El santo niño de La Guardia

Aprovechando el post que publicó la pasada semana Helena Cerveto con motivo de la exposición dedicada por el museo provincial a los mudéjares y moriscos de Ávila y el reciente estreno en una cadena nacional de una serie centrada en eso de las tres culturas (bueno, en realidad centrada en amoríos entre actores famosos y de buen ver, como todas las series de esa cadena), voy a relatar brevemente, todo lo brevemente que pueda, un pasaje relacionado con el tema de las minorías étnicas y religiosas acontecido en nuestra ciudad: los sucesos en torno al Santo Niño de La Guardia.

Creo recordar que algún año se ha representado una versión adaptada del episodio durante la Ronda de las Leyendas (no sé si a partir del texto de Lope de Vega basado en estos hechos “El niño inocente”) y es posible incluso que la historia haya salido en algún medio local, así que quizá les suenen los hechos.

Al lio. Estamos a finales del S. XV y en lo que hoy es España reinan sus católicas majestades, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. El reino de Granada resiste a duras penas el avance de la “reconquista” y la reina lleva sin ducharse un par de meses. El día del Corpus del año de 1489, en Toledo, frente a la Puerta del Perdón de la catedral gótica, un niño de cuatro años es raptado. Sus secuestradores, un grupo de judíos y conversos, lo trasladan al pueblo toledano de La Guardia, por su parecido con Palestina, y lo retienen hasta Viernes Santo, día en que tras torturarlo, lo crucifican y le arrancan el corazón en un rito mágico que incluye el uso de hostias consagradas robadas de una Iglesia. Los malhechores fueron apresados al año siguiente y juzgados y quemados en Ávila, en un lugar llamado el Brasero de la Dehesa que algunos sitúan cercano al puente de Sancti Spiritus, en Noviembre de 1491, tras un largo proceso. Sus bienes, confiscados, fueron utilizados para financiar la construcción del Monasterio de Santo Tomás, donde en teoría aún se conserva una de las hostias consagradas utilizadas durante el ritual mágico. Todo lo sucedido con el Santo Niño de La Guardia, rapto, tortura y asesinato, fue usado ante los Reyes Católicos por los defensores de la expulsión de los judíos, hecho que se produciría en marzo de 1492, apenas seis meses después de la ejecución de los criminales. De todos estos hechos dejaría constancia el notario de Ávila, Antón González.

Hasta aquí la historia-leyenda a grandes rasgos y según la versión más extendida, eliminando pasajes dudosos, milagros y nombres. Ahora bien ¿Todo esto que les he contado es verdad? Veamos. De lo que no hay duda es de la ejecución de los citados judíos en Ávila y de la confesión de los hechos ante los Inquisidores. La afamada burocracia española ya redactaba memorandum en aquellas fechas.  La tarde del 19 de Julio de 1491, tras casi un año de prisión y tormento, Yuce Franco, natural de Tembleque, de profesión zapatero, confiesa ante los inquisidores que “Todos los presentes en la cueva, crucificamos al niño en unos palos cruzados”. Las palabras clave de todo este parrafo son dos: Inquisición y tortura.

Las historias y rumores sobre perversos judíos que secuestraban y crucificaban niños fueron habituales en Europa a lo largo de toda la Edad Media, también en los reinos cristianos peninsulares. También los crimenes rituales y las afrentas a la cruz o a hostias consagradas. Que corriese el rumor de que unos judíos habían secuestrado a un niño no era nada nuevo. Y digo rumor porque nunca se encontró el cadáver, ni el lugar dónde en teoría fue enterrado; ni los padres del presunto crío, ni ningún familiar llegó a reclamarlo antes o después de la captura, del juicio o de la ejecución de los judíos ¿A qué se debe entonces la repercusión de este caso? Básicamente a dos cosas: la existencia de un cada vez más asfixiante clima de tensión hacia las minorías étnicas y religiosas que daba pábulo a este tipo de rumores y la existencia del Tribunal de la Santa Inquisición, autorizado por el Papa Sixto IV en el año 1478 y cuyo Inquisidor General (el mandamás de la cuadrilla) era el dominico segoviano Fray Tomás de Torquemada. Sin la presencia de la Inquisición y de sus persuasivos métodos de interrogatorio, lo que a todas luces parece un rumor malintencionado no habría pasado de ahí.

El Decreto de expulsión de los judíos firmado por los Reyes Católicos estuvo profundamente influido por estos sucesos y aunque lo más seguro es que de todas formas la comunidad judía hubiese sido expulsada tarde o temprano, la confesión bajo tortura de los 2 judíos y 6 conversos ajusticiados a las afueras de la ciudad aceleró el proceso, avivó las llamas de la intolerancia y dio argumentos a los defensores de la unidad de la fe en los recientemente unidos reinos peninsulares.

PS. La imagen de la entrada es un fresco del zaragozano Francisco Bayeu dedicado a estos hechos en la Catedral de Toledo. Está sacada de Flickr y esta es la galería de su autor. Si os gusta Toledo, tiene algunas fotos estupendas de la capital castellanomanchega.

15 Responses to El santo niño de La Guardia

  1. Guillermo B. says:

    …qué malos eran (¿éramos?) entonces… En todo caso, ya sabes aquello de que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos…

  2. bymoya says:

    Se ve que como no disponían de prensa canallesca para divulgar patrañas, que conviniesen a sus obscuros fines, los fondos para cocodrilos se los endosaban a los dominicos para que fuesen haciendo campaña. Tampoco han cambiado tanto las cosas del imperio.

  3. Anónimo says:

    Tecletear ocurrencias sobre gente cuya vida se remonta a un buen puñado de siglos es lo más fácil del mundo: basta con bla, bla, bla…
    Leed el capítulo que dedica al asunto el prof. García Olmo en “Las razones de la Inquisición española” y veréis como ni la vida, ni la historia, ni siquiera la del siglo XVI es una serie de Disney Channel o de Neox, ni siquiera del entretenido Canal de Historia…

    • Alberto Martín del Pozo says:

      Querido Anonimo, si es que ese es tu verdadero nombre ;), en primer lugar gracias por comentar la entrada.

      Si sigues este blog o lo has leido, verás que este no es un blog centrado en la Historia. Al ser un blog “generalista” las entradas centradas en temas históricos han de ser breves y no pueden profundizar en exceso para poder llegar a todos los lectores. Es lo que le pasa también al Canal de Historia, solo que aquí no tenemos presupuesto para efectos especiales y recreaciones. Me gustaría saber exactamente a qué llamas ocurrencias. ¿A los hechos narrados? ¿A la afirmación de que existía un clima de tensión hacia las minorías? ¿A la expulsión de los judíos o a la influencia de estos hechos en su redacción? Concretar esto me permitiría centrar más mi respuesta. Sin este dato, voy a tener que “disparar al bulto” basándome en el libro que citas.

      El objetivo de libro de García Olmo es rebatir las tésis defendidas por Netanyahu unos años antes. Un resumen rápido y breve: el israelí defendía que la inquisición española había sido casi tan horrible como el régimen nazi y García Olmos venía a decir que no era para tanto y que la sociedad penínsular del XV y XVI no era antisemita.

      He de reconocer que no he leído en profundidad ninguno de los dos, pero si he ojeado ambos. El de Netanyahu no me gustó, y el de García Olmos tampoco. En mi humilde y desinformada opinión, ya digo que parte de haberles echado a ambos un somero vistazo, el segundo peca de lo mismo de lo que acusa al primero: de anteponer presupuestos ideológicos a los hechos. García Olmos intenta, además, desmontar parte de la “Leyenda Negra”, objetivo loable, que duda cabe, porque esa Leyenda existe y es, en parte, injusta. Lo que no es tan loable es enfrentarse a la Leyenda Negra argumentando que lo que de aquí no fue tan grave, cuando lo correcto habría sido decir que ni fuimos los primeros, ni los únicos, en aplicar respuestas parecidas a las mismas situaciones.

      Ya que usted, querido anonimo, me recomienda un libro, yo le recomiendo dos, en mi opinión más centrados. El de García Cárcel y Moreno Martínez: Inquisición. Historia crítica y el de Martínez Millán, La Inquisición española.

      Muchas gracias de nuevo por comentar

  4. Anónimo says:

    Pero se trataba aquí del famosísimo caso inquisitorial del “Santo Niño de La Guardia”, ¿no, don Alberto? Al menos con referencia a él ha titulado y desarrollado usted el cuerpo de este post, y no sobre la Inquisición en general. Quiero decir que poseo tanto el libro de García Cárcel como el de Martínez Millán, que usted amablemente me recomienda; pero ninguno aborda el tremendo caso del “Niño” de forma profunda y monográfica, como sí lo hace García Olmo (espoleado, en efecto, por Netanyahu, que agitó el asunto en plan bandera leyendanegrista: qué autor tan original…).

    Por eso hablaba yo de “ocurrencias”, señor Martín, pero más que de usted –cuyo texto es sobrio– de los dos lectores suyos que me precedieron en los comentarios. Y es que me extrañó que, siendo este blog un lugar de memoria abulense, supieran tan poco y se tomaran con tan escasa seriedad un importante hecho histórico relacionado con Ávila y tan lleno de aristas nada fáciles de despachar, pues han llegado a hacer dudar a honestos defensores de la causa judeoconversa y sefardí.

  5. Guillermo B. says:

    Está claro, es ” qué malos somos…”. Aunque sólo sea por desmemoria, afición desmedida a canales de pago, o simplemente, como un servidor, porque no me toquen los bemoles morales con hechos de más de 10 años de antigüedad, que si no a ver cómo jugaríamos las decenas de clásicos al año con el recuerdo constante de Figo y el marrano (esta vez sin connotación conversa).

    En el debate técnico que usías mantienen me abstengo, pero aplaudo a ambos por su erudición evidente.

    Saludos

  6. Anónimo says:

    “Qué malos somos…”

    Aunque siempre en todas partes, entreverado en medio de urbes de maldad, habita algún héroe, don Guillermo; aunque sólo sea uno (a veces incluso hay más). Y luego también muchos débiles, incapaces de jugar a ser héroes y seguramente cobardes, pero con una pizca de compasión en sus adentros. Incluso en cada uno de nosotros, si me apura, que a veces nos escandalizamos de lo malos que podemos ser, asoma algunos días un ángel… 🙂
    El caso “Niño de la Guardia” también tuvo su ángel: el bachiller Sanz, abogado defensor a sueldo de la Inquisición (¿gran paradoja?). Del esfuerzo de honradez y humanidad que desplegó Sanz para salvar de la condena al joven judío Yucé Franco, dan fe a lo largo de los siglos las propias actas del Santo Oficio (¿Nueva paradoja? 🙂

  7. Guillermo B. says:

    Pues mire usted que si lo llevamos al terreno de juego de lo personal, de lo íntimo, del yo y del tú, y huimos de la sociología histórico-pedagógica, le acepto la mayor, y asumo el caso del pobre infante como ejemplo moral, como caso a estudiar. Que todos somos, hemos sido y seremos siempre iguales por los siglos, y tiran siempre dos carretas que estén llenas de tetas, odio o compasión.

    Pero no se me pongan éticos con un hecho de hace cien lustros, que en aquel la gente, por un citar, no se lavaba los dientes, creía en el infierno y daba a la vida humana un valor muchas veces menor a un pote de lentejas. La maldad es individual, no colectiva, y dudo que hubiera o haya muchos malvados, tan sólo, como cita usted bien, mucho pasota o indolente.

    ¿El Franco ese salvado fue tataratatara del ilustre galleguiño? Hubiera sido poesía histórica.

    Saludos

  8. Anónimo says:

    “…la gente… creía en el infierno…”

    Hombre, don Guillermo, a mí no me parece que los modernos estemos tan avanzados por pensar que nunca, ni en la otra vida si es que existe, habrá finalmente justicia y los soberbios y malvados padecerán por el inmenso daño que en vida causan a sus semejantes, cuya debilidad o inocencia aplastadas no les inspiran ni una brizna de compasión ni arrepentimiento.

    Seguramente por eso, por no creer en el Infierno, el siglo XX y lo que llevamos de XXI son, por excelencia en toda la Historia, los siglos de los genocidios. Con todo lo que hizo la mala, malísima Inquisición, ni siquiera se puede decir que matara a más de 2.000 personas en total a lo largo de más de tres siglos. Hoy ese limitado número de víctimas lo reducimos nosotros a polvo en una sola Torre Gemela y en cuestión de minutos. Y aún nos queda la otra torre para seguir saciando en la gente nuestra sed de mal, muerte y destrucción. No digamos si nos ponemos ya en cifras astronómicas hablando de Auschwitz, de Nagasaki, de Ruanda o de la hambruna inducida en la URSS. Porque los modernos nos atrevemos a todo contra la Humanidad y hasta contra la Tierra pensando que quedará siempre impune por vidas que vivamos y por dimensiones cósmicas que atravesemos. Algo totalmente inaudito en los “rústicos” siglos XV o XVI…

    “¿El Franco ese salvado fue tataratatara del ilustre galleguiño?”

