Prisciliano

Ávila, tierra de santos y de cantos (musicales y pétreos), también tiene entre sus hijos adoptivos a uno de los más importantes herejes de los primeros siglos de la cristiandad. A Prisciliano, que así se llamaba, el Ayuntamiento le dedicó un “jardín” y nosotros, por no ser menos, le vamos a dedicar una entrada. Como acostumbro en estos casos, voy avisando a los historiadores de que he resumido (meter la crisis del S. III y el S. IV en un párrafo es meritorio y condenable a partes iguales) y a los no-historiadores de que no he resumido tanto como debiera (el formato blog, los post pequeñitos y legibles de una sentada están sobrevalorados) pero tenéis todo el fin de semana por delante para leerlo entre cubata y cubata.

Prisciliano, el hombre.

El protagonista de toda esta historia es Prisciliano, pero ¿quién era Prisciliano? Desconocemos casi todo sobre él. No sabemos dónde nació, ni cuando – al parecer en la Bética o en Lusitania, cerca del año 340 dC – y sobre los primeros años de su vida apenas tenemos rumores y suposiciones. Sulpicio Severo, un aristócrata aquitano de la época, elevado a Santo por la Iglesia Católica, en su Chronicorum Libri Duo – una historia del mundo desde la creación hasta el año 400 – dice lo siguiente de Prisciliano:

“Prisciliano era de familia noble, rico, sutil o deslumbrante, inquieto, elocuente, erudito por los largos estudios, pronto para disertar y discutir. Verdaderamente bien aventurado, si su espléndido ingenio no se hubiera corrompido por el pernicioso estudio”

El “pernicioso estudio” al que se refiere Sulpicio Severo es la supuesta iniciación de Prisciliano en el gnosticismo, una doctrina de origen oriental declarada herética en el S. II.

“Oriente y Egipto era el origen de este mal, pero no resulta fácil de determinar por quienes había sido cultivado en el principio. El primero que la llevó a Hispania fue Marcos, criado en Egipto, nacido en Memphis; sus seguidores fueron una tal Ágape, mujer no innoble, y el retórico Elpidio. Prisciliano fue instruido por ellos”

El Imperio Romano y el cristianismo.

Ahora que ya sabemos algo sobre Prisciliano, veamos como era el mundo en que se movía. El siglo IV fue una época emocionante para el Imperio Romano, en especial para su parte occidental europea, si por emocionante entiendes varias guerras civiles, invasiones bárbaras y una profunda transformación económica, política y social. Realmente, el siglo anterior había sido bastante peor – anarquía militar, hiperinflación, devaluación monetaria, colapso comercial – así que todo esto venía de largo, aunque tras las reformas de Diocleciano (284-305) parecía haberse evitado el colapso del Imperio. En el fondo, la Historia no es más que una sucesión de crisis salpicadas por breves periodos de aparente calma.

Y a todo esto llega Constantino I (Flavio Valerio Aurelio Constantino, para los amigos) y en el año 313 declara la libertad de culto en todo el Imperio, el final de las persecuciones religiosas (la última la llevó a cabo Diocleciano 10 años antes) y la devolución a los cristianos de las propiedades que les habían sido requisadas. A partir de este momento, la expansión del cristianismo, hasta entonces una importante minoría de carácter urbano, es vertiginosa. Crece el número de fieles, coloniza el medio rural y se expande por todo el imperio. Este crecimiento provoca además cambios en la organización de las comunidades cristianas, se hace patente la necesidad de unificar aspectos vitales de la doctrina cristiana y, como es lógico, se traduce en poder e influencia.

Pero los cambios no convencen a todos y en los márgenes de la Iglesia comienzan a surgir movimientos que no comulgan con el camino ortodoxo (divino o terrenal) que sigue la comunidad. Los movimientos heterodoxos y herejes, que siempre habían estado presentes en las comunidades cristianas, abundan y se fortalecen, obligando a la Iglesia a condenarlos y perseguirlos.  Por ponerles un ejemplo, uno de los movimientos heréticos más importantes de esta época fue el Arrianismo (de Arrio, un sacerdote de Alejandria), que negaba la divinidad de Cristo y que cosechó un gran éxito en la parte oriental del imperio y, en especial, entre intelectuales. (Tanto éxito que, a pesar de las sucesivas condenas por parte de la Iglesia, pervivió hasta bien entrado el S. VI)

Prisciliano, vida y decapitación.

Prisciliano comenzó su predicación a mediados de la década de 370 en el occidente peninsular y debió congregar pronto una comunidad importante compuesta por laicos – de distintas clases sociales – y por miembros de la Iglesia, entre ellos los obispos Instancio y Salviano, que atrajo la atención de la jerarquía católica. En torno al año 379, Higinio, obispo de Córdoba, denuncia a Hidacio, obispo de Mérida, el crecimiento de un movimiento que no duda en calificar de herético, con raíces gnósticas y maniqueas, dos doctrinas dualistas (bien/mal, cuerpo/alma) e iniciáticas de influencias orientales.

En el año 380, a instancias de Hidacio e Higinio, se celebra en Zaragoza, un sitio estupendo, un concilio que condena el priscilianismo, pero la ausencia de Prisciliano y de sus seguidores evita su condena firme. En el año 382, en palabras del propio obispo de Mérida, el laico Prisciliano “es consagrado obispo de Ávila por los obispos que le habían asociado a la misma herejía”. Hidacio recurre al Emperador, Graciano el Joven, que condena y expulsa a todos los priscilianistas de sus iglesias, sus ciudades y sus tierras.

Ante esto, Prisciliano se lía la manta – o la toga, o lo que fuese – a la cabeza y acompañado de los obispos que le apoyan marcha hacia Roma con sus alpargatas para entrevistarse con el obispo de la ciudad eterna, Dámaso, quien no les recibe. De allí marchan a Milán para intentar entrevistarse con el obispo de la ciudad, San Ambrosio -en aquel momento Ambrosio a secas – quien también les da largas. A continuación y, según los cronistas cristianos, con malas artes, consiguen que el emperador Graciano revoque la condena.

Pero la suerte no sonrie a Prisciliano y los suyos y Graciano cede el trono (sin cabeza sobre el cuello es difícil aguantar las ramitas de olivo en su sitio) al hispano Máximo que escucha de nuevo las acusaciones contra Prisciliano y ordena convocar un sínodo en Burdeos que vuelve a condenar al priscilianismo, expulsa a sus seguidores de sus iglesias y les confisca, las arcas del imperio tenían bastantes telarañas, sus bienes personales. Prisciliano, andariego también como él solo, marcha a Tréveris para volver a recurrir al emperador, pero esta vez no consigue el favor del mismo. En Tréveris, después de que Máximo haga un Poncio Pilatos con una pastilla de jabón y agua fresquita, es acusado de brujería por varios obispos ante las autoridades civiles, es torturado y condenado a muerte por “maleficio, confesando haberse aplicado a doctrinas obscenas, realizar reuniones nocturnas con mujeres deshonestas y orar desnudo”  Lo de orar desnudo es lo peor, sin duda.

Pero la decapitación de Prisciliano no acabó con el priscilianismo. Según Sulpicio Severo, al que citábamos más arriba, el movimiento se afianzó, especialmente en el noroeste, y sus seguidores empezaron a honrar a Prisciliano como martir. Las referencias al movimiento siguen apareciendo en las crónicas y en la correspondencia de la jerarquía eclesiastica hasta bien entrado el S. VI. La Iglesia no da por erradicado la doctrina herética hasta el Concilio de Braga del año 572.

¿Qué era exactamente el priscilianismo?

La pregunta es realmente difícil. En primer lugar habría que aclarar que el movimiento evolucionó a lo largo de sus casi dos siglos de historia y que, probablemente, en poco se parecía en sus últimos momentos a lo que Prisciliano predicó cuando aún tenía cabeza sobre los hombros.

El movimiento encabezado por Prisciliano era, ante todo, una grito asceta y rigorista. Los cristianos habían pasado en poco tiempo de ocultarse para no morir por su fe a ocupar una posición central en los juegos de poder del Imperio Romano. Ese cambio era considerado por muchos, no solo por Prisciliano, una traición a los valores originales del cristianismo y de sus primeros fieles. No era, por otra parte, un movimiento campesino o revolucionario, aunque sí podía poner en entredicho el modelo jerárquico de poder que empezaba a forjar la Iglesia; y sus discípulos no eran exclusivamente de los estratos más bajos de la sociedad romana. Tras Prisciliano, un hombre de noble cuna, había personalidades ricas y cultas, gente formada, además de varios obispos y clérigos.

¿Era una herejía? Prisciliano siempre lo negó, al igual que rechazó las acusaciones de brujería y de culto demoníaco, lo que por otra parte era de esperar. En las fuentes, Prisciliano se presenta siempre con un fiel defensor de la fe ortodoxa dictada por Iglesia, aunque esas mismas fuentes son pruebas de ligeras desviaciones. Por ejemplo, Prisciliano aceptaba escrituras apócrifas, como por otra parte hacían muchas comunidades cristianas de la época, y argumentaba que eran necesarios para comprender el mensaje de los canónicos. Su pensamiento era prácticamente ortodoxo en lo relacionado con la trinidad o con la divinidad de  Cristo, aunque parece ser defensor de una visión dualistas, bien/mal, rechaza por la Iglesia al considerar al diablo, que no era obra de Dios, creador de los cuerpos que, por lo tanto, no podían resucitar. De esta última consideración también derivan su pasión por la virginidad, el ayunos y la abstinencia de todos los placeres.

El de Prisciliano era, por tanto, uno más de los muchos movimientos evangelizadores ascetas que pululaban por el Imperio, hijo de su tiempo, y no parecía especialmente alejado de la ortodoxia católica – o al menos no lo suficiente para costarle la cabeza. Quizá la razón de su condena esté en que el priscilianismo de Prisciliano estaba más cerca de la Iglesia de los eremitas y los monasterios que de la Iglesia que empezaba a surgir al abrigo del Imperio.

One Response to Prisciliano

  1. Guillermo B. dice:

    Este tío, ¿no era la reina del desierto aquella??? Me teneis confundido.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.222 seguidores

%d personas les gusta esto: