Cuando 2.813 euros al mes no son suficientes

Ya se habrán enterado ustedes de que el Consejo de Administración de Iberdrola ha aprobado el nombramiento del abulense Ángel Acebes Paniagua como consejero externo de la eléctrica. En concreto, será miembro y secretario de la comisión de Auditoría y Supervisión del Riesgo.

Y traigo este tema a sabiendas de que me costará que alguno me acuse de rojeras, perro-flauta, marxista, trotskista y colchonero. Incluso adivino que de nada me servirá advertir que esto no es cuestión de siglas partidistas, y que tanto me repugna esto como el fichaje de Felipe González por Gas Natural, por nombrar solo una de las muchas relaciones bilaterales que cada día se producen (misteriosamente) entre el sector empresarial y el mundo político.

Voy viendo noticias aquí y allá. En ‘Diario de Ávila’ advierten de que “Acebes vuelve a estar vinculado a la compañía eléctrica, ya que en 1993 trabajó para Iberdrola como abogado y su padre previamente también trabajo para la compañía”.  Señalan en ‘El País’ que “desde fuentes de Iberdrola destacan que el ex ministro, que lleva ya cerca de ocho años fuera del Gobierno, nunca tuvo responsabilidad sobre el sistema energético. También, resaltan que el ex alto cargo no cobra ningún sueldo público”. Me quedo mucho más tranquilo.

En este último periódico me remonto a una noticia de 2011, la que recoge el fichaje del abulense en el Consejo de Administración de Bankia (entidad presidida por otro ex ministro popular, Rodrigo Rato), tres meses después de que abandonara la política activa. Pero Acebes ya formaba parte desde antes del consejo de Cibeles, la corporación financiera de Caja Madrid, desde mucho antes.

Además de tener su propio despacho de abogados, el ex alcalde de Ávila, leo en 20 minutos, cobra cada mes 2.813 euros del Congreso de los Diputados en concepto de indemnización por cese, desde que dejó su escaño en junio de 2011 y hasta marzo de 2013. El año pasado, recoge este periódico, “percibió 163.000 euros como miembro del Consejo de Administración del Banco Financiero” (lo que viene siendo Bankia).

Casi 3.000 euros del dinero de todos, un despacho de abogados, un sueldo como consejero de Bankia de más de 160.000 euros y, ahora, un nuevo cargo en Iberdrola. Algo debemos estar haciendo mal muchos españoles y abulenses para seguir en paro, pues no parece complicada la cosa.

Gente como el ex ministro de Interior y Justicia, lo decía al principio, ocupan las cúpulas de todos los partidos, da igual el color. Y ellos tienen que encargarse de nuestros problemas cotidianos. ¿Qué pensarán estas élites cuando alguien les hable del “noble arte del rapiñeo”? ¿Cómo pueden hacerse una idea de lo que supone para los ciudadanos de a pie las medidas aprobadas recientemente por el Gobierno (como el aumento del porcentaje del pago por recetas, por ejemplo)? ¿Cómo les cuento yo que no llego a fin de mes y que ahora, además, me suben la luz? ¿De qué forma les hago entender lo repugnante que me parece su enriquecimiento amoral e insolidario?

El problema no es ninguna tontería. Los que nos gobiernan están tan alejados de la realidad social, de nuestros problemas, que se me antoja imposible que puedan solucionarlos, casi ni acercarse. Mucho menos entenderlos. Por eso, alguien pide esfuerzos en Navidad y luego se va de caza a África; otro afirma que el copago farmacéutico supone “cuatro cafés al mes” para los pensionistas, y el de más allá ni siquiera sabe cuánto cuesta un café. Y así nos va al resto: cada día más de tila.

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