Ávila, universo par (Episodio IV)

Bajo la premisa de que la opción más sencilla siempre es la correcta, decidió huir. Pero, nada más pasar la Venta de la Canaleja, se topó con un control policial.

– ¿Dónde va, caballero? –le preguntó el que parecía ser el agente al mando.

– Me marcho de esta absurda ciudad –respondió nuestro protagonista con tono malhumorado.

– ¡Ah, no! ¡De ningún modo! ¿Acaso no conoce nuestro programa ‘Respaldo juvenil’?

Al decir esto último, señaló un enorme cartel que tenía a su lado. En él se podía leer, en letras de muchos colores, el siguiente texto:

“Programa ‘Respaldo juvenil’. ¿Tienes menos de 35 años? Tu lugar es Ávila. ¡No lo dudes! Aquí te facilitaremos un trabajo acorde a tu titulación, vivienda a precios asequibles y una inagotable abanico de actividades culturales y de ocio”.

El señor agente le dio un folleto y le obligo a dar media vuelta con palabras amables:

– Ale, venga… vuelva a la ciudad amurallada, cabeza loca. ¿Dónde va a estar mejor que aquí? Usted vaya al Espacio Joven, que se encargarán de buscarle un buen trabajo y un lugar digno para vivir, ya verá. Y que no vuelva yo a verle por aquí, por favor. ¡Dirección Salamanca! ¿Qué se le he perdido en esa ciudad sin futuro?

Resignado y sin ganas de discutir, volvió sobre sus pasos como un autómata. No le quedaban muchas opciones más allá de acudir a la cita con la morenaza. Miró su reloj: tenía 25 minutos para ir a San Antonio acompañado por su resaca y su dolor de cabeza. Andaba pesando cómo llegar a tiempo cuando vio una entrada de metro junto a la ermita de San Segundo.

La verdad es que, a estas alturas, ya nada podía sorprenderle. Parecía estar bajo los efectos sedantes de algún tipo de droga dura o como si hubiera escuchado de un tirón el disco recopilatorio de algún cantautor ‘moñas’. Así que entró en el metro como si tal cosa y, sin el mínimo atisbo de asombro, leyó en un periódico gratuito local que Pau Gasol había expresado su deseo de retirarse en el Óbila y que el Real Ávila había perdido la final del Mundialito de Clubes ante el Boca Juniors. Se bajó en la parada llamada ‘Jardín botánico de San Antonio’, la anterior a la ‘Estación de AVE’ (línea roja) y paseó por un paradisíaco vergel hasta que encontró a la morena delgada vestida de negro riguroso.

– Imagino que tendrás muchas preguntas.

– Pues más bien, majilla.

– Lo primero que tengo que decirte, Pepe, es que yo soy el Oráculo y esto es Matrix.

Silencio infinito hasta que ella estalló en un manojo de carcajadas.

– Que no, hombre, que es broma –dijo limpiándose las lágrimas que le provocó el ataque de risa.

– Pues menos cachondeo, resalá, que no está uno para tonterías a estas alturas. Dime dónde estoy y qué cojones le ha pasado a la ciudad. ¡Esto es de locos!

– A Ávila no le ha pasado nada. Lo único que ocurre es que estás dentro de la historia que han creado cuatro bobo-tontos con un blog que alimentar.

– ¿Qué? ¿Repeat, please?

– Que tú y yo no somos más que dos personajes creados en las mentes perturbadas de unos perro-flautas con aires de gato-panderetas y mucho tiempo libre –mientras decía esto, sacó un paquete de la cazadora y comenzó a fumar-. Por lo que tengo entendido, es un relato a varias manos. Empezó la historia uno de ellos y el resto va continuando como buenamente puede.

El hombre siguió mudo, rozando el coma.

– El caso es que, según mis cálculos, debemos de estar en la parte final –continuó ella-. Ahora mismo hay un idiota intentando cerrar esta historia, poner el punto final de una forma medio decente. Y no hay nada más peligroso que un idiota delante de un teclado de ordenador.

Dio varias caladas a su pitillo.

– Nuestro objetivo, el tuyo y el mío, es conseguir que la historia nunca acabe. Y para eso, la primera regla es que no puedes dormirte.

-¿Cómo?

– Sí, prohibido dormirte. Al idiota se le ha ocurrido acabar la historia en plan ‘Los Serrano’. Te despiertas y todo fue un sueño… ¡Hay que ser cutre, joder! Ya lo han intentado antes, cuando te has despertado del hotel, pero quedaba uno de los ineptos por escribir, y han tenido que seguir la historia.

– No tiene ningún sentido lo que me estás contando, morena. ¡Ninguno!

– Lo que no tiene sentido es este relato de mierda que no hay por donde cogerlo. ¿Pero no te has dado cuenta de la cantidad de hilos argumentales que han quedado abiertos sin cerrar? ¿Qué paso con esa Teresa, del Círculo de Lectores, la que te llamó al principio de la historia? ¡No hemos vuelto a saber nada de ella! Si ya te digo yo que no hay nada peor que un tonto delante de un teclado.

– ¿Y el hombre trajeado que te acompañaba? ¿El del flequillo? ¿Por qué discutías con él en el hotel?

– ¡Ah, ese! Es el viñetista del blog, un tal Illo. Él está conspirando contra todo esto. Quiere poner fin a esta ciudad idílica porque así no puede burlarse de nada ni de nadie. Todo es perfecto y él no puede hacer humor sobre algo así. Por eso te arreó ese bastonazo, con el fin de que, al despertar, los plumillas de la historia utilizaran el argumento de que todo fue un sueño…. Pero ni para eso valen, los muy….

– ¿Y qué quieres que haga yo?

– Nuestro objetivo, pimpollo, es hacer que la historia continúe avanzando, ¡sea como sea! Ahora mismo hay un tonto buscando ideas absurdas para poner el punto final y nosotros tenemos que evitarlo.

– ¿Por qué?

– ¿Cómo que por qué, atontado? ¿Tú has visto la ciudad en mejor estado que aquí dentro? Esto no nos lo podemos dejar escapar, te lo digo yo.

– No entiendo nada –la voz de Pepe sonaba quejumbrosa-. Si es verdad lo que dices y no somos más que dos títeres, ¿qué podemos hacer nosotros?

– Mira, tengo una pistola –respondió mostrando un bulto en la parte trasera de su pantalón-. Podemos ponernos a pegar tiros a diestro y siniestro. La historia no podría acabar ahí, tendría que pillarnos la Policía, habría una persecución y todo eso. Otra opción es hacer el amor. Ningún relato que se precie acaba con una escena de sexo, ¿no?

Resignado (quizás también algo cachondo), nuestro protagonista comenzó a  desnudarse. Nunca fue un hombre violento.

De repente, una voz sonó como si viniera desde las entrañas de la tierra:

“Y en ese momento, una enorme crecida del río Adaja comenzó a inundar toda la ciudad”.

– ¡No me jodas! –gritó la morena.

– ¿Qué pasa ahora? –preguntó Pepe con los pantalones por los tobillos.

– Es el narrador omnisciente, el muy cabrón… ¡Nos va a inundar! ¿Pero qué tipo de final es este?

“La ciudad se fue sumiendo en las oscuras y pantanosas aguas del Adaja, que engulló todo a su paso”.

El agua llegó al Jardín Botánico y todo lo que estaba alrededor de ellos comenzó a inundarse. A Pepe, que seguía en ropa interior, comenzó a preocuparle que el calzoncillo trasparentara con la humedad.

“Los dos comenzaron a bracear en medio del Jardín Botánico para mantenerse a flote y, junto a ellos, un precioso portátil Mac flotaba marcándoles el camino de la salvación. Era su vía de escape, pero solo había sitio para uno, así que nuestro protagonista subió a la morena al ordenador y se quedó junto a ella esperando la muerte”.

– No había otro final más pastelón, no… El jodido ‘Titanic’ –siguió gritando la morenaza-. Va a acabar plagiando el final cursi de ‘Titanic’… ¡La madre que lo trajo!

“El frío llevó a Pepe al sueño eterno. Sin poder controlar las lágrimas, la morena dejó que el cuerpo de su amado descansara en las profundidades”.

FIN

4 Responses to Ávila, universo par (Episodio IV)

  1. Guillermo B. says:

    ¡Tarde, he llegado tarde!!!

    La escena de sexo era entre el recepcionista del hotel y el Calvo, leches…

    Por lo demás, habéis leído demasiadas veces “Dios” de Woody Allen…

    Feliz 2012

  2. ¡Yo de Woody Allen sólo he leído las costuras de la Johansson, lo crometo por las papas dos salsas del Bar Sur!

    Bueno…esta historia me lleva a confirmar que estoy metido en un jaleo de blog con un grupo de cabroncetes geniales.

    Feliz 2012 a los lectores.

  3. Y por cierto…Jack cabía en la tabla.

  4. Pingback: Clandestinos (I) « Los 4 palos

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