • Guillermo B. says:

        Pero le han compensado con una bellísima rua, plena de fábricas, putis, tanatorios, gasolineras y bomberos. Cosas del inexorable crecer de nuestras ciudades, que según algunos columnistas digitales hemos de agradecer a eméritos arquitectos municipales…

        • Macanaz says:

          La pena es que el artículo no explique que pasó con el palacete que estaba enfrente de la Aneja, con la biblioteca que habia en el Rastro, con el antiguo cuartel de la guardia civil (actual localizacion de un edificio cuyo autor es merecedor del Pritzker) o con la gran peña sustituida por una galeria comercial espejo de las mejores virtudes del comercio abulense.
          La verdad es que si se hubiera dejado una calle abierta el rendimiento hubiera sido menor pero eso son minucias.

  2. M.Ángeles Hernández says:

    Merecido tirón de orejas…lo confieso.

  3. Macanaz says:

    Creo recordar que las primeras elecciones en las que votaron las mujeres fueron las elecciones generales de 1933 tras el reconocimiento del voto femenino en la constitucion de 1931 tras una discusion entre Clara Campoamor (pro voto femenino) y Victoria Kent ( en contra porque estimaba que iban a votar a las derechas).

    • Guillermo B. says:

      El enlace a Estampa que deja M. Ángeles es del 22 de Abril del 33. Seguramente su fecha del 36 es una errata.
      Los debates de ese día que mentas incluían referencias por algún diputado al histerismo como consustancial a la mujer. Aparentemente, los hombres éramos críticos y racionales, por contra. Dice esto mucho (poco) del nivel de nuestras cortes republicanas, y me hace mirar con lupa la constitución del 31.
      Y Suiza lo reconoció en 1971…

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