Si tú supieras

Café

Agito lentamente el café – de sobre, con una cucharada de azúcar – mientras leo la prensa en la tableta. El café está templado y la realidad, bajo el púrpura vaticano que da color a los medios de comunicación estos días, es tan deprimente como ayer. Y como el día precedente. A veces, en días como este, abro el Diario de Ávila y me esfuerzo por creer que no hay nada más allá de sus páginas, del tranquilo estanque de aguas oleosas y calmas que describe. La Iglesia restaura iglesias, los quintos de Mijares se miden y lo celebran con botellines de Mahou en la mano, Detroit, el Mercadona alquilará una parcela al Ayuntamiento para montar un aparcamiento, flexibilidad, una de espías en el corral de las campanas, caudalosos ríos se escapan de sus cauces repletos de mierda, flexibilidad, manifestaciones pacíficas de sindicalistas y trabajadores (no confundir) e imagotipos, muchos imagotipos. La parroquia sigue tranquila, anuncia puntual el sereno mientras agita las llaves de los portales.

Además llueve, una vez más, y el café se ha terminado de enfriar. Me lo bebo, no estamos para tirar comida. Mientras en la televisión Rajoy apoya a (de) Cospedal en un desayuno de etiqueta negra, leo que Enrique Gil Calvo, profesor de la Complutense, dice que si todo esto no se ha ido ya a la mierda entre humo y cócteles molotov es porque, frente a “la decadencia del sindicalismo obrero y la incapacidad de los trabajadores inmigrantes para movilizarse con éxito”, las protestas por la crisis y los recortes las están liderando “el mileurismo desclasado de las clases medias tituladas”.

Llevo la taza del desayuno a la cocina y de vuelta me paro ante la ventana del salón. Una decena de amas de casa de 40 o 50 años van y vienen cargadas de bolsa. Un grupo de chavales está sentado en un banco. Dos hombre hablan mientras esperan junto a un cajero automático. Un chico joven pasea a un perro. Un anciano camina encorvado con un periódico debajo del brazo. Levanto la vista y frente a mi, al otro lado de la avenida, un hombre en pijama me mira desde la terraza de su casa. Nos miramos unos segundos y al final el hombre me saluda con la cabeza antes de volver a entrar en su casa.

¿Qué es necesario para que esta gente – mi vecino, las señoras que vienen de la compra, los jubilados, los parados, los estudiantes, los mileuristas desclasados, los sindicalistas decadentes – explote? Seis millones de parados, más de un 50% de paro juvenil, Bárcenas, Campeón, Bankia, la Troika, los discursos del Floriano, el precio de la gasolina, Messi hasta en la sopa, Iberia, Pescanova y dos huevos duros ¿Qué necesitan para ocupar las calles, para formar barricadas, para quemar cosas? ¿Necesitan saber que no hay futuro? ¿Dos Bárcenas más? ¿Un kilo de desesperación y cuarto y mitad de rabia?

No, me digo mientras me miro al espejo y concluyo que tengo que arreglarme la barba, creo que solo necesitan saber la verdad. La verdad sin filtros, sin aderezos, sin sal ni pimienta. Cruda, sangrienta, chorreante. Si todos supieramos la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, las calles explotarían.

Imaginen que todo lo que sucede en el país, sobre todo, pero no exclusivamente, en la parte alta de este país, estuviese almacenado en un enorme disco duro guardado en un sótano blindado enterrado en los estratos más profundos de la Castellana, doscientos metros por debajo del césped del Bernabéu. Imágenes, vídeos, fotocopias, archivos sonoros, fotografías, filminas, planos, conversaciones, documentos, contratos, facturas y fracturas, los menús de los restaurantes, los apretones de mano, conversaciones del guasap con flamencas, berenjenas y cacas con ojos, los besos en las mejillas y los cuchillos en la espalda, transparencias y pagüerpoints. Todo. Un inmenso registro de la realidad, el cementerio de la verdades perdidas. Imaginen que, por un error, el becario aprieta el botón que no es y que toda esa información está, de repente, disponible. Ultramagahipertransparencia. Que todo hijo de vecino puede, simplemente, saber cómo funciona de verdad el país. Ver en un vídeo como se negocian los contratos públicos. Ver una foto en la que dos presuntos rivales políticos brindan por su presunta amistad. Olisquear las cloacas madrileñas, pucelanas o abulenses. Mirar debajo de la alfombra y en las esquinas. Más allá de la transparencia, de las declaraciones de bienes y males de Alicia en el País de las Pesadillas, de las comisiones rogatorias, de las acusaciones particulares filibusteras, de los brotes verdes y de toda esa pantomima azucarada. La España real a golpe de clic. Pasen y vomiten.

¿Qué ocurriría si todo el mundo supiese qué pasa con su dinero, dónde va cada céntimo de sus impuestos? Un vídeo estupendo, en Full HD, donde se ve al concejal X hablar con el empresario Z para pactar los términos de una licitación. ¿Qué pasaría si supiesen que la ruina no es un accidente, que el desgobierno es parte del plan, un fin y un medio? ¿Qué pasaría si mi vecino supiese cómo funcionan los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones empresariales y la administración? Cómo se asciende y se desciende, cómo se guardan favores y afrentas. Hablo de entrar en la mente de los secretarios generales, de los secretarios de organización, de concejales, consejeros, empresarios y ministros. ¿Qué pasaría si pudiésemos acceder a sus intereses, a sus ambiciones, a los motivos que hay detrás de cada una de sus declaraciones, a lo que piensan de verdad cuando nos miran a los ojos y nos prometen amor eterno? ¿Qué pasaría si pudiésemos confirmar que nuestros intereses pesan mucho menos que los suyos? Chanchullos, pactos secretos contra natura, postureo, confrontaciones fingidas guionizadas frente a un café, hoy por mi, mañana por ti ¿Qué sucedería si todo eso estuviese accesible y se pudiese ver con unas gafas 3D? Así se saquea un país y se destruye su presente y su futuro, no olvide sus palomitas y su refresco.

¿Y si pudiésemos escuchar lo que se dice en los coches oficiales, en los despachos, en los reservados de los restaurantes donde se juega nuestro futuro? Pero me refiero a saber la verdad verdadera, con papeles, pedeefes y emepetrés, no a sospecharla o a leerla filtrada por mundos o países ¿Qué pasaría si tuviésemos un registro de esos diálogos, las grabaciones de las conversaciones de sus teléfonos móviles? ¿Qué pasaría si supiésemos cómo usan los recursos públicos a su antojo mientras las ambulancias cada vez son más escasas? ¿Qué pasaría si supiésemos el nombre de todos las personas que rebuscan comida en los contenedores a la vez que sabemos el menú de los aviones oficiales? ¿Que sucedería si conociésemos todos los tejemanejes de Ayuntamiento y Diputación? ¿Y si pudiésemos comparar el nombre de los parados y el de los contratados a dedo por las administraciones? ¿Qué pasaría si supiésemos que el hecho de que un hospital llame a una ambulancia por no poder atender una urgencia no es precisamente una anécdota aislada? ¿Y si supiésemos como cuadran las facturas las Comunidades que presumen de presupuestos saneados? ¿Qué pasaría si supiésemos el nombre y la ubicación de todos los colegios que han pasado el invierno sin calefacción? ¿Y si pudiésemos comparar cómo de apretados llevamos cada uno el cinturón? ¿Y si las declaraciones de Hacienda fuesen públicas? ¿Y si descubriésemos que el vecino que no paga la comunidad nada en la abundancia? ¿Y si, tras una intoxicación masiva de suero de la verdad, todos cantásemos sin filtros de Instagram? ¿Y si conociésemos los entresijos de las tablas de excel donde se deciden nuestros destinos? ¿Y si todos saliesen desnudos, como emperadores de barrio, en las fotos oficiales? Y Bankia, ¿qué hay de Bankia?

Mi vecino ha vuelto a salir a la terraza, está tendiendo la ropa. Me cuesta imaginarle en una barricada, o asaltando el Ayuntamiento con una antorcha dispuesto a salir de esta con los pies por delante, si no hay más remedio, pero llevándose cuanta más compañía mejor para no aburrirse cruzando la laguna Estigia.

Todos sospechamos como funciona esto y todos, por una razón o por otra, conocemos una parte de los turbios bajos fondos en los que se asientan el país. Pequeñas piezas del puzle del basurero español ¿Qué pasaría si todos tuviésemos un mapa de las cloacas?

Mi vecino me vuelve a mirar y me saluda. En la televisión, como diría Quique González, los presidentes de la desesperación cubren el expediente entre aplausos. Dos orejas y el rabo. Otra ronda de zumo de naranja y bollería.

6 Responses to Si tú supieras

  1. Iñaki says:

    Buen artículo, Alberto! Pero no comparto el diagnóstico. Creo que la inmensa mayoría de la gente sabe o intuye con certeza lo turbias que son las cloacas del poder. Wiki Leaks está ahí, es precisamente ese mapa del que hablas, en escala transnacional, pero es lo mismo: Una visión clara y contundente de lo patética, bochornosa e injusta que es la situación. Las señoras que van a la compra saben perfectamente que los poderosos hacen chanchullos repugnantes. Los chavales del banco también. Y el que pasea al perro. Son esas notas que le da la gente a los políticos en las encuestas. Ese grado de confianza en el gobierno y en la oposición. Esa valoración de la monarquía, de la Constitución y de los políticos en su conjunto. Están diciendo: qué asco de gentuza, cómo nos engañan, cómo nos roban, con qué descaro se ríen de nosotros. Lo saben perfectamente.

