El indignado de la Quechua al hombro

Hoy abrimos de nuevo el capítulo de colaboraciones del blog. La entrada de hoy os llega por cortesía de Ana Isabel Martín. Abulense, estudiante de periodismo, vallisoletana a ratos, twittera activa. Puedes enviarnos tu aportación a [email protected] Más información aquí.

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Y vienes tú, Pablo Casado, a hablarme de indignación. El niño palentino, luego madrileño, que “ya conocía Ávila”, tocado por la varita mágica (o el bigote) del señor Aznar. Y viene él y me habla de indignación. Y donde digo “me” podría poner “nos”, porque muchos somos los que hemos tenido que coger carretera y manta y marcharnos a otra ciudad, ya sea a estudiar, a trabajar o a intentar ganarnos la vida. En mi caso, el primero. Y vienes tú a indignarte por un Gobierno central, de la situación económica del país… Vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador.

El señorito Pablo Casado es el número dos de la candidatura del PP de Ávila al Congreso. Este señorito dice que ha tenido una estrecha relación con la provincia de Ávila, por tener familia en Barco. Como quien tiene familia en Moscú y bebe vodka, señores. Para completar, dice que encuentra “mucha preocupación en la provincia por el paro”, atribuyendo la culpa (cómo no) al Gobierno central. Olvida este señorito que existe algo que se llama Ayuntamiento, con un alcalde del PP que, por suerte para algunos o desgracia para otros (inclúyaseme aquí), se perpetúa en el poder por años sin fin. Olvida también que por algo existió un movimiento llamado #15M que, sorprendentemente, cuajó muy bien en la ciudad.

Una política de empleo adecuada en la provincia no hubiera venido nada mal a nuestra ciudad. Pero cómo no, es mucho más fácil ver la paja en el ojo ajeno. Es ley de vida. Y pasando del desempleo, que cansa ya un rato, me centro en aquellos que se están preparando para ser “alguien en la vida”, héteme aquí. Estudiante universitaria, y cómo no, tuve que salir de Ávila. Cogí mis bártulos y mi última frase fue “me voy de Ávila para no volver”. Puede sonar rotundo, pero mis expectativas en cuanto a formación/empleo en la ciudad amurallada son nulas, por no decir bajo cero.

En cuanto a la educación en la ciudad, el susodicho nos ofrece una respuesta digna de carcajada mundial. Nos dice que sin educación en nuestra provincia estamos condenados al paro masivo. Por favor, un aplauso para esta lumbrerilla. El problema de la ciudad a la que él puede llegar a representar es que nos falta oferta educativa y como he dicho, no nos queda otra que cambiarnos de ciudad.

La oferta académica de la ciudad es más bien reducida con algunas ingenierías, magisterio y enfermería en el campus de la ciudad de la Universidad de Salamanca. Si nos vamos a la privada (que más de unos cuantos no pueden costearse) la oferta se abre a más ingenierías, derecho y ADE. Pero como muchos de los jóvenes de hoy en día somos un tanto ambiciosos y vivimos en el mañana, pienso: ¿y después de vivir fuera de Ávila, volveré para trabajar?

No lo creo. La situación en nuestra provincia va cada vez a peor. Y esta “ciudad geriátrica” se queda un tanto pequeña por mucho que nos empeñemos en crear Universidades de la Mística (¿cuál es el objetivo, por cierto?) y en construir enormes centros de congresos como el “Lienzo Norte”, que no hacen más que reportar pérdidas al consistorio, ergo, a los abulenses.

Por lo tanto, entre la gente que se va a estudiar, que somos muchos (un 80% de mis amigos/conocidos estudian fuera), los que se van a trabajar fuera, que son otros tantos, sumados a los que se quedan en Ávila y no trabajan hacen de esta ciudad una futura villa del jubilado y si no,al tiempo. Pero claro, el que viene a indignarse es el señorito Casado.

Pues que coja la Quechua y se ponga frente al Ayuntamiento, que es donde debe reclamar, he dicho.

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