La chica del Frescco

[ Instrucciones de uso: Leer esta entrada desde el humor, que lo que se pretende es que empecemos la semana con buen carácter ]

Hoy les hablo del “carácter sobrio castellano” o como bien define la frikipedia…

“Son muy suyos estos de Ávila. Más suyos que la media castellana. No tuyos, ni míos: suyos de suyar. Sólo un segoviano puede entenderles porque sólo un segoviano es capaz de apreciar el pimentón en el bocata de nocilla. Por algo el DYC se inventó en Segovia”

Está claro que en Ávila hay gentes estupendas como puede ver cualquiera que siga los comentarios de este blog. Te puedes encontrar pestrucillos resalaos, risas estupendas, emprendedores joviales y estupendásticas personas en general. Cantos pero muchos santos. Bien lo sabe la palomilla.

Pero tampoco perdamos la cabeza. Aunque las generalidades son generalidades… hablan de tendencias. Y en Ávila tendemos a ser secos como el clima. No en vano tenemos las fiestas capitalinas más aburridas del panorama peninsular sin que toda la culpa sea del ayuntamiento. La culpa es nuestra que somos más bien secos, reconozcámoslo. Que cogemos la cerveza (y en tiempos el pitillo) y nos quedamos mirando a la moza a ver si Cupido pone a tono la flauta y las flechas mientras sigue sonando el Top 93, Chiquilla, los éxitos de El Barrio y Tintin bosteza desolado en el Cetro de Ottokar.

Me voy ahora a Valladolid.

Valladolid Mavericks

Les he venido a hablar de una chica anónima que me ha dado la vida, siguiendo los consejos del buen Alberto de no flagelarnos a cada minuto.

Volviendo a las generalidades….la ciudad en la que habito tampoco es que sea la fiesta continua y el colmo de la amabilidad. La capitol es conocida como Valladolor, Vallamordor o ha generado grandes éxitos como Lady Valladolid.  [Eso sí cuando la ciudad está en fiestas la gente las vive, en eso seguimos siendo campeones del mundo del sopor].

Pero hay sorpresas. El otro día fui a llenar el gaznate al Frescco, en Vallsur. Según entras en Zorrilla, un centro comercial medio grande. Ahí.  Y de repente pido una coca-cola. Y repito. Y repito. (Es gratis con el menú y tengo problemas de adicción con la cafeína)

Y sonreía. Y sonreía. Y sonreía.

Fueras las veces que fueras. Le molestaras las veces que le molestaras. La chica sonreía. A mí y a todo cliente que se le acercaba a la barra. Seguro que no es ni mileurista, que trabaja más horas de la cuenta, que no tiene el favor de sus jefes. Pero ahí la tienen. Una Profesional con mayúsculas. Tenga los problemas que tenga, que los tendrá, ante el cliente una sonrisa. Admirable.

Ya me quedé mirando con atención. Y entonces sí… cuando se agachó a limpiar algo, cuando se creía lejos de la vista del cliente… resopló. Se levantó, volvió a su puesto y puso de nuevo su sonrisa.

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Traje a unos amigos a Ávila hace unos días. Los dejé por el centro. Había puestos donde comer, muralla que visitar y ciudad de la que disfrutar. Todo fue estupendo menos un apunte clásico…

“Joer, Ru. He entrado a una tienda y la dependienta tenía más ganas de que me fuera que de que comprara algo”

¿Les suena? El mejor embajador de nuestra ciudad somos cada uno de nosotros. Sonriamos, amigos.

Pd 1:  El otro día leí a alguno de vosotros (ahora no recuerdo a quién) que en Ávila no se había registrado ni un terremoto en taitantos años. Si alguien tiene el enlace que lo suba. ¡Tal vez necesitamos una buena sacudidita!

Pd 2: Por acabar con las pretendidas buenas intenciones les cuento otra historieta: Una mendiga entra a un bar céntrico de Valladolid. Nos ofrece mecheros. No fumamos, le decimos. Entonces el camarero le llama por su nombre, coge un tupper, lo llena de arroz y se lo da a la señora, que sonríe.  No pongo el nombre del local para evitar problemas al camarero (tal vez el hostelero no sea tan proclive a regalar la comida) pero si van a Valladolid pregunten dónde tomar el mejor arroz a la zamorana. Y si pueden…dejen una propina en la barra.

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