    Y sin embargo solo los mileuristas desclasados están siendo capaces de formar movilizaciones con el civismo por bandera. No es una cuestión de conocimiento de la realidad. Es una cuestión de miedo. Sé perfectamente lo hijos de puta que son los que mandan, pero las barricadas tienen un coste muy elevado: represión, cárcel, multas, heridas… Y además, ¿barricadas para qué? ¿estamos de acuerdo en que queremos un nuevo sistema 100% horizontal y asambleario? ¿Un Hugo Chávez quizás? ¿Que gobierne UPyD? ¿IU? ¿Un PSOE renovado que se preocupe por la gente a la vez que arregla con precisión los datos macroeconómicos? No tenemos ninguna alternativa clara que convenza a esa mayoría social de la que hablo siempre y que no gusta por estos lares. “Virgencita, virgencita que me quede como estoy” o “mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer” no son simples refranes. Es una radiografía perfecta del comportamiento social.

    Pero todo es cuestión de tiempo: las antorchas y la búsqueda de alternativas rupturistas se producen cuando uno ya no tiene nada que perder. Cuando me dé igual la cárcel que la calle. La multa, las hostias de los UIP. Ya no habrá nada que me empuje a quedarme en casa, charlar en el bar y votar ‘a los buenos’.

    Hasta ahora las movilizaciones cumplen una función de preparar el terreno. El proceso de acumulación de fuerzas necesario para que un posible estallido sea percibido como mayoritario y no minoritario. Como civismo (con o sin barricadas) y no como terrorismo. Pero todavía falta recorrido. Falta que la gente que percibe que en las cloacas se firman cosas demenciales tome la iniciativa de preferir cualquier otra cosa, cualquier otra forma de ser gobernado. Y que esa otra cosa no sea el fascismo, que será una opción de lo más lógica.

  2. Guillermo B. says:

    >>> e imagotipos, muchos imagotipos.

    ¿Te has fijado que el de Arévalo ha salido un orden de magnitud más barato (mil euros, creo) y además, es más molón que la tortuga defecante?

  3. Guillermo B. says:

    En general, y sin elaborar mucho, Alberto, si nos pusieran un espejo de la verdad veríamos no sólo las miserias ajenas sino también las propias. Y todos tenemos. Así es que es un ejercicio éste que gusta poco…
    Pero me gusta el estilo literario, te has quitado con rapidez las ínfulas revertianas… 😉

  4. paquita says:

    Me parece muy bueno el articulo, ahora bien, yo me pregunto también ¿ como la gente no sale a protestar en masas? Las personas hoy día están informadas de lo que se mueve en las cloacas, de la corrupción, de los recortes, etc. Sigue así y saca a la luz todo lo que pienses, lo que creas y así seguirás informando

  5. nacho says:

    Felicitaciones al autor. Me ha encantado el texto. Todos nos preguntamos eso de por qué esto no termina de explotar.

    Estar informado de todo sería tanto o más odioso como saber que nos lo están ocultando. Como dicen por ahí, no nos queremos conocer a nosotros mismos. Todos tenemos suciedad bajo las alfombras.

    Todos estamos informados, sí, pero yo cada vez quisiera estarlo menos. Como si la ignorancia me hiciera más feliz. Hay veces que me gustaría ser como un inmigrante amigo mío. Vive en España pero le da un poco igual la política de este país. No la entiende, y no la siente suya. Por eso no se ofusca tanto como el resto. Los que somos españoles, nos duele en carne propia ver el país en el que vivimos. ¿Pero se pueden hacer las cosas tan mal? ¿Pero cómo es posible que tengan la caradura de no dimitir cuando se demuestra que les han pillado con el carrito del helado? ¡Qué menos que devolver el dinero y exiliarse a otro país! ¡Qué más que si se quedan en España, lo hagan desde la cárcel!

    Acaso los cargos públicos no tienen responsabilidad de los desfalcos que han hecho. Y es que no entiendo que cuando hubo dinero, se amasaron buenas fortunas (el ayuntamiento, mismamente) y nadie pensó que eso debía condurarse para tiempos peores. Pues el que no pensó en eso, por favor, que deje su cargo ya sea por decencia, por no saber hacer las cosas; y que se ponga en su lugar alguien (otro) que no sé si lo hará mejor, pero seguro que tiene ideas distintas para buscar soluciones.

    Insisto, enhorabuena al autor. Tenías un seguidor, ahora tendrás varios pues se lo voy a reenviar a mis amistades.

  6. Santiago says:

    Sr. Alberto, no uso sombrero ni gorro pero me descubro. Gran Reflexión.
    Coincido con todos los comentarios, pero tanto Ud. que escribe esto y todos los que lo leemos como yo, lo hacemos desde lo que ahora llaman “la zona de confort”, que debe ser el salón de la casa o la cocina, lugares en los que de momento no hay “cloacas” y como dice Guillermo B “no solo las miserias ajenas sino también las propias”.
    Algunos ya nos preocupamos por limpiar nuestras mierdas a diario y mantener la casa limpia. El problema es que la mierda de los “tragaldabas” está llegando cada día a más puerta y empezando a entrar por la ventana desde la que miramos a toda esa gente que relata.
    O todos evitamos que sigan defecando o tendremos que seguir limpiando su mierda.
    Espero y confío que no lleguemos a un “final del recorrido” quizás con “barricadas” o con “antorchas” no sea suficiente para limpiar las cloacas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: