Lo que nos hace umanos

En una ocasión, una profesora con muchos años de servicio a la espalda me dijo que ella, de vez en cuando, se equivocaba a propósito ante sus alumnos. Su consejo para cualquiera que empezara en la enseñanza era que, de vez en cuando, había que meter la pata. ¿Por qué? Porque fallar hace que los chicos te vean como alguien cercano, rompe ese rol de ser superior infalible que no es más que una barrera absurda. Además, cuando son ellos los que te corrigen se sienten gente importante y, como consecuencia, están más pendientes a tus explicaciones, aunque solo sea para detectar posibles fallos.

Y es que herrar…. errar tiene muchas ventajas. Me lo decía un amigo ingeniero que de estas cosas de mundo entiendo un porrón. Me aseguraba que en otros países se valora mucho la experiencia de empresarios que habían fallado en sus proyectos. Tan importante como conocer el camino del éxito es reconocer la senda del fracaso, saber dónde estuvieron los fallos e intentar no cometerlos. Aunque los cometeremos (esos u otros parecidos) y esa “grandeza” es lo que nos hace humanos. Sirva como último ejemplo (aparte de la americanada de vídeo que viene a continuación), el caso que nos regaló Daniel García-Moreno en el Social Media Day que organizó recientemente la UCAV, cuando nos habló de un “gurú” de las redes sociales que “metía la gamba” de cuando en vez para comprobar la interacción de sus seguidores.

Fallar, por lo tanto, nos humaniza y nos mejora, pero solo si somos capaces de reconocer los errores, asumirlos y, si fuera necesario, pedir las disculpas oportunas. Insistir en el error, por el contrario, es el mayor de los errores. Sobre todo porque te hace quedar mal delante del resto, en plan “anfitrión sin Ferrero Rocher”.

Por eso uno siente cierta vergüenza ajena cuando, unos meses atrás, el delegado de la Junta en Ávila, Francisco José Sánchez, dijo aquello de que no era obligatorio pagar para aparcar en Gredos. Lo dijo sin trabarse ni un poquito, ni ponerse colorado.  Quizás porque entre algunos políticos no hay nada peor que rectificar y dar su brazo a torcer. Me hubiera gustado ver al representante de la Junta decir, simple y llanamente, que habían decidido paralizar el proyecto piloto, volver a estudiarlo en profundidad para evitar errores y retomarlo cuando consideraran oportuno. Hablar de “aportación voluntaria” cuando hay unos parquímetros como soles, sonroja. Pero de este tema ya habló alguien por aquí.

Hace pocos días volví a sentir que me tomaban el pelo un poquito así. Con todo el jaleo del “anticipo reintegrable”, desde el Ayuntamiento de Ávila se dijo a los medios de comunicación que, una vez finalizado el plazo de solicitud del adelanto para los funcionarios, se darían “datos concretos” y no se volvería hablar del tema. El problema es que el cierre llegó y solo se habló de un alto porcentaje de seguimiento. Cuando se le pidió al portavoz del Gobierno municipal, José Francisco Hernández Herrero, algo más de concreción, aseguró que “alto porcentaje” es un dato “concreto” y que no importaba ahora si eran “x, y o z” el número de trabajadores municipales.

No entiendo ese afán por defender lo indefendible. Me parece mucho más fácil, por ejemplo, decir que se ha cambiado de opinión e incluso que no se quieren dar explicaciones al respecto. Humanizarse, ya saben. Simplemente reconocer que uno falla o que se contradice, como nos ocurre a todo hijo de vecino. Y vivimos bien, no se crean, con ese marca de imperfección sobre los hombros.

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