Hacia la nada…

Hay muchas formas de medir una ciudad. Se puede hacer, por ejemplo, contando su número de habitantes. En Ávila no hemos destacado en esto nunca, ni siquiera en los buenos tiempos. Cosa distinta sería haber numerado las grúas, testigos de altura que durante mucho tiempo marcaran sueños y cotas mayores ¡Tan cerca que parecíamos estar de las 100.000 almas!

Tampoco vamos a fijarnos en el número de industrias. No tendría sentido cuando tenemos otros indicadores que nos pueden beneficiar más, desde el número de iglesias a la cantidad de bares, pasando por… por… por… el número de iglesias y la cantidad de bares. Otra opción: comparar las ciudades por la mínima que consiguen alcanzar durante los duros meses de invierno.

Lo que está claro es que no nos conviene en absoluto medir nuestras fuerzas en cuanto a espacios dedicados a la cultura. La crisis (así, como ente abstracto, como movimiento ideológico que todo lo puede, casi como religión) está atacando duramente a este sector en Ávila y, mes a mes, cosechamos pérdidas importantes que serán difícil de recuperar algún día.

Entre otras muchas cosas, perdimos un cine histórico (aunque parece que hemos ganado otro). Un trozo de la tradición abulense se perdió con el cierre del Tomás Luis de Victoria, haciéndonos algo más pobres. Lo mismo ocurrió cuando cerraron la Galería Calir (en el paseo de San Roque) hace unos años, y ahora, unas pocas semanas atrás, la única que quedada, la Galería Artes de F.J. Mañoso. Aunque amenaza: “Vamos a reinventarnos”.

No se crean que estamos tan mal, aún podemos ir a peor. Avisa el nuevo presiente de Caja de Ávila, Pablo Luis Gómez, diciendo que la provincia “no puede permitirse el lujo de perder la Obra Social”. Y uno se pregunta quién o quiénes se habrán dado el lujazo de colocar en una situación tan agonizante el Palacio de Los Serrano y toda la actividad que se realiza en éste y en otros centros culturales. Asusta ver como estamos, espanta imaginar hacia podemos dirigirnos.

5 Responses to Hacia la nada…

  1. Pepe Herráez dice:

    El grave problema de Avila no es el número de parados es el número de quietos. Gente inmóvil, resignada, extremadamente pacifica que soporta impávidamente que le cieren las puertas del futuro.
    Decía mi abuelo que siempre que se cerraba una puerta se abría un ventana, no quiero perder la esperanza de que aunque pequeña esa ventana se abra porque puertas ya se nos cerraron bastantes.
    Yo me apunto a no resignarme, ¿alguien más se apunta?

  2. Guillermo B. dice:

    >>> Decía mi abuelo que siempre que se cerraba una puerta se abría un ventana

    ¡¡¡ Ostras, Pepe !!! ¿Eres nieto de Pedro Dávila??? Jo, yo siempre he querido entrar en el palacio, a ver si me consigues un pase…

    Y como reflexión de Perogrullo y quizás estúpida, no sé, hay veces en que quedarse quieto es mejor que moverse sin tener visibilidad de hacia dónde. No admiro el movimiento per sé, sino como objetivo para llegar a algún sitio. Para ser Don Tancredo también hay que tener su valor, conste…

    Saludos

  3. Macanaz dice:

    En efecto, Avila no tiene apenas librerias aunque tampoco creo que el abulense medio las necesite.
    Como bien dice el post, hay iglesias y bares con lo cual el alimento material y el espiritual estan asegurados.
    Tambien hay tiendas de chinos donde venden el alcohol para el botellón y de paso las plazas de la ciudad quedan decoradas con las botellas vacias.
    Tambien tenemos colecciones de contenedores todos bien juntitos que logran un magnifico efecto óptico (verdes-azules-amarillos-grises) y olfativo.
    ¿Libros y galerias de arte? ¿Para que? Uno puede quedarse en casa viendo el gato al agua y comprando pagares de nueva rumasa.
    Eso sí es una inversión.

    • Guillermo B. dice:

      ¡¡¡ Pero qué obsesión con la crítica y el desprecio usando para ello el paradigma de “es que no lee”… !!!
      No me gusta, Macanaz (y es raro que disienta de una entrada tuya) esa invocación al ” abulense medio”…
      Ni el tener librerías es indicador de bonhomía, ni el leer libros garantiza su adecuado aprovechamiento. Dejemos ya el arcaico estereotipo por el cual el que no lee, es que no vale. A buen seguro un porcentaje altísimo de nuestros tatarabuelos no leían, y aquí andamos todos como magníficas pruebas de que algo bueno tuvieron que hacer, amén de que seguro que construyeron más España que los letrados y agudos filósofos disertadores tragalibros y hacedores de la nada.
      Yendo al “abulense medio”, ese que intentas caracterizar como de cerrado y sacristia, y que de Frascuelo, ni la profesión sabría pero a buen seguro que de haberlo sabido con él bebería, junto a un chino o en las tenerías, el que halla en reciclar la nueva vía, que tiende a ser asiduo de Intereconomía y que con preferentes le amargaron el día (y que por cierto, abusa de los rípios en ” ía”), pues como que eres tú, o yo, o el vecino de enfrente, o el amable señor que nos cede el paso a la puerta de la farmacia, o la mamá que está con los niños en el parque, o mi tía (y dale!!!) o la tuya…
      Vamos, que dejémonos ya de autoinsultarnos, que así no vamos a ningún lado. Reconocer nuestros errores pase, pero para llamarme feo, calvo y gordo que venga uno de afuera, córcholis…
      Como gustan decir por estos lares como símbolo de apoyo:
      “Yo también soy abulense medio”

      Cordiales saludos

  4. Macanaz dice:

    Pues encantado de que te guste tu status. Sarna con gusto no pica, ciertamente.

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