Monstruos de otros tiempos

Máquina excavadora abandonada.

Paso por este rincón de la calle Capitán Méndez Vigo muy a menudo y, a pesar de haberse convertido en un elemento casi familiar, no deja de sorprenderme. Lleva meses así, en esa misma posición. En la foto prácticamente no se aprecia, pero el cristal trasero de la cabina ha sido reventado por algo contundente, como si hubieran arrogado una piedra. Una máquina excavadora abandonada en una calle más o menos céntrica de la ciudad no debería ser para tanto, pienso, pero hay algo inquietante.

Quizás se trata de un cierto aroma a desastre. Parece que al operario de este trasto le hubiera sobrevenido una desgracia en medio de la faena. Pienso en algo apocalíptico, un terremoto, un tsunami o incluso un Vesubio escondido en las proximidades de los Cuatro Postes. Pero nada parecido se ha dado por estas tierras (estoy seguro de que me hubiera enterado). Más bien parece como si la burbuja inmobiliaria hubiera explotado literal y repentinamente en este rinconcito abulense, por suponer algo.

De ser  así, nuestro operario (le voy a llamar Fran porque es el nombre que aún se puede leer en lo que queda de cristal trasero) se vio forzado a marcharse de allí rápidamente, pongamos, por ejemplo, para buscar a la parienta y huir. Quién sabe si no fue él mismo, con los dientes de la pala, quien pinchó la pompa, escondida entre las rendijas de una pared de piedra abulense. Quizás volvió a su país (imaginemos que es de Colombia, ya que la bandera de dicha nación parece hacer las veces de cortinilla de la cabina) sin tener la decencia de llevarse los cachos de lo que rompió. Toda explosión tiene su onda expansiva, lo que explicaría la cantidad de grúas que adornan los esqueletos inmobiliarios de las afueras de la ciudad. Para más información, paseen por el barrio del Valle Amblés. Fran, majete, la que has liado.

Creía que era ese carácter de accidentalidad lo que me turbaba pero estaba equivocado. Lo realmente inquietante es el aspecto animal del artilugio, empeñado en simular que es un monstruo de tiempos ancestrales. Tiene algo de fósil o, mejor dicho, de esqueleto de dinosaurio. De esos que se colocan en las naves centrales de los museos para recrear grandiosos seres de otros tiempos que, sin embargo, no son más que montañas de huesos en nuestro mundo. Hoy ya no muerden, aunque impresione ver sus dientes e imaginar todo lo que pudieron hacer con ellos en otros siglos.

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