Once upon a time

Por una vez abandoné los auriculares y decidí escuchar al pasar. Ser un mirón de estados de ánimo, imponerme un trote relajado e ir echando un oído a lo que me iba cruzando. Observar, anotar. Descubrir que Disneylandia no está tan lejos.

Un paseo por San Roque como habré hecho mil veces. Camino de Las Nieves, del Insti de arriba, de Los Mesones, del Grande. San Roque como inicio del viaje.

Una niña canta Hakuna Matata. Ningún problema debe hacerte sufrir. Salta y brinca con alegría. Detrás van sus padres con un verso más selvático de lo que Timón y Pumba aprobarían. Hablan de Le Pen y de si en España podría repetirse algo semejante. Acelero el paso, hay sujetos cuya mención es mejor dejar que se la lleve el viento.

Madre e hijo son el siguiente objetivo de mis pasos… discuten por algo. Me gano una mirada reprobatoria al cambiar un poco de dirección y acercarme. Me hago el distraído mirando al horizonte de ladrillos y afino la escucha. La charla se acalora: ¿Y ahora quién va a pagar la renta, ella? ¿Tú? ¿Yo? ¿Hasta cuando vamos a estar así?  

Dejo los ladrillos, bajo escaleras y me acerco a la otra acera, junto a la calle Milicias. Dos hombres señalan un local vacío pero parecen de mejor talante. No tanto sus mujeres..que aseguran que nunca más van a votar. Ni a unos ni a otros. Entiendo “Cárcel” y “Marbella”. Suficiente. Ya me he distraído mirando a la otra acera.

Una joven señorita mira su teléfono. Arreglada, peinada. Falda, botas. Un retoque más. Se ajusta la bufanda y decide esperar dentro del bar, que seguro hace menos frío. Vuelve a mirar el teléfono pero sonríe. Afortunado truhán el que esté por venir, sin duda.

Nos quedan los niños y los recién enamorados, pienso. Qué difícil es encontrar un optimista en estos tiempos y estas calles.  Nos quedan los niños y los recién enamorados: los últimos reyes sonrientes de este libro de la selva. La esperanza enredada en los matojos de la interminable crisis.

Abrocho mi cremallera, subo la cuesta. Hay partido de fútbol. De esto saldríamos mejor juntos pero hasta el fútbol nos expropia la unidad en este país desmesurado en sus extremos.  Sé que hoy no aporto soluciones. No he venido a guerrear.

No es que antes nuestras charlas fueran el anuncio de la lotería, lo sé. El calvo y sus bolitas no tienen a bien pasar por Ávila. Copos sí, pero de los de hacer frío. Y no puedo dejar de pensar que mi sobrina está a punto de nacer y que definitivamente se merece otras conversaciones a su alrededor.

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* “Antes de la tormenta” de Manuel Galán. Uno de nuestros genios.

One Response to Once upon a time

  1. 505gonza says:

    España sufre la mayor sequía de optimismo de su historia. Infografía ya disponible en Orbyt. Bravo.

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