¿Fernando III o Villalar de los Comuneros?

Hablaba Rubén en su entrada de ayer de la fiesta de la comunidad, de los sentimientos, en el mejor caso nulos, que le provocaban y de la posibilidad de cambiar la fecha en aras, supongo, de una que llenase más de orgullo el pecho de los habitantes de estos lares, el suyo incluido. Proponía, sumándose a lo que en su día propusieron los Alcaldes de Salamanca, Segovia y León, dejar de celebrar el 23 de Abril, Batalla de Villalar, y celebrar la muerte de Fernando III, monarca que unificó definitivamente bajo su dominio los reinos de León y Castilla. Lean su entrada en un momento, que yo les espero aquí.

¿Listos? Bien, como han podido comprobar, no son imaginaciones mías, Rubén buscaba explícitamente que yo le contestase, que entrasemos en un intercambio de pareceres, que saltasen chispas entre nuestras plumas y que acabásemos como Argentina y España, con nuestra amistad, mucho más espesa que el petroleo, expropiada. Además, estas polémicas dan mucho juego y visitas al blog. Como yo no soy de los que rehuyen un combate de estas características, aquí tiene su respuesta.

Se pregunta Rubén si tiene sentido que la fiesta de la Comunidad conmemore la derrota del ejército comunero en las campas de Villalar, el 23 de Abril de 1521. Mi respuesta es que no, que no tiene ningún sentido que el día de la comunidad autónoma de Castilla y León sea el 23 de Abril, de la misma forma que no lo tiene el 30 de Mayo, aniversario de la muerte de Fernando III. Y no lo tiene por una razón muy sencilla: ninguno de estos hechos hace referencia a la comunidad autónoma de Castilla y León.  Deberíamos escribir esto en la pizarra todos los días: las comunidades autónomas son entidades administrativas cuyos límites y configuración pueden o no tener relación con elementos históricos pero que en ningún caso responden exclusivamente a estos. Como nos está recordando magistralmente Blasco en su serie sobre los orígenes de nuestra comunidad (I y II), su configuración actual responde a los intereses, filias y fobias de los políticos de la época y no a mapas escritos sobre cuero, pergamino o papeles amarillentos y quebradizos. La historia de esta comunidad como tal empieza el día que se aprueba su estatuto y si se quisiese celebrar en puridad su existencia, cosa que podemos poner en duda, la fiesta no podía ser otro día que ese. Ahora bien: si hay que elegir entre Fernando III y los Comuneros, Villalar, sin duda, y no solo porque pille un poco a desmano ir a llevar flores al rey Fernando a Sevilla.

Tanto la unificación de los dos reinos llevada a cabo por Fernando III como la revuelta de las comunidades son acontecimientos que sobrepasan los límites de nuestra comunidad. Los reinos de León y de Castilla que une bajo su corona Fernando III tras la concordia de Benavente se extienden desde el Cantábrico hasta el Guadiana. Ciudades como Oviedo, La Coruña, Mérida, Badajoz, Toledo, Santiago o Guadalajara forman parte de la Corona de Castilla sobre la que reina Fernando III a partir de 1230. Esa Corona de Castilla o esos reinos de Castilla y León ¿qué tienen que ver con la comunidad autónoma de Castilla y León? Poco o nada.

Lo mismo sucede con los comuneros, que el ámbito de su revolución sobrepasa los estrechos límites de nuestra comunidad. Levantamientos comuneros hubo en casi todas las ciudades de la Corona de Castilla (desde la Coruña a Murcia, pasando por Jaen) y todas las de la Meseta, núcleo del levantamiento comunero, excepto Burgos, se mantuvieron fieles al movimiento en mayor o menor grado hasta el final. En la Junta de Tordesillas que asume la regencia de Castilla en Septiembre de 1520 están representadas las ciudades de Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toro, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Murcia y Madrid. El núcleo del reino, su pulmón, corazón, riñones  y varios órganos vitales más. Si prefiero como fiesta de la comunidad la derrota de los comuneros en Villalar es por su transcendencia histórica y porque, aunque sea tangencialmente y luchando contra el presentismo y contra Merkel, lo que allí sucedió sí nos atañe.

