Mala leche tengo, mala leche vendo

Es un gran error suponer que el imperio que se establece sobre los hombres por la fuerza sea más agradable y permanente que el que se funda sobre el amor.
Terencio (195 AC-159 AC)

No era la intención escribir lo que ahora escribo… De hecho no tengo muy claro lo que acabará saliendo. La idea original era dar mi opinión sobre el alumbrado público y la decisión que ha tomado hace poco el ayuntamiento de externalizar su gestión. Externalizar, por cierto, palabra que no existe y que usamos alegremente para referirnos a privatizar y por si alguien no lo cree que se dé una vuelta por la RAE y lo compruebe… El castellano es un idioma tan rico que nos permite inventarnos palabras alegremente para evitar tres o cuatro que no nos interesa decir, es lo que hay.

Pero por rico que pueda resultar un idioma, siempre hay gente que lo convierte en mediocre. La riqueza o pobreza de las palabras no es tan sólo de éstas sino de quien las usa. En todas partes existe gente dispuesta a darle una buena patada al diccionario o a comunicar con dos palabras lo que de forma correcta se haría con siete. Gente antipática y seca siembre ha habido y no va a dejar de existir, es lo que hay. Me refiero al camarero de turno que simplemente te levanta la cabeza en un gesto de “¿Qué?” cuando entras al bar y te acercas a la barra. Me refiero al que vende los billetes de autobús para ir a Arenas de San Pedro que ni siquiera hace el gesto y se queda mirándote fijamente hasta que le dices dónde vas… Me refiero al que te despacha el pan que, salvo en contadas ocasiones de confianza previa, no te dará ni los buenos días. Gente de la que sólo escucharás el precio del producto que compras, eso sí, los números se los saben muy bien, y de los que en raras ocasiones escucharás un agradecimiento como despedida.

Una vez fui a Correos. Iba con un aviso de entrega certificado que me había llegado esa misma mañana. Normalmente, en esos avisos, te indica que pases al día siguiente a por el envío pero como me gusta vivir al límite decidí pasarme a por él a las 20.00 horas. Una vez esperado y llegado mi turno me acerqué a la ventanilla y dije “Hola, venía a por este envío que no estaba en casa cuando ha pasado el cartero esta mañana”. La señora de la ventanilla me respondió muy amable “Uy, perdona. Mira, no puedo entregártelo porque si te fijas en el aviso de entrega, aquí, pone que no puedes pasar a recogerlo hasta el día siguiente de la comunicación. El repartidor no devuelve las entregas no efectuadas hasta última hora de la tarde y no lo tengo todavía en la oficia. Lo siento pero tendrás que venir mañana”. Ese momento sentí algo nuevo, pensé que algo podía estar cambiando y de repente… ME DESPERTÉ. Lo que en realidad me dijo la señora, por no usar otro descalificativo, fue: “Mañana” y continuó mirando la pantalla de su ordenador como si yo hubiera desaparecido por arte de magia. A eso me refiero. A lo fácil que sería hacer las cosas con un mínimo de educación y dar al “cliente” los datos concretos para que sepa lo que sucede. No un “mañana” y seguir a lo suyo. No un movimiento de cabeza para expresar un “Qué desea”. No una mirada fija para un “A dónde quiere viajar”.

La comunicación, a todos los niveles, debe ser siempre correcta y me refiero a la comunicación personal, en nuestra vida normal, a la comunicación en internet o por correo postal. Las formas son importantes a la hora de que gente se lleve o no una buena impresión de algo o de alguien y eso es así nos guste o no. De nada sirve tener la Muralla, los mejores monumentos, la mejor gastronomía si la impresión que damos a la gente que nos visita es de ser personas secas, recias…

Una vez escuché cómo le decían unos residentes de la ciudad que habían venido de fuera a un abulense de los del centro de la ciudad afincado aquí desde su nacimiento… “Jo, tío. Qué simpático eres, no pareces de Ávila”. Ésa es la imagen que tienen de nosotros y eso es algo que debemos hacer por cambiar. Eso es lo que puede hacer que una persona salga de nuestra ciudad diciendo, “una ciudad muy bonita, hacía mucho frío pero la gente que me atendió en mi visita a Ávila era maravillosamente amable” o que simplemente diga una ciudad muy bonita pero hacía mucho frío. Porque, nos guste o no, del turismo vivimos y, aunque los que somos de aquí no tenemos que aguantar las borderías de los demás, parece que estamos algo más acostumbrados, pero al menos, de cara al visitante, sería bueno hacer un esfuerzo por cambiar esa fama de malasombra que llevamos por bandera con la gente, al menos, es lo que se ve desde fuera.

Y con vuestro permiso, dejo lo del alumbrado para otro día, que al final hoy se me ha hecho tarde. Muchas gracias a todos por vuestra atención y que tengáis muy buen día. ;).

A %d blogueros les gusta esto: