El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte II)

Continúa la semblanza sobre el origen de Castilla y León que ha preparado Blasco Jimeno (@avilaencastilla)) desde Holanda para este blog. La primera parte la podéis encontrar en este enlace. 

_____*

Vosotros sois dueños de vuestro destino, pero Castilla y León son
imposibles de entender sin León, cuna del Condado Castellano;
Logroño, origen de la lengua y Santander, punto de partida.
J. M. Reol Tejada Junio de 1976

24 de abril de 1977 era la fecha en la que nos habíamos quedado mientras repasábamos la historia contemporánea de Castilla y León. Ese día, bajo un cielo nublado, los regionalistas festejaban en Villalar de los Comuneros que Castilla y León era capaz de autogobernarse por primera vez en mucho tiempo. La satisfacción de haber creado la Mancomunidad de Diputaciones Castellano-Leonesas bien valía una jota con el Nuevo Mester de Juglaría o buen trago de la bota de vino. En el escenario de la campa, la influencia de las elecciones que se iban a celebrar en junio se notó en los discursos políticos. Daba igual la ideología del arengador, todos coincidían en que Castilla y León necesitaba mayor autonomía. La Mancomunidad estaba recién creada y ya sabía a poco. El siguiente vídeo, de ámbito nacional, nos ayuda a situarnos en el ambiente electoral de aquel momento:

El 15 de junio de 1977, en un ambiente de gran alegría, con todo el mundo cantando el libertad, libertad, y cosas así (al estilo Cuéntame), los españoles votaron con absoluta independencia por primera vez desde la Segunda República. El partido elegido por la mayoría fue la UCD (para lo más jóvenes: Unión de Centro Democrático) del cebrereño Adolfo Suárez con un 34% de los votos, seguido del PSOE del jovencísimo Felipe González con el 29%.

Noviembre de 1976. Adolfo Suárez en el Adolfo Suárez

En Castilla y León, la victoria de la UCD fue mucho más abultada, consiguiendo una amplísima mayoría frente al PSOE y a una muy minoritaria Alianza Popular.

El PCE no consiguió ningún diputado por nuestra región. En Ávila la UCD arrasó y  consiguió los tres diputados que se podían obtener por nuestra provincia, lo cual es lógico teniendo en cuenta que Adolfo era de la tierra y además tenía un estadio de fútbol con su nombre. Cuatro días más tarde la Legislatura Constituyente comenzó.

Mientras se escribía la nueva constitución, los diputados y senadores catalanes y vascos se agruparon en asambleas regionales de parlamentarios. Dado que los acababa de elegir el pueblo, se consideraban los representantes legítimos de su región y era con ellos con quien el gobierno debía negociar la preautonomía. Rápidamente fueron imitados por el resto de regiones españolas.

En cuanto a Castilla y León el proceso fue un poco más lento y complejo. Primero se celebró una reunión en Madrid con los diputados y senadores del ámbito castellano (León, Castilla La Vieja y Castilla La Nueva) en la que se decidió que las dos Castillas debían de estar separadas (en contra de unos pocos defensores de la “Gran Castilla”) y que el problemón de colocar a Madrid correspondía exclusivamente a Castilla la Nueva. Con esa base, las reuniones entre los parlamentarios de León y Castilla La Vieja se centraron en configurar el territorio de la nueva comunidad castellanoleonesa.

Logroño se encontraba en trámite de cambiar el nombre de su provincia a La Rioja y pidió ser una comunidad autónoma uniprovincial. Los diputados de Santander se encontraban divididos incluso dentro de los propios partidos políticos, una mitad quería estar en Castilla y León y la otra mitad prefería que su provincia estuviese sola.

Y por último, León, convencida de su identidad propia, se mantuvo a la expectativa. Aun así, como todavía no se sabía qué iba a decir la nueva constitución y los rumores y comentarios de expertos hacían pensar que la formación de nuevas comunidades autónomas uniprovinciales iba a ser muy difícil, las tres provincias reticentes estuvieron presentes (aunque fuese de manera exclusivamente testimonial) en la constitución de Asamblea de Parlamentarios y Diputados provinciales de Castilla y León que tuvo lugar en Valladolid cuatro meses después de las elecciones, el 31 de octubre de 1977.

El siguiente paso consistía en que el Gobierno reconociese a la Asamblea y le concediese la preautonomía. Tras meses de negociaciones, en junio de 1978, el Gobierno aprueba la preautonomía a Castilla y León a través del Real Decreto-Ley 20/1978. Dicho decreto estableció que el poder del pueblo castellanoleonés residía en una especie de protoparlamento denominado Consejo General de Castilla y León formado por un representante de cada Diputación Provincial y cuatro parlamentarios de cada provincia de los cuales tres tienen que ser del partido político más votado y uno de un partido de la minoría (es decir, que la composición final fue 32 consejeros de la UCD, 7 del PSOE y 1 independiente por Soria). De este Consejo se elegiría una Junta de Consejeros que tendría labores ejecutivas. El Real Decreto indicaba también que la preautonomía se concedía en principio a las once provincias de León y Castilla La Vieja pero que los parlamentarios de cada provincia debían decidir por mayoría de dos tercios si querían unirse al proceso preautonómico. León, Logroño y Santander votaron en contra, por lo que, al no unirse a Castilla y León y al negarse el Gobierno de España a reconocer más entidades preautonómicas, se quedaron fuera del proceso preautonómico.

El día 22 de julio, en el castillo de Monzón de Campos, se constituyó el Consejo General de Castilla y León. Los encargados de la Diputación de Palencia, conscientes del momento histórico que vivían, engalanaron el castillo. Acudieron ministros, intelectuales y miembros de partidos políticos sin representación como el PCE, el PTE o PANCAL (no fue nadie de León, Logroño o Santander). Y se eligió al Presidente de la Junta de Consejeros, el primer presidente de una Castilla y León autónoma. El escogido fue Juan Manuel Reol Tejada (UCD), al que ya conocíamos en este repaso por la historia de nuestra región porque era el hombre al que abucheaban en el vídeo sobre Villalar de la primera parte. Los asociados de Alianza Regional y el Instituto Regional, tan activos en la primera parte de nuestra historia, asumieron que a partir de esta reunión el protagonismo en la consecución de la autonomía lo asumían los políticos.

La siguiente reunión se celebró en el Palacio de la Salina de Salamanca. En este encuentro se constituyó una Junta de Consejeros marcada por el consenso, con la primera vicepresidencia para un consejero del PSOE y casi la tercera parte de las consejerías también en manos del PSOE. La aparente unidad del Consejo General se dinamitó a la hora de tratar el primer asunto polémico: cuál iba a ser la capital de Castilla y León.  Algunos propusieron Valladolid, pero los representantes de Burgos, Salamanca, Segovia, etc. se negaron al pensar que se trataba de una nueva forma de centralismo. Otra opción era Tordesillas, centro logístico de la región, pero se desechó al considerar que era un Valladolid “camuflado”. Burgos como “Cabeza de Castilla” dijo que debía ser la capital, pero las provincias del sur la rechazaron por ser demasiado periférica. La propuesta que más gustaba era Palencia, pero al final se decidió que para no salir de la primera reunión a golpes la capital estaría del que proviniese el Presidente de la Junta (en este caso Burgos) y, de igual forma, la sede de las consejerías de igual forma estaría en el lugar del que procediese el Consejero. Así, Segovia se convirtió en la sede de la Consejería de Interior y en Ávila se instaló la sede de la Consejería de Educación.

Con el paso del tiempo, la situación en el Consejo estuvo cada vez más tensa. Nuevas discusiones por la bandera, por el papel de las diputaciones (UCD era partidaria del modelo de mancomunidad y el PSOE quería que desaparecieran) o por las competencias que se debían conseguir enfrentaban cada vez más a los participantes del Consejo. La verdad es que si la sangre no llegó al río fue porque los consejeros, al ser la mayoría diputados, se encontraban centrados en los debates de la nueva constitución y el tiempo que dedicaban a los asuntos autonómicos era mínimo. El tiempo entre reuniones se fue dilatando y, sin apenas acuerdos ni avances, llegó el otoño, y con él la Constitución, que fue aprobada por las Cortes el 31 de octubre y ratificada por los españoles en referéndum el 6 de diciembre (como es habitual, la participación en Castilla y León fue superior a la de la media de España).

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española,
patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el
derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la
solidaridad entre todas ellas.


Artículo 2 de la Constitución Española de 1978

La Constitución acuñó el término Comunidades Autónomas, entidades territoriales con competencias similares a las de los estados de un país federal, pero sin ser una federación, algo expresamente prohibido en el artículo 145,1. Como las Comunidades Autónomas era algo totalmente nuevo y aún no existía ninguna, la Carta Magna también incluía las reglas para formar una. En primer lugar, si unas provincias se querían constituir en Comunidad Autónoma era necesario que además de ser limítrofes tuviesen lazos históricos, culturales y económicos comunes. Luego, cada una individualmente debía dar una serie de pasos para confirmar su adhesión.

El problema era que la Constitución contemplaba dos caminos. Uno era sencillo (artículo 143): había que conseguir en menos de seis meses que la Diputación y dos tercios de los ayuntamientos de la provincia, que tuviesen censados a la mayoría de la población, aprobasen la incorporación. Si alguna provincia no superaba sus requisitos, el resto podía continuar con el proceso sin contar con ella. Elegir este camino fácil tenía el inconveniente de que la nueva Comunidad Autónoma empezaría apenas sin competencias y además tendría que esperar al menos cinco años (artículo 148) para, ojo, empezar a negociar su traspaso.

Si los políticos de la futura Comunidad no podían o no querían esperar a manejar en su región la educación, el trabajo, la seguridad social o incluso a tener sus propios canales públicos de televisión y radio, tenían la opción de escoger el camino difícil (artículo 151), que era igual que el fácil pero exigía que, en lugar de la aprobación de dos tercios de los ayuntamientos, fuesen necesarios tres cuartos y además (aquí viene lo verdaderamente complicado) lo tendrían que aprobar por mayoría absoluta los ciudadanos de cada provincia en referéndum.

Creo que es necesario, para que os deis cuenta del miedo que tenían los políticos al pueblo (eso no ha cambiado con el tiempo) que, aunque rompa un poco el desarrollo de mi historia, os adelante que sólo una de las diecisiete Comunidades Autónomas actuales eligió el artículo 151 para constituirse: Andalucía (de hecho la fiesta de la Comunidad, el 28 de febrero, conmemora su referéndum).

Cataluña, Galicia y País Vasco consiguieron esquivar los duros requisitos del artículo 151 y a la vez pedir todas las competencias sin esperar los cinco años gracias a que sus políticos independentistas en las Cortes consiguieron que se incluyese una nota al final de la Carta Magna (Disposición Transitoria Segunda) que decía que, como ellos ya habían tenido un referéndum en la Segunda República (la Constitución dice literalmente: territorios que en el pasado hubiesen plebiscitado afirmativamente proyectos de Estatuto de autonomía) pues que ya no hacía falta que lo hiciesen de nuevo. Esto provocó una gran polémica (técnicamente se habían creado dos categorías diferentes de CCAA) y descontento en toda España y añadió un poquito más de presión a la ya complicada situación política de la Transición (algunos ya buscaban sus sables para hacer ruido con ellos), pero, en fin, al pueblo llano no le debió importar mucho las “cuestiones técnicas” de las autonomías porque sólo el 8% de los participantes votaron en contra.

La Constitución especificaba que, para empezar el proceso de votación de las provincias, era necesario que los municipios y diputaciones fuesen elegidos en unas nuevas elecciones. Adolfo Suárez convocó elecciones generales para el 1 de marzo y municipales para el 3 de abril de 1979. El resultado de estos comicios fue que a nivel nacional y regional, la UCD volvió a ganar las elecciones generales (en Ávila otra vez consiguió los 3 diputados posibles). Sin embargo, en las primeras elecciones municipales democráticas en 46 años, gracias a la ausencia de circunscripciones electorales, la izquierda ganó muchos ayuntamientos importantes mediante acuerdos entre el PSOE y el PCE. El siguiente vídeo muestra un resumen muy interesante hecho por TVE pocos días después de las elecciones:

http://www.rtve.es/swf/4.0.37/RTVEPlayerVideo.swf

En nuestra región, a pesar de obtener la UCD una gran mayoría de diputados y senadores en las Cortes y en las Diputaciones Provinciales, la balanza de poder entre la izquierda y la derecha se niveló debido a que el PSOE se hizo con los ayuntamientos de Valladolid y Salamanca y sin la aprobación de estos municipios Castilla y León no se podría constituir como comunidad.

Así, el 9 de junio se celebró en Salamanca una reunión para actualizar el Consejo General de Castilla y León con los nuevos consejeros elegidos en los anteriores comicios. Debido a la mayoría de los centristas en el Consejo, Reol Tejada fue reelegido Presidente sin problemas. Las cosas parecían que iban bien hasta que se trató quien sería el representante de la minoría por cada provincia. El intento de la UCD de que los elegidos por Soria y Zamora fuesen un senador independiente y un miembro de Coalición Democrática, respectivamente, hizo que los consejeros del PSOE abandonasen la reunión y más adelante, el Consejo General.

Sin el apoyo de los socialistas el proceso autonómico catellanoleonés quedaba totalmente abortado. Todos esperaban que la UCD moviese ficha para recuperar el consenso, pero su situación interna no era mucho mejor. Entre sus políticos (como entre los de la Transición) había de todo: gente ilusionada por la nueva libertad, caraduras en busca de una oportunidad, franquistas más o menos nostálgicos, antiguos caciques con miedo a perder su poder o personas con ganas de cambio. Si a la ecuación le sumas la inmensa cantidad de dinero que estaba en juego, se entiende perfectamente el origen de sus conflictos internos. Cuando los centristas comenzaron a negociar el regreso del PSOE al Consejo, la unidad de la UCD se rompió por donde menos se esperaba.

El 15 de octubre había una reunión en Burgos de la Junta de Consejeros. Mientras los Consejeros esperaban a que llegasen los anfitriones burgaleses, el Consejero de Interior, Modesto Fraile (defensor acérrimo del papel de las Diputaciones Provinciales ―sus enemigos preferían decir que era un defensor del caciquismo provincial―, Diputado por Segovia y líder de la UCD en la misma provincia) montó en cólera y abandonó la Sala de Juntas de la Diputación de Burgos alegando que era inadmisible que los anfitriones burgaleses (recordemos que eran de su mismo partido) hiciesen esperar a los que habían viajado a Burgos cuando lo lógico era que les recibiesen en la puerta.

Dos días más tarde, Fraile organizó una rueda de prensa en la que anunció que los parlamentarios segovianos de su partido se retiraban del Consejo y que pretendían comenzar el camino para hacer de Segovia una Comunidad Autónoma independiente. Alegó la existencia de un nuevo centralismo vallisoletano y que las propuestas segovianas no habían sido escuchadas. Nadie (fuera de Segovia) tomó en serio a Don Modesto (todo el mundo sabía que estaba muy enfadado por el reparto de dinero de la Confederación Hidrográfica del Duero) y su movimiento fue interpretado como un intento de perpetuarse como Cacique. Pero el daño ya estaba hecho y la prensa especulaba con la ruptura de Castilla y León en varias regiones pequeñas y sin fuerza en la futura España autonómica: una la de León, con Salamanca, Zamora y León, otra con Segovia, Ávila y Soria y varias regiones con las provincias que quedaban (las apuestas eran Santander y Palencia y Valladolid, Burgos y Logroño).

