Podemos

Si olvidamos que soy ateo, antitaurino, de izquierdas, poco aficionado a la siesta, a la paella, al gazpacho y a los embutidos; es decir, si olvidamos por un momento que posiblemente suspendiera un test de españolidad firmado por el Alcalde de Badalona (y por un par de ministros) soy un buen español y, como tal, suelo opinar de cualquier cosa con o sin conocimiento. Dentro de mi, como dentro de ustedes, vive un seleccionador de fútbol, un ministro de economía, un crítico de arte y mil cosas más, entre ellas un jardinero.

Sí, un jardinero con sus propias ideas sobre cómo se ha de plantar, regar y podar cada especie de árbol, arbusto o planta ornamental. Por ejemplo, soy de los que se escandaliza cuando al podar los árboles que adornan las ciudades se les reduce a su mínima expresión: el tronco. Ni una rama, ni una ramita, ni una lastimera hoja. Cada vez que podaban los chopos de los alrededores de la plaza de toros sufría en mis carnes por el destino de aquellos pobres representantes del reino vegetal. Una vez, cuando era un criajo, me acerqué a uno de los asesinos (aka jardineros del ayuntamiento) para preguntarles a qué venía semejante tortura inquisitorial. Aquel hombre me contestó que dejar a los árboles sin ramas les beneficiaba, porque al llegar la primavera salían con más fuerza y con las hojas más grandes. Y sí, es cierto, cuando llega la primavera el tronco se llena de brotes que dan lugar a enormes hojas pero a mi me parecía, y me sigue pareciendo, que aquellas hojas no eran expresión de vitalidad sino de agonía, bocanadas de un pez fuera del agua buscando desesperado un halo de vida al que agarrarse. Y estoy convencido, como lo estaba, de que aquello termina pasando factura al árbol. Todas las carreras las lleva el galgo.

En un capítulo de la décima temporada de Los Simpsons (The old man and the “c” student), el Comité Olímpico Internacional, tras recibir una emotiva carta firmada por Lisa, decide que Springfield sea la ciudad organizadora de los siguientes juegos olímpicos. Cuando el Comité visita la ciudad para hacer oficial la elección y dar a conocer a Muellín, la mascota del evento, y justo antes de que Bart eche por tierra las posibilidades de su localidad, el coro del Colegio de Primaria entona una bonita y simple composición: “Niños, niños, futuro, futuro”

En España andamos escasos de futuro (y de niños, pero esa es otra historia, o la misma). Perdón, andamos escasos de futuros alentadores o ilusionantes. Oscuras predicciones sobre los días venideros hay de sobra. Explotada la burbuja, muerto el dios ladrillo, la economía nacional y sus protagonistas boquean (boqueamos) como pez fuera del agua buscando oxígeno, brotes verdes o rayos de esperanza en todas las esquinas de las páginas salmón e incluso, entre partida y partida, entre los mantos de la Virgen. Cuando todo esto empezó a pintar mal, a nuestros políticos, dirigentes, representantes y demás se les llenaba la boca con aquello del cambio del modelo productivo, la educación, la formación la economía del conocimiento, el I+D+i, las sinergias convergentes, los Boecillos y los campus de excelencia. ¡Esta es la solución! clamaban. El futuro son más ordenadores, más neuronas, más fibra óptica y menos ladrillo, menos cemento, menos estaciones de esquí en Valladolid y menos infraestructuras ruinosas. ¿Cómo no lo hemos pensado antes? Claro, que todas estas declaraciones bienintencionadas pregonadas por doquier de nada sirven si luego no se trasladan desde el mundo de las ideas, las hadas y los unicornios al mundo real, el de las acciones, las leyes y los presupuestos.

Ains, los presupuestos. Duele solo leerlo. Ya saben ustedes, todos los medios han pulbicado las declaraciones de nuestros primus inter pares, que los presupuestos de la Junta para lo que queda de año son, para nuestra ciudad y provincia, una patada en la espinilla. La Andalucía Castellana, la provincia con más paro al norte del Sistema Central, tendrá que sorberse los mocos un año más o confiar, según nuestro diputado, el señor Casado, en el impacto positivo que pudiese tener la construcción en Madrid de Europutas Eurovegas. Nuestra provincia, lastrada por cifras de desempleo propias de otras regiones del país y de otros países – Uganda, por ejemplo – no tendrá un trato especial en los presupuestos de la Junta, sufrirá los mismo recortes que el resto de provincias y nada se sabe de un plan especial, ni urgente, ni de industralización, ni de lobotomización, ni nada de nada. Café con leche caducada para todos. Nosotros podemos*

Pero es que, además de ser malos para el presente, o para el corto plazo, los presupuestos cercenan buena parte de los pilares en los que en teoría debería sustentarse nuestro futuro. Ya no nos damos golpes en el pecho clamando por el nuevo modelo productivo con tantas alharacas como antes. Es época de recortes, de cinturones apretados hasta cortar la respiración, de amputaciones de miembros para evitar que la gangrena se extienda. No corren buenos tiempos para la lírica, ni para los campos donde antes esperábamos ver brotar tallos verde esperanza. Pero tranquilos, podemos*.

Los presupuestos de la Junta para 2012 contienen podas hasta el tronco en educación, en universidades y en las partidas destinadas a la investigación. Dentro de un recorte del 5% en el presupuesto destinada a este área, la inversión real se reduce un 40%, en universidades casi un 70%, y disminuyen también las tranferencias a estas últimas para sus gastos corrientes e inversiones en un 30%. Hasta aquí doloroso, pero hay más. Se reducen un 72% los fondos destinados a programas contra el abandono escolar gestionados por organizaciones sin ánimo de lucro, un 14% la partida destinada a las ayudas de transporte y residencia para alumnos del medio rural, un 60% las transferencias a los municipios para mantener las escuelas de música. ¡Podemos*! gritan en los despachos de la Junta.

Y no se queda ahí. Se reduce un 15% los fondos destinados a investigación, se reduce un 89% los fondos destinados a la movilidad de profesores universitarios e investigadores, se suprimen las partidas destinadas a complementar las becas Erasmus, pasan de 46 a 1 las contrataciones previstas en el programa Ramón y Cajal para jóvenes investigadores, se suprimen (o eso parece) por segundo año consecutivo las becas de formación de personal investigador al destinar menos dinero del ya comprometido. Y todo esto, después de que las Universidades perdieran, según el INE, más de 300 puestos de investigador solo durante el año 2010. ¡Podemos*! aclamaban las masas populares.

¿Se acuerdan cuando esto nos iba a sacar de pobres? ¿No nos estaremos pasando un poco con la poda? ¿Y si luego no crece? ¿Y si esto se va al garete como la olímpiada de Springfield o como muchos árboles tras una poda excesiva? ¿Y si nos pudrimos? ¡Podemos*! gritan enfervorecidos en media Europa, capital Berlín.

En Castilla y León, como en Springfield, siempre hemos tenido claro que la educación es parte de la solución, parte indispensable del futuro de la comunidad y de sus habitantes. La otra parte de la ecuación ya sabemos, por desgracia, cual es.

PS.- Y si usted se queda en el paro, no se preocupe. La Junta también ha pensado en usted. Podemos*

* Podemos.- 1ª persona del plural del presente de subjuntivo del verbo podar.

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