Va en el cargo

Quien se pica, ajos come.
Este refrán se usa básicamente para señalar que quien se muestra susceptible o molesto por algo que dicen los demás, es porque algo tiene que ver. Si se muestra molesto quiere decir que algo tiene que ocultar.

Definición de: www.milhistoriasmilrefranes.blogspot.com

Otro acto. Otro de esos rollos infumables que tengo que tragar cada cierto tiempo, cosas que van con el cargo y que no siempre terminan de agradar. Si algo tiene el estar en política, y que te den una concejalía molona, es que te toca pasar ratos aburridísimos con gente que ni te va ni te viene pero hay que cumplir con las obligaciones intrínsecas del puesto, no queda más remedio que tragar…

Encima qué mal día, un domingo por la mañana. Pues nada, allá voy con la mejor de mis caras, dispuesto a pasar el trámite. A ver si se acerca alguien porque estas cosas nunca se sabe. Parece además que la lluvia va a respetarnos, o no, por allí viene una nube de las que asustan, bueno, confiemos en la suerte.

Ea, ya estoy aquí, a por ello… Por cierto, qué sorpresa, hay mucha más gente de la que en un principio habíamos pensado… ¡Qué buenos somos, leche! Qué hora es… Voy a ponerme a hablar con alguien y así hago tiempo hasta que esto empiece. Qué bien, aquí, con mi sosegada charla, pero… ¿Qué hará aquí el tío este del 15M que escribe un blog? Tendré que saludarle… “Hola”. Qué nervios más tontos… Bueno, tranquilidad. El tema es de un área diferente a la mía así que esta vez no me puede tocar a mí. Uy, me llaman… Ah, no. Yo no voy a hablar con los medios de comunicación, que ésta no es mi plaza. “No, tú, tranquila, atiéndeles tú… “. Jo, qué pesada, me insiste… “No, no, de verdad, hazlo tú…”. Uy… Casi me toca… Menos mal que me he librado.

Bueno, parece que esto empieza, bien, así nos vamos prontito… Pero… ¿Qué mierda es esta? Oh, no, mierda, mierda. Que pare, por favor, que pare… Pues no, no para, no sólo que no para sino que parece que llueve cada vez con más fuerza, joder. Nada, nada… Ya están recogiendo los bártulos. Mejor me meto rápido bajo techo no sea que moje… A la sala y hacemos el acto dentro.

Si ya tenía pocas ganas de estar aquí imaginad ahora que esto tenía que ir ya por la mitad y ahí andan aún preparando las cosas para comenzar. Pues bueno… Tendré que aguantar. Menos mal que estoy bien acompañado y tengo grandes conversadores a mi alrededor para pasar el rato. Es más esto parece que tras la media hora de retraso ya ha comenzado. Sí, definitivamente, ya ha comenzado. Bueno… Yo voy a seguir hablando aquí tranquilamente que total… Ni me va mi viene… Anda… Mira, el del blog… Ahí está con una cámara de fotos y muy atento a todo lo que pasa.

Uy, que la gente aplaude. Plas, plas, plas…

Este chico me tiene mosqueado. Mira mucho para acá, qué raro. Igual intenta escuchar nuestra charla. Tiene que ser eso. Menudo pájaro. Menos mal que la música tapa nuestras palabras y nadie se entera de nada más que un murmullo que hace sino empañar un acto que han estado preparando estos chicos durante un montón de horas. No creo que nuestro continuo murmullo, nuestras risas y nuestro cotilleos estén molestando a la gente.

¿Otra vez aplausos? Bien, esto va rápido. Plas, plas, plas… 

Pues eso, que si fuera molesta nuestra charla ya sería mala suerte. Aunque ahora que lo pienso… ¡Cómo somos en Ávila! Más de 100 personas aquí y no hay comunicación. Todos atentos al concierto, como si lo hicieran bien, y no hay conversaciones aparte de la nuestra. Nadie habla, parece que nadie tenga nada que decir. Ni que fuera tan interesante… No son ni profesionales, ¿qué escuchan tan atentos y por qué cada vez más gente nos mira raro por estar aquí charlando como si nada? No lo sé, no lo entiendo. Uy, un momento… Plas, plas, plas… Ya podemos seguir a lo nuestro…

No me lo quito de la cabeza… Menudos embolaos me colocan…

Espera, espera… Que parece que ya acaban… Venga, otro aplauso, unas sonrisitas, saludo a estos dos que no les he dicho nada… Anda, el del 15M ya no está… Tanto interés no tendría en el acto si ya se ha ido… Eso sí, se ha hinchado a hacer fotos. Bueno… se acabó. Ya he cumplido. Espero que no me pregunten que qué tal, no me he enterado de nada. Es lo que tiene estar todo el rato hablando y sin atender… Creo que han tocado una que parecía un pasodoble pero no lo tengo muy claro… Esa otra que han hecho era de los Rolling, ¿no? Bueno, intentaré que no me cacen… Uy… Mierda… “Hasta luego”. El del 15M estaba a la puerta, no se había ido… Bueno, por fin… Se acabó.

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Esta historia de ficción está basada en algunos hechos que pudieron ser reales. Los nombres, caras y lugares que aparecen surgen únicamente de mi imaginación y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… O no. Pero no lo olvidéis… Quien se pica…

Tengan, queridos lectores, feliz descanso esta Semana Santa, quien pueda descansar…

Josefina Carabias, por M.A. Hernández (2 de 2)

…Viene de aquí.

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En aquella frustrada Segunda República se produjo un hito muy importante en la lucha por la igualdad: las mujeres lograron el derecho al voto por primera vez en las elecciones locales celebradas el 23 de abril de 1936. Un día antes Estampa publica un largo artículo de Josefina Carabias titulado ¡Mujeres, a votar!”.

Llevó a cabo eso que se conoce como “periodismo de inmersión” y se hizo pasar por camarera de habitación en el Hotel Palace de Madrid, donde trabajó durante una semana con el nombre ficticio de Carmen de la Peña, sin que nadie sospechara que en realidad estaba escribiendo un reportaje que se publicó en cuatro entregas con el título “Ocho días en un hotel de Madrid”. Era tal la popularidad que alcanzaron sus reportajes que se anunciaban a bombo y platillo.

Pero esta prometedora carrera quedó truncada por la Guerra Civil. En 1936 Josefina estaba en lo más alto de su carrera. Tenía 28 años y llevaba seis saliendo con un joven prometedor, José Rico Godoy. Decidieron casarse. Y lo hicieron el 15 de abril de 1936. Una foto de su boda aparece días después en Estampa.

Tres meses después se produce el golpe de Estado contra la República y comienza la Guerra Civil. En septiembre aparece en la prensa su nombramiento como redactora-jefe del informativo radiofónico “La Palabra”.  

En noviembre, los recién casados, conocidos por su adhesión a la República, huyen a Alicante y de allí a Francia, para no verse envueltos en la contienda. En París viven Pepe y Pepita, hasta abril de 1939.

El 1 de abril de ese año, el General Franco firma el famoso último parte de guerra. La contienda ha terminado. Comienza la dictadura. Pepe Rico Godoy decide volver a España, confiando en no tener problemas al no haber participado en la guerra. Pero se equivoca. Es detenido en Burgos, días después de cruzar la frontera, y es llevado a la cárcel.

Josefina Carabias se queda sola en París. Sola y embarazada. Mientras su marido es un preso político en España, ella da a luz a una niña y la llama Carmen, en honor a su propia madre, a la que hace ya cuatro años que no ve. Carmen Rico Carabias o, como ella firmará en un futuro, Carmen Rico-Godoy, nace en agosto de 1939. Un mes después, Alemania invade Polonia. Ha comenzado la Segunda Guerra Mundial.

Ella, que no había pasado las penurias de la Guerra Civil, sí sufrió las de la Segunda Guerra Mundial. Al llegar a España escribe un libro titulado “Los alemanes en Francia vistos por una española” en el que recoge parte de lo vivido. Y lo hace como solía escribir sus crónicas, con sencillez y con un sentido del humor que no logra esconder la crítica ante la sinrazón de la guerra. Cuando los alemanes ocupan París, huye de la capital hacia el sur, cerca de la frontera con España.

Nadie quiere darle alojamiento y las autoridades locales no le quieren renovar la cartilla de racionamiento. Ante la falta de ayuda acude al comandante alemán que tiene el mando en aquella plaza y consigue una habitación y comida para su hija. Paradójicamente recibe ayuda de los alemanes que ven a España como un aliado político

Consigue alojamiento en un hotel ocupado por el ejército alemán y en el que guardaban reposo los oficiales que volvían del frente del Este. Su hija, Carmen Rico Godoy, contará años después, en el prólogo de la reedición de ese libro,  que aquellos soldados la adoptaron como mascota. Le cantaban canciones y le regalaban chocolate.

Allí permanecen ambas hasta 1943. José Rico, sale de la cárcel y Pepita deja la Francia todavía ocupada y vuelve a Madrid para reencontrarse con él. Entonces, con cuatro años, Carmen Rico Godoy conoce a su padre.

Josefina Carabias llegó a la España de la posguerra para encontrar un país muy distinto del que describía en sus artículos hacía solo diez años. Tenía un pasado pro República y progresista que no sería bien visto en la Nueva España, esa que instauró Franco. Así que firma ese primer libro sobre la ocupación de Francia por los alemanes con un pseudónimo, Carmen Moreno. Y lo dedica a su hija, Carmencita, coprotagonista del relato.

José y Josefina tenían que empezar de nuevo. Él estudia Ciencias Económicas. Ella tiene a su segunda hija, Mercedes. Y por fin, en 1948, vuelve a trabajar en un medio de comunicación, un periódico vespertino, Informaciones, pero como secretaria del director. Escribe sin firmar.

Pero pronto eso cambia. Gracias a su tesón, trabajo y talento, a mediados de los cincuenta ya era de nuevo una periodista reconocida dentro y fuera de la profesión.  En 1952 le conceden el Premio Luca de Tena,  que entregaba el diario ABC, en reconocimiento a un artículo publicado el año anterior en “Informaciones” y titulado “El congreso se divierte”.

A los 46 años rompe otra barrera y se convierte en la primera mujer que trabaja como corresponsal en el extranjero. Cuentan sus hijas que tres grandes diarios Informaciones de Madrid, El Noticiero Universal de Barcelona y La Gaceta del Norte de Bilbao se unen para enviarle a Washington. Le pagaban 1.000 dólares, de los de entonces, al mes. Un sueldo que sus propias hijas califican de “insólito”. Se traslada a Estados Unidos y con ella van su marido y sus hijas. No debía ser muy común entonces que el hombre se adaptara a la vida laboral de la mujer. Allí está cuatro años pero no termina de gustarle. Después será corresponsal en París durante ocho años.

Vuelve a Madrid y en los años 70 comenta la transición política y social que vive España con una columna que publica el diario Ya bajo el título “Escribe Josefina Carabias” y que aparece también en al menos una decena de periódicos de provincias.  En 1979 decide dejar de escribir un artículo diario. Pero no colgar la pluma. Escribe una biografía de Azaña titulada “Los que le llamábamos don Manuel” y, según sus hijas, habla de trabajar en  sus memorias. Murió unos meses después, en septiembre de 1980.

En 2008, en el centenario de su nacimiento, se le rindió homenaje en su pueblo, Arenas de San Pedro. El centro cultural lleva su nombre. Pero ella es casi una desconocida para la memoria colectiva de esta provincia. Cambiemos eso.

Mª Ángeles Hernández.

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