La situación no podía pintar peor para los que esperaban una Comunidad Autónoma Castellano-Leonesa. A la ausencia inicial de Logroño y Santander y la indecisión de León se sumaba la espantada segoviana. El PSOE también había abandonado el proceso y Alianza Popular estaba totalmente en contra. La crisis de la UCD paralizaba cualquier negociación y por si fuera poco, en esas fechas comenzaron a aparecer amenazas de rupturas dentro de las propias provincias. Por un lado estaban las presiones vascas para quitarle Treviño a Burgos y por otro el comienzo de movilizaciones en el Bierzo para formar una nueva provincia y unirse a Galicia. Lo peor de todo era que algunos ayuntamientos ya habían empezado a votar su incorporación a la región por lo que los seis meses que daba la Constitución habían comenzado a correr y quedaban menos de cuatro para poner a todo el mundo de acuerdo. Los intereses personales y partidistas de unos pocos habían dejado el proyecto en una terrible encrucijada. El sueño de una Castilla y León autónoma cada vez se veía más difuso y muy, muy pocos pensaban que se fuese a conseguir.

Fuentes:

La Comunidad Autonómica de La Rioja en el Proceso Autonómico Español (1975-1996), Ignacio Granado Higelmo
El Adelantado de Segovia, 16 de octubre de 1976, página 6 y 18 de octubre de 1976, página 3
Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León. Mariano González Clavero. Tesis doctoral. UVa, 2002
XXV años de autonomía en Castilla y León. Pablo Pérez López, José-Vidal Pelaz López, Mariano González Clavero. Cortes de Castilla y León, 2008.
El regionalismo en Castilla y León. Julio Valdeón Baruque. Universidad de Valladolid

Imágenes:

Elecciones 1979: http://www.politica21.org/79indice.htm
Segovia: http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15734.0

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La crónica sigue en:

- El origen de la comunidad autónoma de Castilla y León (Parte III)

13 Responses to El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte II)

  1. Realmente interesante, Blasco. Eso de que la capital esté donde sea el presidente y que las consejerías se ubiquen en las ciudad de cada uno de los consejeros es una idea cuanto menos curiosa. Refleja las tensiones y luchas cainitas que se te tuvieron que producir en el momento. Y Segovia pidiendo su separación? En este artículo hay muchos datos que desconocía. Gran trabajo.

  2. Sr. García. dice:

    Excelente segunda parte. Se complica la trama.
    Espero impaciente la última parte.

    Saludos.

  3. Pingback: 30 de mayo, San Fernando « Los 4 palos

  4. Pingback: ¿Fernando III o Villalar de los Comuneros? « Los 4 palos

  5. RICARDO EL CHARRO dice:

    no decis mas que chorradas pancastellanos .

    si sois un blog abulense sobre avila , dejad de tocar los cataplines con buestras pancastellanadas y sobre todo no insulteis a la historia

  6. Muy interesante el artículo. Da gusto ver la detallada exposición de los hechos y lo trabajado que está.

    ¡Un saludo castellanista!

  7. OestePURPURA dice:

    “…la prensa especulaba con la ruptura de Castilla y León en varias regiones pequeñas y sin fuerza en la futura España autonómica…”

    Para empezar ¿qué medios especulaban sobre eso? ¿Dónde están las fuentes que se refieren a ello? Por otro lado ¿cómo se puede romper algo que no existe, o mejor aún, algo que viene de dos partes diferentes?

    Una y otra vez das por hecho el marco territorial y te olvidas que hasta la aprobación definitiva del Estatuto de CyL, habia DOS regiones, “León” y “Castilla la Vieja”. EL ansia pacastellanista te lleva hablar de algo que no existe, porque quieres que exista.