Seamos sinceros, que dos reinos se uniesen en el S. XIII tiene el mismo valor que usted se compre dos tierras y las escriture. Las tierras eran propiedad del rey y lo que allí había también. El rey podía disponer de ellas como gustase y si a Fernando III o a sus descendientes le hubiese placido, podía haberlas dividido, vendido o regalado sin que a sus súbditos les fuese ni les viniese, entre otras cosas porque estaban acostumbrados. Las revueltas, los conflictos nobiliarios y los problemas dinásticos siguieron siendo frecuente y cualquiera de ellos podía haberse saldado con la excisión de alguna parte del reino. ¿En qué momento dejaron los reyes de pelearse por este asunto? La identidad nacional, perdón por el evidente anacronismo, cotizaba a la baja en aquella época. Que aquella vez fuese la definitiva podía o no haber sucedido.

Los acontecimientos que preceden a Villalar tienen una naturaleza distinta y en ella radica su importancia. Sobre los Comuneros se ha escrito mucho y de su memoria se han intentado apropiar unos y otros de forma pendular: igual han sido liberales que conservadores, igual nacionalistas, esencia de las Españas que antiabsolutistas predemócratas. Los comuneros eran miembros de las capas medias de la sociedad (burguesía industrial, pequeña nobleza, artesanos, tenderos, obreros, letrados) que se levantaron contra la nobleza y el poder real y su rebelión es mucho más que un movimiento nacionalista o “mipuebloista” preocupado por la llegada de mucha gente rubia o pelirroja sin papa de castellano. La rebelión es la respuesta a las profundas crisis económica, política y social que afectaba a la Corona tras la desaparición de los Reyes Católicos y su objetivo, como el de toda revolución, era modificar en profundidad las relaciones de fuerza y la organización del poder público. Por resumirlo brevemente: el objetivo de los comuneros era subordinar el rey al reino, obligandolo a aceptar lo que la Junta, los representantes de las ciudades, le propusiese. La derrota de Villalar aborta el proyecto de nación independiente y moderna que se había preparado durante el reinado de los Reyes Católicos y durante el gobierno de Cisneros. Y eso sí que nos atañe, a nosotros y a Europa occidental, más allá de las simpatías que podamos tener por aquellos hombres o de las ínfulas imperiales de algunos, y es mucho más importante que la unión de León y de Castilla bajo el reinado de Fernando III, una anécdota que bien pudo pasar antes o después. Y no me vengan con que aquello paso hace taitantos siglos. En primer lugar, lo sucedido en aquellas campas bien pudo haber alterado el destino de España y Europa y en parte su presente, y en segundo lugar, España sigue siendo la tierra de los pícaros, el afán de hidalguía y la pureza de sangre. Por estos páramos no parece pasar el tiempo.

Y sí hay una razón, más allá de la discutible relación histórica de aquellos hechos con nuestra comunidad autónoma que yo he sido el primero en poner en duda, por la que Villalar merece ser la fiesta de la comunidad es por lo que sucedió en aquel pueblo en abril de 1977. La única vez en la historia reciente de estas tierras en las que ha brotado algo de conciencia regional sin la necesidad de apoyo institucional, de observatorios, premios o fundaciones villalares. Si alguien no cree celebrable la derrota de los comuneros, que celebre lo sucedido en 1977.

PS.- Y si el problema con los comuneros es que han pasado a la historia apellidándose “de Castilla”, una falta de respeto absoluto, que duda cabe, a nuestra santa y fraternal región bi-regional y conjuntiva, a nuestro estatuto de autonomía y al apetito de Juan Vicente Herrera, que se lo haga mirar. Eso sí que es traladar nuestro prejuicios presentes al pasado sin un mínimo sentido histórico.

PS2.- La semana que viene, seguiré con el tema y hablaré del papel de la ciudad en la rebelión.

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