DÉJÀ VU (por Helena Cerveto)

Tras hablarnos hace unos meses sobre el Museo de Ávila vuelve a colaborar con nosotros Helena Cerveto. Si queréis enviarnos un texto para que os lo publiquemos podéis pasaros por esta página y os contamos cómo…

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Déjà Vu

Antes de las Navidades me enteré de un proyecto que puso en marcha hace 3 años un grupo de investigadores sobre el paso de los mudéjares y moriscos por Ávila. Uno de los resultados de este estudio ha sido la exposición que está ahora en el almacén visitable de Santo Tomé y un catálogo, que incluye un resumen express de la historia de los musulmanes en estas tierras allá por el siglo XII y hasta el  XVII. Es cómo un cuento de tan sólo 29 páginas, pero que para aquellos que saben poco o nada, como era mi caso, de qué pasó, cómo y porqué, da una primera visión entretenida y con datos que me parecen interesantes.

Lo primero que me dejó meditativa fue una frase nada más comenzar el librito en la que califican la presencia mudéjar en Ávila como la más importante e influyente de la cuenca del Duero para después afirmar que la historia ha marginado este mudejarismo porque se ha visto eclipsado por otros como el toledano. Y yo, que la información local diaria ya está haciendo mella en mí y que con tanta patata revolcona me he vuelto medio abulense, comencé a crisparme y pensar que anda que no nos basta con que nos marginen en esto, lo otro y lo otro, (ejemplos cogidos al azar tras poner en el buscador “Ávila marginada”) como para que encima ni la historia nos deje el trozo de tarta que merecemos en esto del mudejarismo. “Invisibilidad y desinterés han ido unidos en este caso”, dicen los investigadores.

Sólo os doy un dato: en la necrópolis islámica de Ávila (entre la Iglesia de San Nicolás y el río Adaja) se han descubierto más de 3000 sepulturas, “lo que convierte a esta maqbara abulense no sólo en la más importante en tamaño del ámbito mudéjar sino incluso del propiamente andalusí”. Ahí es nada.

Esta primera afirmación demoledora da paso a una historia de convivencia entre mudéjares, y más tarde moriscos, con cristianos. Un tira y afloja permanente, como ocurre siempre que hay un grupo con más privilegios y poder que otro, y que, salvando las distancias, a mí en ciertos capítulos me transporta al presente.

La verdad es que no empezó con buen pie la cosa, teniendo en cuenta que los primeros musulmanes  llegados a Ávila eran cautivos o esclavos, pero con el tiempo construyeron sus mezquitas y les dejaron formar comunidades de musulmanes libres que mantenían su religión y leyes propias. Toda una política de integración social y fomento de la multiculturalidad, que diríamos en la actualidad (de hecho, ahí seguimos, ocho siglos más tarde, pensando cómo hacer para vivir todos en la misma ciudad).

Pero no era la vida tan idílica. Según cuentan los investigadores los cristianos tampoco tenían ningún interés en que los musulmanes se convirtieran a su religión porque esto significaba un cambio de estatuto jurídico. Es decir, equiparación de derechos. Acabáramos.

Todo se trastocó con esto de que los Reyes Católicos decidieran unificar, religiosamente hablado, el país. Eso sí, los antiguos mudéjares, ahora moriscos, que tontos tampoco eran, vinieron a hacer lo que algunos en la actualidad, hacer el paripé para quedar bien en público y después darse la vuelta y salirse con la suya. Además, llegaron los granadinos (los moriscos de Granada), y los recién bautizados Juanes, Franciscos y Diegos de Ávila los recibieron con los brazos abiertos, pero estos “extranjeros” eran más analfabetos y con unas costumbres culturales muy diferentes, así que la relación se enfrió, y tampoco tuvieron mayor problema en que se marcharan en 1610 con la orden de expulsión, vendiendo de mala manera sus propiedades, mientras que ellos, los moriscos locales, se pudieron quedar hasta el año siguiente atestiguando que eran “buenos cristianos”.

No os perdáis los últimos datos de la historia. ¿Por qué se tuvieron que ir, entonces, los moriscos “viejos” en 1611? Porque, según cuentan en el libro, el obispo del momento no era de Ávila, y por lo tanto no había establecido ninguna estrecha relación ni sentía un afecto especial por estos vecinos de toda la vida. Así que fuera. Sin piedad.

Bueno, perdón, sin piedad no, que aún dejaron que se quedaran cinco de ellos durante un año más para que pudieran vender a buen precio las propiedades que tenían los de su comunidad… Qué majos, ¿no? Pues no. Atención a la jugada, ¡las autoridades aceptaron esta prórroga a cambio de quedarse con el 50% de los beneficios de la ventas! Por qué será que todo esto me es familiar.

Ya, por fin, se marcharon. Todos. Ni un musulmán en Ávila. El  resultado fue que se perdió el 17% de la población, que era, por cierto, la que aportaba el 49,6% de los impuestos que se recaudaban. Porque, ahora que se habla tanto de impuestos, y de lo que se les va a cobrar a unos y a otros, aquí, los musulmanes, eran los que más pagaban, en una tierra que, además, era más suya de lo que puede ser, por ejemplo, mía.

P.D:  Leyendo el libro escuché esta canción. Qué universal es el tema de la tierra. Comienza en el segundo 38.

4 Responses to DÉJÀ VU (por Helena Cerveto)

  1. bymoya says:

    Muchas gracias por ese breve recordatorio de lo que debió ser una larga historia de esas oficialmente olvidadas.

  2. Guillermo B. says:

    Helena:

    Comparto contigo (y te agradezco la reseña) la importancia e interés histórico del estudio. Un mayor conocimiento de nuestra historia, y de todos los grupos que en ella han intervenido, nunca está de más, incluso en los tiempos pragmáticos que vivimos.

    No comparto tanto la visión que juzga con mentalidad de hoy los hechos a las discriminaciones pasadas. La historia de las civilizaciones se ha construido, para bien y para mal, desde el dominio deudos sobre otros. Eso nos ha hecho en parte ser lo que somos. No creo que todos los cristianos viejos fueran unos malvados, ni que todos los moriscos abulenses fueran unas víctimas inocentes, seguro que de haber tenido ellos mayoría habrían optado por una solución similar, como se ha visto históricamente en muchos sitios. La leyenda negra de unificación de la fe es negra porque es nuestra, pero no hay sino que moverse al final del Mediterráneo o al norte de África para ver cómo la situación era inversa…

    Un saludo con la mano derecha, con la zurda sostengo el escudo sobre mi cabeza para parar las piedras… 😉

    • Helena says:

      Hola Guillermo,
      estoy de acuerdo en todo lo que dices, y no creo que sea incompatible con lo que escribo en el texto. En ningún momento pretendo dar la imagen de que los musulmanes eran unos “santos”. De hecho, como ves, ya digo que a los moriscos locales les importó bien poco que los granadinos se tuvieran que marchar. Pero como bien apuntas, mientras que en otro lugar del mundo hablaríamos de una situación inversa, en Ávila tenemos que hablar de esta situación, porque fue la que pasó, y no otra. MI pretensión es remarcar unos datos que me llamaron la atención, que son así, y así los pongo. Y si hay que hablar de víctimas, creo que todos salieron perdiendo, unos por tener que marcharse de unas tierras donde habían vivido varios siglos, y los otros por perder una población (y un poder económico), que no llegarían a recuperar, como he leído por ahí, hasta el siglo XX.
      Ya te puedes quitar el escudo, 😉
      Gracias por leerme, y por crear debate.

  3. Pingback: El santo niño de La Guardia « Los 4 palos

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