    Siendo claros, a día de hoy lo que existe es la “Comunidad Autónoma de Castilla y León”, y no y nunca la “Región de Castilla y León”. Pero es que, tal y como has mencionado, en el Articulo 2 de la Constitución, las REGIONES son reconocidas como entidades de pleno derecho constitucional. Es decir, “León” así como “Castilla la Vieja” tienen el derecho a ser Autonomías, pero no y nunca, la obligación de serlo. Es más, que de no hacerlo NO DESAPARECEN.

    Así pues, separemos entre tu sentimiento pancastellanista y el sentir leonés y el castellanos de los dos pueblos que fueron obligados a malvivir en este engendro autonómico.

    ¡¡¡Púrpura y plata!!!

    • flycyl dice:

      Todos estos leonesistas… ¿Podrian explicar la fuerza que tendría Castilla y León separadas?
      Apenas tendrián un millon de habitantes cada una, sin apenas industria, tan solo la agricultura y la ganadería… pasariamos a ser las dos regiones más ‘pobres’ de España.
      Ademas gran parte de la historia hemos estado unidos de diferentes maneras, pero unidos, y la situación geográfica y cultural es muy parecida.
      Juntos somos la segunda Comunidad donde el gobierno de España más invierte.

      • Leonés dice:

        Sigo sin entender cual es el problema de que los leoneses nos sintamos leoneses y no castellanos.
        Del mismo modo que si preguntases a muchos burgaleses, te dirán que ellos son castellanos que no leoneses

        Y ya no es que no queramos ser o no ser castellanos… es que no lo somos

        El propio estatuto de Castilla y León hace alusión al termino “Castellano Y Leonés” y se refiere a Castilla y Leon como una “moderna” unión.

        Te pondré un ejemplo, el estatuto se aprobó un 25 de febrero de 1983 hasta entonces una persona que hubiera nacido en León una fecha anterior, era español y leonés, y del mismo modo uno nacido en Burgos era español y castellano. Que sucede, ¿A partir de esa fecha ambos empezaron a ser Castellanos y Leoneses?

        Del mismo modo ¿También se inventaron identidades?, un hecho objetivo es que hasta esa fecha un cántabro o riojano eran considerados castellanos, ¿Desapareció a partir de entonces la identidad castellana para ellos?,

        Somos una comunidad autónoma con dos identidades, y por cualquier motivo ya sea político, económico… viajamos en el mismo barco, y en una misma comunidad autónoma formada por Castilla y por León.

        Las discusiones políticas ya son otra cosa, pero sinceramente en mi opinión cuantos menos políticos se mantengan mejor y siempre y cuando se respeten los sentimientos identitarios de cada uno yo no tengo ningún problema en seguir en la actual unión administrativa.

        Por cierto en referencia a la fuerza que tendrían Castilla y León separadas (cosa en que también coincido contigo en que la unión hace la fuerza). La Rioja se constituyó como una comunidad autónoma y apenas supera los 300.000 habitantes y muestra de los mejores resultados en cuanto a paro y deuda pública, de España, mejorando incluso los de Castilla y León.

  8. Macanaz dice:

    quedan claras las posturas de los hunos y los hotros…

  9. Pingback: El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte III) « Los 4 palos

  10. Pais Leones antipucelano dice:

    LEON NO ES CASTILLA
    AUTONOMIA LEONESA YA
    OS ODIAMOS!

  11. Suviaus del Bierziu dice:

    Yo soy berciano, y con un castellano tengo poco o nada que ver. Con un leonés si, aunque sin olvidar mis fuertes vínculos, en el fondo de mayor o menos medida todos los leoneses, con Galicia y Asturias.
    No voy ponerme rabdo con vosotros, pero ya vale de meternos en vuestro rollu castellano rapaces, que ya teneis territoriu asgaya, cada uno por su lado, como hicimos siempre.

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