Presiones sutiles (y no tanto)

La Huelga General me dejó mal cuerpo, un regusto amargo entre muela y muela que no se acaba de ir. Así que, casi una semana más tarde, voy a utilizar el blog como terapia curativa. A ver si de este modo me reconcilio con la raza humana, que es la mía, creo, y la de mis más allegados familiares y amigos.

Entre estos últimos, parientes y colegas, se produjo mi primera decepción. No por ellos, claro, si no por sus respectivos jefes/directivos/encargados. Son distintas historias pero todas ellas tienen un denominador común: presiones muuuuy sutiles para intentar que el trabajador no haga huelga. Ya digo que son más bien gráciles insinuaciones, ligeras preguntas, intentos casi inapreciables, pero en muchas ocasiones, y dependiendo de la circunstancia de cada uno, pueden llegar a ser realmente útiles. Y, sin ninguna a duda, resultan rastreras y cobardes.

La segunda decepción me viene del otro bando, si es que hay dos bandos. Lo que vi el pasado 29 de marzo en las puertas de distintas empresas abulenses, poco o nada tiene de piquetes informativos. Gritar, pitar e insultar no es informar, siento decirlo. En mi grupo de personas cercanas, junto a los que se vieron “forzados” por sus jefes para ir a trabajar, están los que decidieron hacer huelga para evitar problemas con los sindicatos.

De hecho, la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Ávila está estudiando emprender acciones judiciales contra los sindicatos por lo que ocurrió en su sede, donde se pusieron petardos, se realizaron algunas pintadas y se insultó de una forma burda y grosera a un trabajador de la entidad que salió a hacer fotos. Éste es solo uno más de una serie de tristes capítulos que se dieron a lo largo del pasado jueves.

Ilustración de Juan Luís López Anaya publicada en su blog 'Dibujando sueños'.

Me cuesta ver la diferencia entre un tipo de presión y otra, y no sabría decir cuál me parece más rastrera. Hemos asumido esa técnica del miedo como parte del juego de una Huelga General y no creo que nadie se escandalice demasiado por estas cosas. De hecho, el balance de la jornada en Ávila es que transcurrió sin incidentes.

La guerra se centra en los números: tanto por ciento de seguimiento, tanto por ciento de empleados que acudieron a sus puestos de trabajo, tantos detenidos, etc. A mí esos datos me empezarán a importar el día que un trabajador pueda decidir si respalda o no la protesta en total libertad, es decir, sin miedo a que su “respetuoso jefe” tome represalias o a que un grupo de “piquetes informativos” le insulte. Y parece que para eso aún queda mucho.

A %d blogueros les gusta esto: