Pasarela sobre arenas turbulentas

Tengo que reconocer que yo soy uno de los que han abandonado el barco. Lo siento Somoano, pero ya no veo los telediarios de RTVE. No ha sido una decisión meditada, ni ha sido un cambio brusco de un día para otro. Simplemente me he dejado llevar. Y no es, o no es solo, por el cambio de la línea editorial. Es que, simplemente, ya no me gustan tus informativos, o no lo hacen lo suficiente como para cambiar de canal – no pienso ver Gente, Corazón de Primavera, o como se llame, por muchos desfiles de lencería o de bikinis que pongáis justo antes de la sintonía del Telediario – o encender la televisión. Ahora, si estoy viendo A3, sigo con Vicente y con Lourdes, o con Matías; y si la tele está apagada, sigue apagada aunque sea la hora del parte. Y esto no quiere decir que piense que los telediarios de A3, con sus vídeos de Youtube con gaticos, sus conexiones innecesarias o su sensacionalismo barato, sean mejores que los del ente público, porque no lo son. Tampoco lo son los de T5, con Piqueras salivando con cada suceso macabro, o los de La Sexta o Cuatro, si es que a estos se les puede considerar “informativos”. Tus telediarios, Somoano, siguen siendo mejores que el resto, es verdad, pero porque, en general, los informativos de las cadenas generalistas son, siendo optimistas, reguleros. Supongo que os pasa un poco como a las series de televisión madeinspain, que intentáis llegar a todos los públicos, de la tercera edad a la adolescencia acneica, y eso os obliga a no profundizar demasiado en las noticias, importantes o no, y a poner un poco de carne, un poco de pescado y un poco de lechuga para que el español medio – mitad parado, mitad mileurista – no se aburra. A mi el informativo que me gustaba de verdad era el que presentaba Gabilondo en los primeros tiempos de Cuatro. Y no era por Gabilondo, me vale también Will McAvoy, era por el formato. Cuatro o cinco noticias, no más, tratadas con mayor profundidad.

Un ejemplo. En la madrugada del sábado pasado, se derrumbó, supongo que con gran estrépito y nubes de polvo, una pasarela de madera en Benavente. Esa fue la noticia para A3, con conexión en directo para que viéramos los desperfectos. Una pasarela, una ladera, catacroc. A mi, sinceramente, sin más datos que los aportados, me pareció una de esas noticias tontas que meten de vez en cuando en A3 para demostrar su sensibilidad territorial con los que no somos ni de Madrid, ni de Barcelona, y así lo comenté en tuiter. Pero cuando allí me dijeron que la noticia había salido en otros medios me picó la curiosidad, la misma que mató a los gatitos de Youtube.

La citada pasarela fue construida hace poco más de un año por una empresa pública (SOMACYL) dependiente de la Junta de Castilla y León y había costado cerca de un millón de euros (el presupuesto de Benavente para el presente año es de 14 millones). Por si esto fuera poco, la oposición, que se había opuesto en su momento a la construcción de la pasarela, afirmaba que el Ayuntamiento contaba desde el año 2002 con informes técnicos que detallaban que el terreno era más inestable que la situación actual de Chipre. Además, dos informes técnicos del Ayuntamiento, fechados a finales del pasado año, ya alertaban sobre desperfectos en la estructura. El Ayuntamiento, por boca del concejal de Fomento y del Alcalde, ha afirmado que la pasarela es “ajena al desplazamiento” y que además, gracias a la pasarela, se ha podido comprobar fehacientemente que éste existía. Darwin bendiga a la pasarela, protomártir de las ciencias geológicas. El Alcalde y la Junta, contentos con su actuación, al fin y al cabo no ha muerto nadie, han afirmado que, por supuesto, la pasarela se va a reconstruir lo más rápido posible, intentando minimizar el impacto para los bolsillos benaventanos, porque es necesaria para el progreso de la localidad zamorana. Casi nada.

Ya tenemos todos los ingredientes de una noticia de alcance, de esas que están tan de moda ahora sobre los despilfarros de nuestro sector público. Solo nos falta que la citada pasarela fuese blanca, resbalara, hubiese costado el doble de lo presupuestado y la hubiese diseñado Calatrava. Si además contextualizásemos el laberinto de Saturnino – nombre coloquial del derruido invento en honor del Alcalde de la localidad – con otros engendros salidos de las mentes de nuestras élites, como la Ciudad del Medio Ambiente, la sede de la Federación Regional de Municipios o la estación de esquí de Valladolid; tendríamos material hasta para un programa de Salvados. Ya estoy viendo a Évole, con su camisa de cuadros, recorriendo Valladolid intentando entrevistar a Juanvi Herrera, a Silván o a Silvia Clemente, que no pinta nada aquí pero siempre da juego.

El problema de esto, ya se lo voy diciendo, es que caeríamos en el frecuente error de culpar a estas infraestructuras de la crisis ¡Sin el Lienzo Norte, Ávila no estaría como está! ¡Todo es culpa del Plan E! ¡El AVE es un invento del diablo! Aquí somos mucho de eso: pasamos de la fe ciega en las infraestructuras, sean las que sean, como motores de progreso (el Centro de Interpretación de la Bellota va a crear tres empleos directos y chorrocientosmil indirectos por su atractivo turístico) a demonizar cualquier gasto público y mirar con desconfianza cada adoquín puesto con nuestros impuestos. Y tampoco es eso. Porque es verdad que sin el Aeropuerto de Castellón, por ponerles un ejemplo, las cuentas estarían un poquito más saneadas, pero la crisis, la deuda pública y la quiebra del sistema, va mucho más allá del Plan E o de los coches oficiales, al igual que la pasarela de Benavente es un mucho más que un montón de madera. Y esto, en parte, también tiene mucho que ver con cómo se habla de la crisis en los medios. Lo que no sale en la tele (la radio, El País, la Cope, internet o la hoja parroquial) no existe.

La superficialidad con la que se trató el tema de la pasarela se puede trasladar también a cómo se trata en la mayor parte de los medios la actual crisis económica. Conexión con la bolsa: la cosa está mal ¿Y la prima? Se relaja dos puntos ¿Y la italiana? De Erasmus ¿Qué pasa con Chipre? Los cajeros siguen cerrados y no tienen para yogures griegos. ¿Es verdad que allí hay muchos rusos? Es posible. ¿Iberia? Aquí una pareja de novios enfadados porque se han quedado sin luna de miel ¿Qué tal por Bruselas? Fatal, la cumbre duró hasta las tantas ¿Va a haber corralito en España? Dice el Ministro de Agricultura que no ¿El de Agricultura? Sí, ese mismo ¿Y Merkel? Comiéndose a un niño ¿Algo más? Almunia está cada día más calvo. Muchas gracias.

La pasarela de Benavente, al igual que otros sucesos recientes como pudiese ser la tragedia del Madrid Arena, nos permite entrever qué ocurre de verdad en los despachos, cómo se llevan los asuntos públicos y una parte, pequeña pero llamativa, de lo que falla en este país. Contratos amañados, negligencias por doquier, falta de controles y de contrapesos al poder casi infinito de determinadas autoridades, perversiones del sistema, el mercado de trabajo, problemas de selección de élites, justicia lenta e inoperativa, partidos políticos disfuncionales y sin credibilidad, desgobierno, capitalismo de amiguetes, la corrupción como un engranaje más, liberalismo de compañeros de pupitre, instituciones inútiles, el sector eléctrico, intereses personales que priman sobre los intereses comunes, administración pública paralizada y parasitada, una sociedad civil adormecida o complaciente que pasa de apolítica a antipolítica sin saber siquiera qué significa la palabra “política”… Versionando a Judt, casi todo va como el culo. Diga patata y mire al pajarito.

Si las grandes empresas y nuestro gobierno aciertan con sus más recientes previsiones, ojalá lo hagan, ya hemos tocado fondo y a finales de este año nuestro país comenzará a crecer y, con suerte, ese crecimiento se trasladará al empleo el año que viene. No hay mal que cien años dure. Yo, como Santo Tomás, no creeré en la resurrección de nuestra economía hasta que no meta de lleno los dedos en las llagas, pero por si acaso los brotes verdes maduran y olvidamos esta peregrinación por el desierto, creo necesario un recordatorio: cuando el paro baje del 18% (aunque aquí esto parezca un alivio, en un país normal es una catástrofe) y lo peor parezca haber pasado, la mayor parte de los problemas que nos han traído hasta aquí y que ahora nos quitan el sueño, como si de una manada de dinosarios metamorfoseados en gattopardos se tratase, seguirán ahí.

Posiblemente, si una vez reconstruida no se la lleva por delante un nuevo corrimiento de tierra, ahí siga también la pasarela de Benavente, desafiando orgullosa a la ley de la gravedad, a la geología y al buen gusto.

3 Responses to Pasarela sobre arenas turbulentas

  1. Esther Martin says:

    El ayuntamiento (PP provincial mediante) ha reconocido su error, ha dicho que lo siente mucho y que no la volverá a hacer… pero… que hará “otra cosa”. Yo ya estoy temblando: funicular? tirolina? máquina de teletransporte? Seguiremos informando

  2. Esther Martin says:

    Y por cierto, no vi el tratamiento que de la noticia dio A3, pero sé de buena tinta que tienen un perio-becario que podría haber hecho una información muy completa, porque es de Benavente y lo crié a mis pechos periodísticos… otra cosa es lo que le dejen hacer, claro.

    • Alberto Martín del Pozo says:

      No sé si la conexión de A3 llegó a un minuto.

      ¿Esther Martín y periodista? Si eres la periodista de Radio Benavente, felicidades por la entrevista al Alcalde que está enlazada en el post. (Si no lo eres, aprovecho el comentario para recomendar a todos la escucha del corte) 🙂

      Un saludo

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