El “abulensismo” #concepto

Esta semana, antes de decidir sobre qué tema pontificaba, me di un paseo por el blog para ver de qué habíamos hablado últimamente y la verdad es que estamos un poco tristones: crisis, política, economía, crisis económica, crisis política, política económica, economía de crisis. En resumen: dinero, sangre, sudor, lágrimas y primas de riesgo (que, por cierto, alcanza los 500 pb mientras escribo estas letras. Crucen las piernas, adopten una postura de meditación, respiren hondo y repitan conmigo: cooooon-fianzaaaa). Salvo un par de post, todo son penurias, cifras mareantes y crónicas de un futuro azuloscurocasinegro. Hasta las viñetas de Illo* parecen sacadas de las páginas salmón. Todo esto, es verdad, con cierto éxito de público según nos chivan las estadísticas del blog semana tras semana, lo que no deja de sorprenderme.

Así que, tras reflexionar un rato sobre ello, no sin esfuerzo, decidí que con el post de hoy tocaba cambio de tercio, dejar atrás la crisis, al menos por una semana, pero sin abandonar la actualidad más inmediata, más rabiosa, más chispeante; rasgo definitorio de este blog menos cuando me pongo a contar mis batallitas. Me lancé a los medios ávido de noticias positivas, amables, alegres, bienintencionadas, azucaradas, almibaradas, cursis si era necesario; para traer a esta página un poco de color y fragancia primaveral. Y allí estaba ella, la noticia que estaba buscando: la entrega de los premios Alcazaba. Era justo lo que necesitaba, algo ligerito, con gente guapa, sonriente, bien vestida y mejor perfumada.

Me iba a poner a escribir algo sobre el asunto cuando me di cuenta de que el arriba firmante no tiene ni puta idea de todos estos saraos. Reconozco con pesar y vergüenza que la última vez que fui a una fiesta fue a la de mi graduación y que mi mayor preocupación era coger un buen sitio en el buffet para rentabilizar el dinero de la entrada. Y reconozco también, con más vergüenza aún, que mi concepto de elegancia es dudoso – estilo perriflauta con glamour –  y que no sé nada de vestidos, joyas, bolsos, zapatos y otros complementos. Alberto, me dije ¿y cómo cojones piensas escribir una crónica social con esas mimbres? Pues tengo razón, me autocontesté, tendré que volver a escribir de la crisis. Pero, antes de cerrar la pestaña, movido por la curiosidad que mato a aquel gato, hice click en el video que acompañaba a la noticia. Distintas imágenes de asistentes y agraciados, todos muy contentos. El Alcalde estrechando manos. Nada especialmente reseñable menos una cosa: al final del video, justo antes de despedirse, mirando a cámara sonriente, el periodista dice lo siguiente “Una gala en la que ha primado, sobre todo, el abulensismo”

El “abulensismo”, toma concepto. ¿Qué es el abulensismo? Presupongo que la defensa de lo referente a Ávila o a los abulenses ¿no? ¿Y qué es lo abulense? ¿Qué identifica a los abulenses? Ya tienes tema, me dije ufano, definir qué hace a los abulenses, abulenses. Encontrar la raíz del abulensismo, de la abulensidad. Con dos pelotas. Malo será que estando acostumbrado a mirarme el ombligo, es una de las características más propias de la izquierda patria, no sea capaz de cascarme un par de párrafos sobre lo que nos define como hijos de esta tierra. Sí, la verdad es que puede parecer una gilipollez pero imagínense que exportamos al Alcalde de Badalona o que, tras golpearse la cabeza contra la cisterna del urinario del ministerio, Gallardón, en lugar de inventar el condensador de fluzo, tiene la feliz idea de pedir a los inmigrantes que demuestren su integración en la comunidad en la que viven. En cualquiera de esos casos, nos tocaría identificar a aquellos de nosotros que no pertenezcan a la tribu con lo cual, si vamos adelantando el trabajo, mejor que mejor.

Veamos. Si la gala está repleta de abulensismo, analizar la gala nos dará una pista sobre dónde se encuentran los midiclorianos que nos hacen ser como somos. Dato 1: los abulenses premiados han triunfado fuera de nuestras fronteras. Dato 2: la gala la presentan Parada y una señora que se apellida Trapote y que según la Wikipedia es conocida por su relación con un torero llamado Victor Janeiro (sí, de esos Janeiro). El primer dato no nos aporta nada nuevo. Ya sabíamos que uno de los rasgos más característicos del abulense, desde tiempo inmemorial, era salir corriendo de la ciudad a la menor oportunidad. Viven más abulenses fuera de Ávila que en ella y ahí tienen ustedes a la más famosa hija de estas tierras fundando conventos por todos lados en el lejano S. XVI. El segundo dato se puede analizar de muchas formas, es cierto, pero yo creo que lo más acertado es concluir que los abulenses somos feos. Piénsenlo bien. Si Parada queda mejor delante de las cámaras que cualquier de nosotros no hace falta ser muy listo para concluir que los abulenses de sexo masculino no hemos sido favorecidos por la naturaleza con una belleza portentosa. Piensen en abulenses famosos ¿recuerdan a alguno guapo? ¿Y las mujeres? La última Miss Ávila nacida en estas tierras fue contemporánea de Isabel la Católica.

Ya tenemos dos rasgos de los abulenses: tenemos tendencia a la emigración y somos feos. Vale, sí, lo reconozco, esto tampoco nos dice mucho. Migrantes feos hay en todos lados así que de momento no hay nada que nos separe, por ejemplo, de los segovianos. Hay que seguir buscando un hecho diferencial. ¿Tenemos los abulenses algún rasgo cultural definitorio? ¡Ya está! Somos leístas… o laístas… o loístas… bueno, algo de eso. ¡Mierda! También lo son los segovianos. ¿Qué más nos hace abulenses? Las yemas, el chuletón y las judías del Barco. Con esto quedan excluidos de la abulensidad los diabéticos, los vegetarianos y todos aquellos con problemas de colesterol. ¿Y el folclore? ¿Alguna fiesta típica? ¿Algún baile molón como ese que hacen los vascos? La jota la baila todo el mundo y lo más reseñable de nuestras fiestas es que son bastante aburridas y que en general nos importan una mierda, casi tanto como al Ayuntamiento. ¿Y en nuestra forma de ser? Es decir, los andaluces son graciosos, los catalanes agarrados, los gallegos como Rajoy y los de Valladolid… bueno, los de Valladolid son de Valladolid, que ya es bastante. ¿Somos los abulenses más secos que la media? ¿Más perezosos? ¿Más reacios a entablar conversación? Nuestros comerciantes sí, pero no sé si podemos extrapolar eso al resto de la población. ¿Somos más altos? Yo diría que no. ¿Y más calvos? Yo sí, pero los otros tres palos no lo parecen. ¿Escribimos blog autocríticos? Sí, pero hasta en Valladolid tienen ya uno. ¿Somos muy morenos? Pues la última vez que me miré al espejo no lo parecía. ¿Muy blancos? Alguno hay, pero tampoco creo que los griegos esos del Amanecer Dorado nos tomasen como ejemplo de nada. ¿Ricos? No, que yo sepa. ¿Pobres? Bueno, de paro andamos sobrados pero también Andalucía y Extremadura ¿La muralla? Sí, quizá, pero los chinos también tienen una y con los comunistas no queremos nada. ¿El edificio de Moneo? Mejor no. ¿Alguna idea?

La verdad es que empiezo a pensar que esto de la abulensidad ha sido solo una excusa para no ponerme, y ponerles, de mal humor con más malas noticias económicas, hablándoles de nuestros políticos o de la última vez que echaron por la tele Liberad a Willy.

La semana que viene, se lo prometo, volvemos a hablar del gobierno.

*Ayer fue el cumpleaños de nuestro viñetista. Aprovechen los comentarios para felicitarle y desearle larga vida y prosperidad.

PS.- Como pueden comprobar, una de las etiquetas de la entrada es “humor”. No, no todos los abulenses son feos. Yo soy un vivo ejemplo de que la belleza también está presente en estas tierras. De la modestia aún no hay noticias. 🙂

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