#L4PSummermeeting (Versión extendida)

Si usted, dama o caballero, ha estado en la ciudad amurallada o alrededores en los últimos días, recordará que hace una semana, más o menos, durante dos o tres días las tormentas no dejaron de atormentar, valga la redundancia, a nuestra bella villa. Tal fenómeno tiene dos explicaciones posibles. La tradicional nos habla de altas y bajas presiones, de masas de aire húmedo, de ionización, etc. Paparruchas científicas en las que usted puede creer o no. Si usted opta por ser como Iker Jiménez y señora y piensa que esa gente con bata blanca no le ha aportado nada – el ordenador/móvil/tableta en el que usted está leyendo esta entrada lo inventó San Pedro – yo le ofrezco de manera altruista otra explicación. Las tormentas, los rayos y los truenos los provocó una extraña circunstancia: la coincidencia en el término municipal de Ávila de los cinco responsables de este engendro electrónico.

A mi me ha correspondido el honor de escribir unas líneas sobre el evento, pero no me parecía adecuado abrirles el apetito comentando el menú que degustamos – la paella exquisita pero escasa – o las tonterías que dijimos. Lo que les ofrezco a continuación son dos versiones de los hechos. Si usted, amado lector, nos odia profundamente la A es para usted. Descubrirá cuan perversos somos y la gran cantidad de fetos que podemos comer a lo largo del día mientras entonamos cantos satánico-izquierdistas-nacionalistas-malos bajo la ikurriña. Si usted simplemente piensa que somos un grupo de conocidos con aficiones comunes y ganas de darle a la tecla por amor al arte le recomiendo la versión B (aunque no puede perderse la A)

Versión A. El contubernio.

El hombre del traje oscuro se bajó de su carruaje y se aproximó silenciosamente hasta la vieja y pesada puerta de madera. Las sombras se alargaban lúgubres y siniestras mientras el sol caía perezoso tras las redondeadas montañas. El silencio, retirado como estaba aquel paraje de la civilización, era casi absoluto. Golpeó tres veces, esperó unos segundos y volvió a golpear tres veces. Un susurro, un golpe seco y el descorrer forzado de una vieja cerradura oxidada precedieron a la profunda voz que atravesó la puerta entreabierta.

- ¿Quién va? – preguntaron desde el interior.
– He quedado aquí con unos señores. – contestó el hombre vestido de negro
– Santo y seña.
– Mañueco es mi pastor, nada me falta.

Unos segundos de silencio precedieron a la apertura completa de la puerta que daba acceso a una sala baja, con techo de madera, al fondo de la cual un grupo de cuatro hombres se reunía en torno a una bebida de color amarillento. Las paredes estaban llenas de imágenes extravagantes de misteriosos seres rubios de nombre impronunciable y de cancerberos que vivían en pecado con mujeres de cabellos brillantes.

- Ya pensábamos que no venías, por Belcebú. – dijo el más alto de ellos.
– Estaba terminando de arreglar unos asuntos. – contestó el hombre de negro retirándose la tela que le cubría el rostro.

Una mujer de pelo rubio se acercó a ellos.

- Está todo listo.

Los cinco hombres se miraron y asintieron. Dejaron la bebida amarillenta sobre una barra de madera y agachándose para pasar por un bajo zócalo accedieron a otra sala, algo más grande que la anterior, tenuemente iluminada. Se colocaron alrededor de una mesa cubierta con un mantel blanco y guardaron silencio hasta que el hombre vestido de negro ocupó la cabecera. Cuando todos se encontraban en sus puestos, se dieron las manos, cerraron los ojos y empezaron a recitar una letanía en un idioma ininteligible. Al acabar, todos escupieron sobre un pájaro (¿un vencejo? ¿una gaviota?) muerto colocado en el centro de la mesa junto a un crucifijo invertido mientras gritaban.

- Por Satán nuestro señor, por Zapatero su mesías, por Rosa su profeta, por los comunistas y por todos nuestros innumerables señores a los que nos debemos – dijo el pintamonas del grupo mientras los demás elevaban sus brazos hacia el cielo – Que el gran asno redentor ilumine esta reunión. Bendice a tus humildes siervos y acompáñalos en la oscuridad.

Tras el juramento, los cinco hombres – todos ellos cejijuntos, de nariz aguileña aliento fétido y presencia en extremo desagradable – se sentaron en torno a la mesa mientras la mujer rubia y un hombre alto y fornido, con el rostro cubierto por una tupida barba, llevaban a la mesa diferentes platos de siniestro contenido: revuelto de fetos de ave con tubérculos, tripas de mamífero rellenas, fluidos corporales fermentados, pedazos sanguinolentos de cuadrupedos, etc…

- Maese – dijo uno de ellos, un hombre alto y delgado, con barba de dos días y ojos inyectados en sangre – a mi para beber traigame agua. No quiero tener problemas con los guardianes de los caminos.
– Yo también beberé de momento ese líquido insípido – dijo el hombre vestido de oscuro.
– ¿Los demás que van a tomar? – preguntó el posadero.
– Sangre de unicornio ¿no? – contestó un hombre con barba de ojos claros
– Hace – contestaron el más alto y el pintamonas.

Los posaderos se retiraron y dejaron a los cinco hombres a solas.

- Quiero felicitaros – dijo el hombre vestido de negro mientras se limpiaba con el brazo los restos de sangre que corrían por su rostro – por cómo se está desarrollando nuestro plan de dominación mundial. En los últimos meses hemos alcanzado grandes metas. Nunca pensé que llegásemos tan lejos.
– El mal es cada día más poderoso.
– Es cierto. – contestó el más alto mientras sonreía con maldad – Me consta que los guardianes de la Luz siguen nuestros pasos.
– ¿Acaso saben de nuestra existencia? – dijo el barbado.
– Si, camarada. Aunque a tu lejana residencia no lleguen más que los ecos y las sombras así es, puedo dar fe de ello.
– Ojalá pronto nazca el anticristo que ha de traer la oscuridad y podamos recoger los tesoros de los que somos merecedores. Nuestra valentía merece ser premiada – contestó.
– El infierno te escuche, amigo. – asintió el hombre vestido de negro.
– Por cierto, ¿cómo van los negocios de tu amigo el bardo? – preguntó el barbado al alto de los ojos enrojecidos.
– Avanzan – contestó aquel – Sus composiciones rezuman calidad.
– Me alegro. Ojalá Mefistófenes le ayude en su camino.

Guardaron silencio durante unos minutos mientras devoraban sin educación las viandas que el posadero había depositado sobre el en otro momento blanco mantel. Un eructo seguido de una flatulencia ambientaron la sala y rompieron el silencio.

- Me gusta que seais educados con nuestros posaderos – dijo el de los ojos inyectados en sangre.

Todos rompieron a reír, dejando que la comida que tenían en sus bocas corriera por sus barbillas y salpicara aún más el mantel, irreconocible bajo una gruesa capa de sangre y vísceras. Un golpe seco les hizo callar y aguzar el oído. Venía de fuera, de la calle. Un grito.

El posadero entró apresurado en la sala, con el rostró desencajado empapado de sudor.

- Les han descubierto ¡Los guardianes de la Luz están fuera acompañados por la guardia verde! ¡Rápido! ¡Por el pasadizo!

Los cinco hombres se pusieron en pie, apartaron la mesa y levantaron, tirando de una pesada argolla, una trampilla oculta bajo la misma. Fuera, los golpes y los gritos se sucedían. El posadero encendió varias antorchas y se las pasó a los hombres que, de uno en uno, descendieron por unos empinados escalones de piedra hacia la oscuridad.

- Tenga cuidado por los sótanos. – dijo el posadero con voz triste y preocupada.
– Nos has sido de gran ayuda, Amadeus. – dijo el último de ellos. – Tus esfuerzos se verán recompensados cuando el mal reine sobre la ciudad amurallada. Tú sigue caminando.

Cuando el último de los participantes en el conciliábulo abandonó la estancia, el posadero cerró la trampilla y volvió a correr la mesa para taparla. Justo en el momento en que esta quedó oculta, la puerta cedió y la máxima autoridad de los guardianes de la luz entró en el recinto acompañado de varios guardias verdes y azules.

- Mierda -exclamó – se han vuelto a escapar.

Versión B. La cena.

Aunque pueda parecer lo contrario, somos personas sanas y alegres. Quedamos medianamente pronto, cenamos, bebimos con responsabilidad, dijimos un par de tonterías y volvimos a nuestras casas cuando la noche empezaba a dejar paso al día. Así de normales y aburridos somos.

Fin.

4 Responses to #L4PSummermeeting (Versión extendida)

  1. Moker dice:

    Fijate que conozco bien a uno de los aludidos y me creo muchísimo más la primera versión que la segunda, esa no se la cree nadie, solo te ha faltado poner unicornios.

  2. Pepe Herráez dice:

    ¡Socorro! Ya no soy dueño de mi, mi voluntad me abandono. Mierda de secta 4palera… Soy un izquierdoso aborregado más. Tengo miedo.
    Me gusta el blog, felicidades chicos.

  3. ladyaccesibilidad dice:

    “empezaron a recitar una letanía en un idioma ininteligible” …

    pues el de costumbre ¿no? el lenguaje habitual del blog xd ;P

    pd buen intento, pero la B ¡no cuela ! ¿a quién quereis engañar?

  4. Pingback: El año en fotos | Trapseia

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