Jornada de reflexión

A mi esto de la jornada de reflexión me parece una soplapollez. Así, sin paños calientes. La jornada de reflexión es a la fiesta de la democracia lo que la resaca a la fiesta a secas, solo que invirtiendo el orden. Algo prescindible, en definitiva. Y lo es por dos motivos que paso a desarrollar: por su nombre y por su innecesaria e inútil existencia. Empecemos por esto último. ¿Es necesario, útil, provechoso, este día de asueto antes de las votaciones o tiene el mismo sentido, ninguno, que la prohibición de difundir encuestas electorales? ¿Es un vetusto recuerdo de épocas analógicas? Por lo que respecta a las encuestas, los medios de comunicación pueden realizarlas, cedérselas a medios de otros países y hacerse eco de ellas. Internet hace el resto. Dos ejemplos: El Periódico de Catalunya publicando encuestas en El Periódico de Andorra o, más reciente, El Mundo y The Times. Con la campaña y la jornada de reflexión sucede algo parecido, la ley tiene sus lagunas. Durante este sábado, los partidos no pueden realizar campaña pero ¿y los ciudadanos? No estamos hablando de bajar al bar y despotricar del candidato A o del candidato B ante los tertulianos, lo cual tiene un alcance reducido, si no de ciudadanos, vinculados orgánicamente a partidos o no, que, a través de blog, foros o redes sociales, llegan a miles de personas. Hablo, por poner tres de ejemplos, de gente como Buenafuente, con más de 660.000 seguidores en Twitter, Jordi Évole con más de 300.000 o Arturo Pérez-Reverte con 250.000 ¿Es eso campaña? Si miran ustedes las portadas de los periódicos nacionales de hoy verán que esto de la reflexión va por barrios y que los medios tienen interpretaciones distintas del alcance de la ley. A menor escala, si desde estas páginas se pide hoy sábado el voto para el Partido Nacionalista Carpetovetton (Vota PNCV) ¿una patrulla de la Guardia Civil va a entrar al asalto en nuestras casas? No lo veo factible, con estos de los recortes no hay guardias civiles para todos, con lo que se limita el “silencio electoral” a los partidos políticos, actores importantes pero no únicos del proceso desde hace un tiempo.

Sobre el nombre de la “festividad”, si este sábado previo a la jornada electoral se refiere únicamente al final de la campaña oficial y tiene como único o principal objetivo que candidatos y votantes descansen los unos de los otros, pongámosle otro nombre: Jornada de descanso, Jornada libre de publicidad electoral, Jornada sin mítines, Jornada sin autobuses con megáfono a la hora de la siesta o Jornada de paz antes de la tormenta. ¡Seamos sinceros cuando nominemos, leñe!

¿O que tengamos un día para la reflexión quiere decir que es el único día que reflexionamos? Sweet mother of God!! ¿Y si es este el verdadero problema? ¿Y si la raíz de nuestras desdichas es que no estamos acostumbrados a considerar nueva o detenidamente algo? Quizá podríamos resolver todos los problemas del país instaurando periódicamente jornadas de reflexión. Cada tres semanas o cada dos meses – esto lo podríamos hablar – un día para la reflexión. Es más, para profundizar en la reflexión propongo que ese día esté prohibido beber alcohol, leer novelas románticas, escuchar música compuesta después de 1812 o ver la televisión. Eso a nivel nacional/estatal/pieldetoro. A nivel personal, propio e individual, propongo que cada ciudadano tenga 6 días de reflexión personal al año. Por ejemplo: el día antes de comprar un coche, jornada de reflexión; el día antes de firmar una condena… digo, una hipoteca, jornada de reflexión; el día antes de decidir el menú de la comunión de su hijo, jornada de reflexión; el día antes de la final de la Champion, jornada de reflexión. Todo sea por la reflexión y el análisis detenido, que falta nos hace.

Y ahora, más en serio, si tenemos una jornada para la reflexión antes de una convocatoria electoral es porque aceptamos la premisa de que la gente, el ciudadano, vota después de analizar las diferentes opciones y elegir aquella que considera más válida de una forma racional. Aceptamos que los votantes en una democracia son actores racionales. Pero ¿es esto cierto? Me explico. ¿Todos los que van a votar al candidato A lo hacen porque sus propuestas son las que más le benefician o tienen otras razones? Entre estas otras razones podríamos anotar muchas y variadas, desde el odio hacia el candidato B hasta el atractivo físico del candidato A, pasando por la venganza, la simpatía o la afinidad ideológica. ¡Qué levanten la mano aquellos que no van a votar a Rubalcaba por su visible alopecia! No digo que estas razones no sean validas, el voto es de cada uno y hace con él lo que quiere, pero ninguna de ellas, ideología incluida, son completamente racionales.

A ustedes esto que les cuento les parecerá seguramente una memez, pero no es un tema baladí. Si a esto que les he contado le quitan ese tonillo idiotesco con el que escribo a veces y que tanto desagrada a mi paciente pareja, es un tema apasionante. Buena parte del Sistema, desde la economía a la política exterior, se basa en un modelo de actores racionales que poco o nada tiene que ver con el día a día. Piénsenlo ¿ustedes conocen a mucha gente que reflexione sobre su voto en la jornada de reflexión? Es más ¿conocen a mucha gente que reflexione sobre su voto alguna vez? ¿Creen que los 35 millones de españoles llamados a votar lo hacen?

PS.- Durante la jornada de reflexión no se puede pedir el voto para ningún partido, pero si se puede animar a votar. Tradicionalmente, Ávila es una de las provincias con mayor porcentaje de participación. Consigamos entre todos que esto se repita una vez más. Si además de votar, lo hacemos después de pensar y analizar las distintas opciones, mejor que mejor.

PS2.- Y si quieren reflexionar en voz alta, no duden en apostar en nuestra porra. De regalo para el ganador un ejemplar de mis memorias (éxito editorial de próxima aparición) firmado por mi negro.

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