‘Vidas Inanimadas’ – Antonio Bartolomé –

La vida está hecha de retazos de un pasado cercano y necesario. Los testigos del devenir del tiempo permanecen en la memoria y en el día a día. Sólo una mirada atenta puede descubrir la presencia de detalles que forman parte de nuestra existencia y devolverles el protagonismo necesario. ‘Vidas Inanimadas’ quiere honrar la memoria colectiva a través de los objetos silenciosos que nos rodean.

“Zapatillas” – Antonio Bartolomé –

Antonio Bartolomé es un joven abulense de 29 años que se gana los cuartos como fotógrafo de Diario de Ávila desde el 2004 tras terminar, casi un año antes, sus estudios en Madrid. Desde el pasado 10 de mayo y hasta el 10 de junio, expone sus fotos en la Casa de las Carnicerías. Nada tiene que ver, evidentemente, su trabajo diario con la exposición ya que “para prensa sabes muy bien los elementos que deben aparecer en una foto para que tenga el valor informativo que se necesita mientras que, cuando se piensa en exponer se tiene mucha más creatividad, sobre todo, porque tienes que ser capaz de transmitir las sensaciones que tienes cuando haces la captura”.

‘Vidas Inanimadas’ es el nombre de la colección que cuenta con un total de 28 fotografías, todas ellas realizadas dentro de los límites de la provincia de Ávila pero que, como bien me comenta Antonio, “podían haberse hecho en cualquier otro sitio y seguirían significando exactamente lo mismo”. Y la pregunta es evidente, ¿Qué significan? “La mayoría no son más que pequeños detalles que normalmente no tenemos en cuenta al pasar a su lado pero que no carecen de cierta belleza a pesar de tratarse de objetos alejados del lujo”. Esos objetos son herramientas que alguna vez fueron manejadas por alguien con la intención de realizar un buen trabajo o una vistosa armadura a la que le faltan dos dedos en una de sus manos que nos deja intuir las batallas en las que algún día participó, unas zapatillas de fútbol viejas y gastadas que nos dan una idea de la cantidad de balones que se golpearon con ellas… Objetos cotidianos, por todos conocidos, carentes de vida propia pero que nos muestran una historia detrás de ellos, una historia forjada por las personas que una vez les dieron uso y que Antonio plasma perfectamente con su cámara.

Las fotografías, de gran tamaño, han sido reveladas de forma tradicional a pesar de que el soporte del que se partía no era el negativo sino la tarjeta de memoria. “La foto adquiere una textura diferente al revelarla en lugar de imprimirla, se emula el acabado que daba la película y eso es algo que ‘el pixel’ nunca podrá igualar”. Las fotos no han sufrido un exceso de retoque digital, “el equilibrado justo que necesita cualquier fotografía”, ya que se trataba de plasmar la realidad, sin más, por lo que todas las imágenes han sido capturadas sin iluminación externa, sin flash, sin recolocar ninguno de los elementos que en ellas aparece. “No hago fotos de cosas que no me gustan. No saco una madera con un agujero para luego, digitalmente, quitar el agujero. En todo caso busco otra madera que represente por sí misma lo que yo quiero plasmar”. La primera de las fotos se toma en el año 2005 cuando aún la exposición era inimaginable y las últimas en este mismo año 2012 cuando estaba ya todo encaminado. A pesar de esa diferencia de 7 años entre la primera y la última captura, Antonio nos presenta un trabajo muy completo y muy bien hilado en el que las texturas (óxido, madera, pintura… ) marcan el punto de unión entre unas instantáneas y otras y nos llevan por un recorrido, sin quererlo, que nos hace recordar situaciones, momentos, elementos, similares a los que esta exposición nos enseña ya que “son objetos que generan emociones por ellos mismos al ser instrumentos cotidianos que todos hemos visto en algún momento de nuestra vida”.

Pero, ¿cómo se decide Antonio a exponer estas obras? Lo hace tras un encuentro con Sonsoles Sánchez-Reyes que es la persona que le propone entrar a formar parte del proyecto Iniciarte mediante el cual se le da la oportunidad a jóvenes ‘principiantes’ para que hagan visibles sus creaciones por medio de exposiciones. La condición es no haber expuesto previamente. En el caso de Antonio es cierto que ya había visto colgadas un par de obras suyas en una exposición de múltiples artistas pero “en realidad, ésta es la primera vez que expongo yo solo y debo agradecer esta oportunidad que se me brinda”. Es de imaginar que el proceso, desde que se decide exponer hasta que se inaugura una exposición, es largo y costoso. “Cuando me propusieron hace unos 7 meses el tema de la exposición me vinieron a la mente algunas de las imágenes que tenía guardadas desde hacía años y que me sirvieron como punto de partida pero, tras varios descartes para evitar ciertas duplicidades visuales, me decidí a completar la colección con algunas capturas nuevas que tenía en mente pero que en su día no hice por no ser la luz del momento la que más me gustaba para algunos detalles… por lo que tirando de memoria decidí recuperar esas fotos que no hice pero que me quedé con ganas de hacer”.

Creo que cada uno de esos 28 disparos es un gran acierto y ya solo puedo hacer dos cosas más. Agradecer la atención que me prestó Antonio durante nuestra cita y recomendar que os deis una vuelta por la Casa de las Canicerías antes del próximo domingo 10 de junio. ¡Merece la pena!

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