Clandestinos (III)

¿Cuenta con mi Dyc cola? ¡Pero qué tipo de broma es ésta! 

El montaraz de pelos largos se rasgaba las vestiduras, la cazadora y esos guantes que le daban un toque de viajero en el tiempo. Sí, era un sótano. Sin ventanas y chiquitín pero un sotanillo al fin y al cabo. Y en los sotanillos siempre se ha bebido el whisky con agua. Eso de la cola era de infieles o magentas.

La Comunidad del Imagotipo se dispuso a partir. El Hobbit del Corneja se quitó las audioguías de camuflaje y saltó el primero entre las ruinas de la ahora ajada y destrozada Casa de las Carnicerías. La comitiva cruzó presurosa la Calle San Segundo en dirección a las mesones, conciliábulos de bajos fondos donde se rumoreaba que habitaba un tal Pedro el Implacable, más conocido en el ambiente como Pedrolo.

Y llovió y llovió y llovió.

“La calle está mojada” clamaba sin soltar su espada Willyghorn hijo de Guillermor heredero de Lujandur. ¿Sabéis aquello de “Nos mean encima y dicen que llueve”? En Ávila nos mean encima y todos preferimos decir que llueve, que igual, si pensamos, terminan cagándonos y encima será culpa nuestra… ¡O eso diremos…!

“Eso decimos todos” dijo Negrolas sin soltar su iphone. De hecho no lo dijo, lo tecleó. Pero era igual. Se trataba de la Comunidad del Imagotipo que reinaba sobre todas las piedras y pedrolos.

Era 1 de Enero de 2018 y un Citroen C3 aparcaba frente a una cremallera del tamaño de la Torre Eiffel. La ciudad era fantasma, todo estaba a oscuras. Bueno, todo no. ¿Quién necesita farolas habiendo un ojo que todo lo ve?

Desde el Torreón de los Guzmanes la noche se hacía justicia.  Había un ojo en la Torre Oscura, un teléfono que no dormía; y esa fuerza no ignoraba que el viñetero hobbit movía su pesada carga.

La intención era virar hacia el Lienzo Norte por detrás de La Viña pero sus planes se vinieron abajo. El Megane reapareció de repente y detrás de él mujeres orcos de la noche y también buscadores del gobierno. Avanzaban hacia ellos con paso firme e intención de cobrar su recompensa. No les quedaba otra más que retroceder hacia aquel viejo y oscuro callejón antes conocido como la Travesía de San Bernardo.

“No acabaremos en el tanatorio” aseguró el hereje proscrito, arrojando al suelo las cenizas de su viejo carné…

“Yo incendié la ciudad de Badajoz. He pasado noches repasando ruedas de prensa de Alicia García y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron del Museo a una edad a la que la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He ganado premios y cobrado cheques de Bankia que harían llorar a los bardos. Me llamo Albertvothe. Quizás hayas oído hablar de mí….pero no lo valoráis”

El hobbit viñetista se puso a su par y desenfundó su hoja élfica. Los filos brillaban en la noche profunda

– ¡Zombies! 

Era lo que le faltaba a la historia. De aquella vieja sede del Psoe, cerrada desde el último fracaso en las municipales, surgieron un grupo de caminantes.

– “Es Tomás El Blanco… ¡Y no está solo!”

No, pensó el montaraz. No podía ser el final de la comunidad del imagotipo. Pero tampoco el de ella.

“Maldita sea rubia. Dije que te cuidarás…”

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Otros capítulos de la saga:

Clandestinos I

Clandestinos II

Clandestinos IV

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