Más vale adelanto en mano que extra en verano.

La Navidad, o como usted quiera llamar a las fiestas de finales de año – en esta casa somos muy respetuosos con el carácter aconfesional del Estado – está cada vez más cerca. Ya hay lucecitas por las calles, hace frío, tipos gordos – o delgados con relleno – pasean disfrazados de rojo, la mula y el buey piden limosna tras ser afectados por el ERE papal, la tele se ha llenado de anuncios de colonias, de juguetes, de bombones, etc. Sí, también hay algo de religión, unas gotitas, pero casi todo es gasto y celebración.

Que la Navidad se parezca cada vez más a las Saturnalia, festividad romana de la que nace la nuestra, no me parece mal, ojo, pero convendrán conmigo en que este año la Navidad no va a ser igual. Lo habitual por estas fechas es la alegría, el desenfreno y el consumismo disparatado. O lo era antes de que la burbuja explotara, se llevase por delante nuestra economía y enviase a seis millones de personas a las colas del INEM, fun, fun. La gente gastará menos – un 4% menos que el año pasado y 300€ menos por cabeza que hace 4 años, según las estadísticas oficiales – y los comerciantes y hosteleros ganarán menos, lo que les llevará a pagar menos impuestos y a contratar menos gente, lo que hará que menos gente gaste, etc. El círculo vicioso, la pescadilla que se muerde la cola, los multiplicadores fiscales, los líos de faldas de Strauss-Kahn y todo ese rollo. Nuestra economía, nos guste o no, que en eso no entro, es consumo y sin consumo no hay crecimiento y sin crecimiento no hay empleo.

La situación económica de la mayor parte de los abulenses se puede catalogar ahora mismo en dos niveles: mala o regular. Para los primeros, la economía familiar, como la del país, va mal. El dinero escasea, las cuentas bancarias están caninas, los monederos solo guardan cobre y los billeteros telarañas. A este nivel el verbo consumir es reflexivo. A los encuadrados en la otra categoría no les va tan mal: van tirando, conservan de momento su trabajo, pero tienen miedo al futuro, lo que les encoge la tarjeta bancaria. Hay gente a la que las cosas le siguen yendo bien, es verdad, y personas que, por desgracia, sobreviven en una situación peor que mala.

En el estrato superior de la clase regular están los funcionarios de las distintas administraciones. Hasta hora, su estabilidad y su sueldo fijo les permitía mantener un nivel de vida aceptable. En una ciudad y una provincia como la nuestra, el salario de los funcionarios mueve buena parte de la economía. Por eso, cuando se anunció la supresión de su paga extraordinaria de diciembre, muchos, y no solo los directamente afectados, se echaron las manos a la cabeza. Era una estocada al sueldo de los funcionarios, evidentemente, pero también a las previsiones de ventas de la campaña navideña y a la economía en general.

Desde que se conoció la medida, algunas administraciones se han descolgado y, pese a las advertencias del Gobierno central*, se han decidido a pagar a sus funcionarios, de algún modo, la extra de Navidad. Lo han hecho, o han dicho que lo van a hacer, los separatistas del norte en un evidente nuevo intento de romper España, esta vez por la chequera. En el País Vasco, la administración socialista saliente se ha encontrado con el Tribunal Constitucional. En Navarra, mientras tanto, el Gobierno foral ha aprobado un “complemento personal transitorio” equivalente a la paga extra. En Extremadura, otros separatistas, el Presidente de la Junta ha anunciado que adelantará la extra de junio del año próximo a enero, y la de diciembre de 2013 a junio de 2013, y la de junio de 2014 a enero de 2014… y así hasta el infinito (o hasta que el Gobierno de la nación le deje abonar tres pagas extras un mismo año). El Ayuntamiento de Ávila, para sorpresa de propios y extraños, Junta de Castilla y León incluida, también piensa adelantar la extra de junio a enero, tras acordarlo con la mayor parte de los sindicatos.

La medida tomada por el Ayuntamiento de Ávila, que es de la que hemos venido a hablar, ha levantado una apasionante polémica a varias bandas. Por un lado, el Ayuntamiento y los sindicatos firmantes defienden a capa y espada la legalidad del adelanto y proclaman las bondades de la idea: los funcionarios podrán hacer frente a los gastos navideños y se inyectará casi un millón de euros en la depauperada economía local (siempre que los funcionarios no sean malos abulenses y se vayan a comprar a Madrid o lo hagan por internet, con lo que sus comprar tributarán, con un poco de suerte, en Luxemburgo).

Al otro lado del cuadrilátero, a la Junta le ha sentado regular el adelanto de la extra. El portavoz del gobierno autonómico ha afirmado que la medida no es legal, a lo que ha añadido que “distinto es que el alcalde de Ávila lo pueda hacer de otra manera, que no lo sé ni me importa”. Con declaraciones de este calado, con ese verbo fino y esa pléyade de argumentos, la política autonómica coge altura. Ni corto ni perezoso, el Alcalde de Ávila ha contraatacado, y cual Góngora en sus buenos tiempos ha afimado “Antes de opinar lo normal es llamar y enterarse”,  para después añadir “cada uno en su casa sabe lo que hace y evidentemente… somos todos adultos”.

¿Y esto de adelantar la extra es legal? Digamos que en principio no es tan ilegal como lo que pretendía el Gobierno Vasco. Ninguna administración puede pagar la extra de Navidad de este año: la ley lo prohibe. Tampoco es un adelanto obligatorio,  como pretende hacer Monago en Extremadura, lo que seguramente también sea ilegal, sino que es una medida a la que se pueden o no acoger los funcionarios, que han de solicitar el pago anticipado – cosa que ya ha hecho, según el Consistorio, casi la mitad de la plantilla. En el anterior Acuerdo entre Ayuntamiento y funcionarios ya figuraba que estos podían solicitar un adelanto de su sueldo, a devolver en cómodos plazos. Puedo estar equivocado, pero diría que en esta ocasión el Ayuntamiento puede salirse con la suya (hasta que el TC, el Gobierno de la Nación o Belloch explicando el significado de la palabra devengar, digan lo contrario). Los funcionarios que así lo soliciten, tienen de plazo hasta mañana, no tendrán que pedir un préstamo para comprar los polvorones, aunque tendrán que ir mirándolo para sus vacaciones de verano. También pueden ahorrar, o no irse de vacaciones, es verdad, pero no le digan eso a nadie no vaya a ser que se descubra que no todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. A Mariano le daría un patatús si se enterase.

Otra cosa, y vamos acabando ya que tendrán ustedes que hacer la carta a los Reyes Magos,  es que el citado adelanto vaya a reactivar la economía local, que no sea más que el chocolate del loro para unos funcionarios que ven recortados sus derechos, o que sea justo que solo una parte de los trabajadores públicos de la provincia puedan acceder a ella.

O, yendo un poco más lejos, que la única salida posible para mantener en pie este país sea que todos, trabajadores públicos o no, trabajemos más cobrando menos, cuando no somos ni los que menos trabajamos, ni los que más cobramos de nuestro entorno. “Empobrecerse para salir de la crisis” es un eslogan difícil de vender, incluso en Navidad.

Fun, fun.

*Enlace a El Plural para compensar el enlace a Libertad Digital publicado el pasado lunes por el Sr. Negro.

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