    Pues no crea, hay sesudos historiadores extranjeros convencidos del origen judeoconverso del general precisamente por llevar ese apellido. Pero yo creo que son conjeturas…

  9. Guillermo B. says:

    Si en el fondo ambos defendemos al Santo Oficio, no crea.. lo único que yo me expreso peor, y se me entiende cambiado 😉 Que mi inicial “qué malos eran (éramos)” iba con muchas segundas, y todas las ironías, para con el artículo de don Alberto, pero se ve que con los años pierdo 9si es que los tuve) reflejos y habilidades.

    Si que acepto la maldad moderna, que en mi visión simplista del pasado, me da por pensar que en tiempos de los barbáros (los de los arbóles y los pajáros) se mataba mucho, pero sin saña. El siglo fenecido y lo que de este llevamos ha inventado un genocidio con mala leche, que es lo que peor puede pasar. Creo que todo empezó con la carga de la Brigada Ligera, ahí se acabó lo que se daba del romanticismo pretérito y se inció el todo vale.

    Respecto al infierno, es cierto que ahora no creemos y así nos va, pero también es cierto que esa vacuidad existencial en sí misma lleva la falta de escapatoria. Antaño, a la par que la creencia en Botero, estaba la absolución por bula adquirida. Ya quisiera yo haber visto a más de un yernísimo en aquellos tiempos, sabiendo que con una sabia reinversión de un 10% de sus beneficios en papelitos papales podía incluso quedar con la conciencia tranquila… No sé qué es peor, la verdad…

    Un placer (¿como siempre?)

    • Alberto Martín del Pozo says:

      Dos cosas Guillermo. En primer lugar, no me llame “Don” que me envejece y de momento de eso se encarga en exclusiva la alopecia.En segundo lugar, yo si había captado sus “segundas” y sus ironías pero ante el apasionante debate entablado entre usted y Anónimo, preferí apartarme a un lado discretamente.

      Un saludo a ambos

      • Guillermo B. says:

        Tiempos preocupantes éstos donde el tratamiento respetuosos envejece y no ennoblece ni indica respeto, evidente intención que oculataba mi alusión…

        Y por experiencia lo indico, la alopecia no envejece, sin que embellece y otorga prestancia, garbo e innegable atractivo sexual. Y además, ahorra en gastos de peluquería. Y hace que uno juegue mejor al futbol,. Y que huela mejor. Y….

        En fin…

  10. Anónimo says:

    “…estaba la absolución por bula adquirida…”

    No, la absolución ayer igual que hoy era siempre por arrepentimiento, confesión vocal y propósito de enmienda. Lo que antaño se podía redimir total o parcialmente con donaciones, aportaciones u otros medios piadosos eran las penas de Purgatorio, una vez confesado y efectivamente absuelto el pecado. Hoy también la limosna, la generosidad material y el desprendimiento solidario agradan al Dios católico, pero nunca compran la impunidad ante su tribunal escatológico. Y en los siglos remotos tampoco. En esos siglos, muchos de los que pensaban que se podía mercadear con los designios del sumo Hacedor, tarde o temprano oirían proclamar en la propia iglesia adonde acudían a dejarse ver estas inequívocas palabras de Pablo: “Deus non irridetur”, que cuando se proclaman hoy suenan igual de contundentes sólo que en lengua vernácula: “De Dios no se ríe nadie”.

    Qué extraño que ninguno de los noveleros que hoy nos cuentan lo fácil que era burlar en aquellos tiempos la justicia divina, no haya caído en explicarnos por qué éstas y otras palabras tremendas de la Biblia seguían y siguen oyéndose todos los años en misa, y nunca han sido censuradas ni sometidas al orden “políticamente correcto” que convenía en cada momento…

    El placer es mutuo 🙂

  11. Guillermo B. says:

    … pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.

    Me gusta, me gusta… Pero creo que IU (no los de Lara) sería capaz, como lo está siendo Camps, de arrepentimiento (falso), propósito de enmienda (es decir, la próxima vez hacerlo sin que le pillen), y sobre todo, de la confesión no ya sólo vocal, sino polifónica si ha menester, con tal de salir del paso.

    Un agradecimiento más (y van ya muchos a lo largo de los tiempos) por su siempre amena docencia.

  12. Pingback: Jerusalén de La Mancha. El Santo Niño de La Guardia. – exprimehistorias

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