4´3 cm

Uno de nuestros más fieles y viajeros lectores – José AR. –   nos ha hecho llegar el siguiente texto. Es un mensaje de lucha y optimismo con final feliz… ideal para ser publicado en fin de semana y mirar la jornada con optimismo. Si queréis hacer como él y publicar algún texto en este humilde espacio sobre cualquier tema, aquí os explicamos como.

Crisis, desempleo, guerra… Palabras que últimamente escuchamos a diario. Palabras que calan en el desanimo generalizado. No es fácil encontrar la ilusión cuando todo parece gris oscuro como una tarde de tormenta.

Yo soy un hombre normal. Ni guapo ni feo. Mas bien bajito para la media de mi generación pero me considero afortunado. Las pequeñas decisiones me han llevado sin darme cuenta a forjarme un destino. Y hoy cuando miro hacia atrás y veo el camino recorrido, me da vértigo. Pero empecemos por el principio…

Corría el año 2001  cuando empecé la universidad. Nada más ni menos que una ingeniería. A los tres meses de empezar y tras muchas reflexiones ya estaba de vuelta en casa. El futuro al que me estaba encaminando no me gustaba.

Muchas fueron las voces que me dijeron que lo pensase bien y que me estaba equivocando. Aproveché el resto del año para trabajar y sacarme algún dinero. Justo cuando estalló la burbuja.com empecé un Ciclo Formativo en Informática.Hice mis practicas en un organismo público y conocí desde dentro la vida de funcionario. En menos de un mes encontré un trabajo fijo, un puesto bastante administrativo, que me permitió comprarme un coche y vivir tranquilo.  Uno se acostumbra rápido a la vida cómoda y dejé de buscar un trabajo de informático.

Foto: @trapseia (flickr)

Un par de años después, y por cosas del mercado, me encontraba disfrutando de la prestación por desempleo que casi agoté antes de encontrar otro trabajo. Puesto también muy administrativo, al lado de casa y contrato indefinido. Momento perfecto para firmar el contrato de compra de un piso en la nueva zona “cool” de la ciudad.

En ese momento volví a tener una reflexión que giro mi vida 180 grados.

Rompí el contrato del piso, el contrato de trabajo y me fui a Irlanda a vivir una nueva experiencia. Cuatro meses después volvía a España chapurreando un poco el inglés pero con una idea bien clara. Quería ser yo quien decidiese mi futuro. Un futuro que estaba mas allá de lo que las murallas dejaban ver.

Una vez mas el destino me puso en un avión, esta vez rumbo a Italia. Otro año más lleno de experiencias, viajes y anécdotas. Pero después de este año fuera no volví a España. Sin darme cuenta me mude a Francia donde hoy vivo.

Foto: @fatimacg (Instagram)

Visto desde fuera tal vez parezca valiente para dejarlo todo y empezar de cero a miles de kilómetros pero la verdad es que son las pequeñas decisiones las que te hacen progresar.

La ultima vez que pasé por Avila fue en mayo. Vi una ciudad muerta. Comercios cerrados, jóvenes desilusionados y con una sola palabra en la boca, crisis. Yo no soy distinto a ellos. Yo he vivido durante años en esa ciudad. He vivido su rutina, su noche, sus conversaciones. Sin embargo, me siento afortunado. Miro alrededor y me siento feliz.

No es fácil. Los años lejos de los tuyos son duros. A medida que crecemos lo hacen también nuestros problemas. Los golpes de la vida son más fuertes y levantarse después de la caída más difícil.

Un día decidí romper el molde y ser yo mismo quien dirigiese mi propia vida y resultó que “dejando atrás todo lo que tenía”, encontré todo lo que quería.

Las cosas pequeñas son las que te cambian la vida.  4,3 centímetros son suficientes para que tu vida gire 360 grados y siga adelante. Con más fuerza. Con más ganas. Con más ilusión que nunca. Cuando ves la primera ecografía de tu hijo sientes lo maravillosa que es la vida. Todos los miedos quedan atrás, todos los problemas desaparecen. Lo único que quieres es compartir tu alegría y tu felicidad.

3 Responses to 4´3 cm

  1. jrdevandroid says:

    Mensaje de optimismo, hoy especialmente dedicado a aquellos cuya situacion se presenta complicada y su futuro incierto.

  2. Guillermo B. says:

    43 milímetros de enhorabuena, que tienes más razón que un santo. Sólo superado por el momento del nacimiento, el instante en el que asumes la consciencia de que vas a perpetuarte trastoca tu vida y la inunda de felicidad, ajena por completo a las circunstancias macro o micro económicas o sociales.
    En todo caso, y como supuesto responsable de tres milagros de 143, 126 y 94 centímetros, te aviso de que las alegrías serán muchas, las tristezas y frustraciones otras tantas, y que la vida será un tiovivo con girar incesante (supongo que tu última referencia quería indicar un giro de 180 grados, aunque una vuelta completa para llegar a donde uno estaba no viene mal de cuando en cuando). La vida cambia y te cambia, es una de las constantes paradójicamente de la vida, y para sorpresa de muchos, cambia también en pequeñas y muertas ciudades de provincias, no hacen falta periplos geográficos para darse uno cuenta de los estadios que inexorablemente transitaremos todos.

    Al socaire de tu texto, y sin ninguna intención de referirme a ti, me viene la reflexión sobre lo difícil de la comprensión intergeneracional. Criticamos las xenofobias, los sexismos, las discriminaciones miles, y no nos percatamos de las que se ejercen desde un extremo generacional hacia el otro y viceversa. Si mal, fatal, me parece el que la gente madura, que ha experimentado la vida, al mirar a la juventud no puedan al menos comprenderla, ya que no justificarla, peor, un absoluto sinsentido de nuestro sistema educativo y de valores veo el que la juventud asuma con adanismo total que son siempre los primeros en transitar las etapas de la vida, y no muestren un respeto debido a los que mejor o peor las sufrieron antes. Veo con frecuencia a veinteañeros mofarse en foros, tuits o charlas de la paternidad, de lo de que “a fulanita le ha crecido un Alien”, o de lo incordio que son los niños, lo palizas que resultan en todos los ámbitos de la vida para padres y para los demás. Y resulta que el día que se ven padres, se convierten por arte de birlibirloque en furibundos new-born-parents, para los que su mundo anterior pasa a ser un breve sueño, sus hijos los mejores, claro está, y la escala de valores antes encabezada por salidas con amigos o proyectos viajeros, reducida a discusiones por pañales y la pesadilla de no dormir cada noche al darse cuenta de que de pronto hay alguien que realmente depende de ti y de tus decisiones. Dar bandazos a nuestras vidas, tomar decisiones, cambiar proyectos, incluso acabar con ellas, es tremendamente fácil. Cambiar la vida de los hijos es otra cosa, por no mentar siquiera pensar en su muerte, que es algo que el cerebro no acepta prever.
    Me pregunto si un mínimo de respeto hacia los que nos preceden no sería más de recibo, ya que la vida dará muchos giros de 180 grados, y nos otorgará muchísimas razones para seguir adelante. Un día fuimos nosotros los que salimos en la eco, otro los que miramos acojonados en el fondo la misma. Quizás podamos llegar a ver a esos 4,3 cms mirar a su vez otros 4,3 en una ecografía, con la tranquilidad entonces de que en este mundo, todo cambia pero todo sigue igual.

    A+, et bonne chance!

  3. Pingback: El año en fotos | Trapseia

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