Mucho lodo y poco oxígeno

Un poquito más de economía, que es lo que se lleva ahora. Lo malo es escribir del tema después de Alberto y con mis escasos conocimientos sobre el asunto. Así que empezaré citándole: “Las administraciones públicas están lastradas por las facturas de tiempos mejores que no volverán y ahora nos toca andar a todos, justos y pecadores, entre los lodos de aquellos polvos”. Ahí quería llegar yo, pero seguiré dándole a las teclas para ganarme el sueldo.

Y es que traga que te traga, uno acaba por no darse cuenta de donde le vienen los golpes. Digo esto por el anuncio que ha realizado esta semana el teniente de alcalde de Economía, Félix Olmedo, en relación con que sería necesario subir algunas tasas y rebajar contratos, siempre bajo la premisa de que no afecte ni al empleo ni a los Servicios Sociales.

Lo adelantó en la misma rueda de prensa en la que detalló el programa de pago a proveedores, apartado en el que el Consistorio local tiene una deuda total de 14,5 millones (impresionantes las cantidades que se adeudan a FCC, Ávila Bus o Iberdrola). Está bien que se unan estos dos conceptos en un mismo acto informativo. El mensaje queda claro: vais a pagar más por unos servicios de menos calidad debido a que, durante muuuuchos años, aquí hemos vivido por encima de nuestras posibilidades (pidan responsabilidades a otros). Remito al lector, de nuevo, al señor Martín del Pozo, no sin antes alegrarme de que los viajes ya no nos cuesten dinero a las arcas municipales. Lejos quedan esos años en los que gran parte de la corporación local e invitados (hosteleros, por ejemplo, o directores y curritos de medios de comunicación, entre otros) viajábamos por el mundo. ¡Ay (suspiro)! ¡Cuándo éramos ricos (otro suspiro)!

El caso es que se van a subir las tasas, ya veremos cuáles en el pleno del próximo viernes. Y se van a reducir algunos contratos, entre un 15 y un 20 por ciento. Olmedo ha puesto algunos ejemplos: luz, limpieza o actividades deportivas. ¿Cómo reducir la limpieza un 20 por ciento cuando ya se revisó la concesión muy a la baja? ¿De dónde recortar y cómo afectará a nuestras calles? ¿Cómo puede ser que una bajada de tal calibre no afecte al empleo, es decir, no provoque que la empresa se vea obligada a despedir? ¿Qué importa que no se suba el servicio de atención a domicilio (por citar un caso de servicio social) si el mismo usuario tiene que pagar más, por ejemplo, por el impuesto de recogida de basuras (que, además, ofrecerá un peor servicio)? ¿De dónde sacaremos los ciudadanos los fondos para afrontar ese incremento impositivo si la mayor parte estamos al límite?

Con tanta pregunta, uno acaba descubriendo sus limitaciones en asuntos económicos. Como la mayoría, me muevo por el lodazal creyendo en lo que me dicen. “Hay que apretarse el cinturón para salir de la crisis, señores”. Pues dale, hagamos otro agujero y aguantemos la respiración. Y será que el aire me va llegando con dificultad a la cabeza, pero a mí se me ocurre un montón de formas mejores para ahorrar dinero. Así, en plena asfixia y a bote pronto, menos cargos políticos e incluso alguna institución menos.

A %d blogueros les gusta esto: