Heteroidiotas

No voté a Zapatero en 2004, no voté a Zapatero en 2008. Tampoco está Mariano en la oposición con mi voto, qué le vamos a hacer. Y si ambos se volvieran a presentar tampoco tendrían mi apoyo. Sin embargo eso no implica que de cuando en cuando no esté de acuerdo con determinadas acciones políticas de uno u otro bando. Hablemos de los derechos de los homosexuales.

Soy heterosexual y confieso que de pequeño y ya no de  tan pequeño he sido homófobo o heterolerdo. Me refiero a que en el colegio los niños son (fuimos) cabrones. La debilidad se paga. Y cuando a alguien se le perciben ciertas tendencias enseguida se le dedica alguna vez un “mariquita”, “marica”, “nenaza”. No es que yo haya sido el peor elemento del colegio, espero y creo que no. Pero seguro que alguna vez que lo hice, muchas veces que lo hice, acerté o acertamos. Sí, era marica. Y a lo mejor todavía no se atrevía a detectarlo. Y a lo mejor hicimos mucho daño. Y habrá que luchar para evitar que eso siga pasando. Será deseable que eso se normalice cada vez más, que los chicos en los colegios sean enseñados a respetar, a saber que a un hombre le puede gustar un hombre y a una mujer una mujer y eso no los convierte en menos que nadie y mucho menos en alguien de quien reírse.

La vida te hace conocer mucha gente. Ahora, afortunadamente, conozco personas de diferentes tipos, ideologías, sensibilidades y tendencias. Y me siento muy feliz de tener amigos gays y amigas lesbianas. Lo pongo en negrita. Fue con una de ellas con la que definitivamente abrí mi mente en la universidad. No habíamos hablado nunca mucho pero poco a poco fui descubriendo su talento. Escribía como los ángeles, tenía una sensibilidad especial. Y por estas cosas que pasan acabamos coincidiendo en unos cursos de libre elección para conseguir créditos. Eramos muy pocos, nos sentamos juntos, charlamos, cafeteamos. Y entonces llegó la última charla: “Me encanta ese tipo” – me dijo -“sale a veces en Radio Nacional por la noche, es un genio”.

Y ese tipo, delante de un auditorio de edad madura y sensibilidad no especialmente progresista, se marcó un espectacular speech sobre la homosexualidad. Sería el año 2000, aquello era mucho más tabú que ahora. Su discurso fue tan bueno que el respetable aplaudió. No cabía otra. Ahora no haré justicia a su discurso con un resumen tan corto como el que voy a hacer…pero la idea era la siguiente: “Señores..hay tantas cosas de las que preocuparse que ¿Por qué se preocupan de que dos personas se quieran? ¿Qué mal le hace a nadie que la gente se quiera? ¿Qué mal hace el amor a nadie? ¿No es precisamente la falta de amor la que nos debería preocupar?”

Fue entre una cosa y otra lo que hizo que reventaran mis últimos goznes, los últimos complejos que me quedaban. Servidor ha sido víctima de una sociedad menos abierta que la de ahora, espero. La idea era simple y hermosa. Amor. Y a la vez estaba conociendo más y más a una lesbiana. No mordía ni era un bicho raro ni tenía antenitas. Era una chica estupenda con dos valientes ovarios para ir viviendo sin disimular sus sentimientos. A través de ella me llegaron más textos y canciones. Y conocí una buena tropa de lesbianas que ahora son grandes amigas.

No me hace falta decir nombres porque no es necesario pero en Zaragoza la cosa fue a más. A través de la televisión conocí más y más gays. Y puedo decir que el tipo de mayor talento y genio con el que yo he trabajado es gay. Y hemos ido a algún sitio y luego lo ha contado en algún reportaje y me he sorprendido de ver cómo sus ojos veían el mundo. Pensar que en algún rincón del mundo una persona como él tendría que esconder realmente su forma de ser, vivir una mentira y actuar como quien no es me parece simplemente una barbaridad. Pero esa realidad existe. Y si fuera por algunos aquí también existiría.

Por supuesto que también hay homosexuales hijoputas, lerdos, cabrones y lo que ustedes quieran. Como todo hijo de vecino. Lo que quiero decir es que son gente normal y que en ocasiones son tan brillantes como el que más. En mi caso, en mi vida en concreto, los que más.

No he escrito toda esta parrafada para pedirles el voto por un partido que apoye el matrimonio homosexual o la adopción. No estoy pensando en elecciones hoy. He escrito todo esto por algo que me aterra y es la infame presencia de heteroidiotas que atemorizan, denigran o insultan a homosexuales que no se esconden. Y es tarea de todos que no tengan que hacerlo jamás.

Me indignó que el debate levantara ciertos demonios. No conozco de nada a Jesús Encinar. Ni le he visto en persona ni le he entrevistado todavía, aunque me gustaría hacerlo y seguramente lo hagamos para la radio pronto. Sólo sé de él que -curiosamente- es un tipo especial. Emprendedor y sin duda exitoso. Alguien interesante.

Pero todo esto también daría igual. Lo inadmisible es que el otro día cometió “el grave pecado” de expresar su opinión sobre el debate cuando se habló del matrimonio homosexual….y en eso momento apareció la carcundia más irracional a desplegar insultos. Lean el relato que ha escrito sobre ello y noten como les hierve la sangre. ¿Por qué sigue existiendo gente así? ¿A qué viene tanto odio?

Si por algo bueno será recordado Zapatero será por defender ciertos derechos. Eso se lo tenemos que reconocer hasta quienes nunca le votamos. Los gays y lesbianas se casan y eso es algo fantástico. Brindo por sus derechos y (seamos idealistas) porque Ávila sea cada vez más abierta. Y brindo sobre todo por la frase final de Jesús Encinar: Ahora los que tienen que esconderse son ellos.

12 Responses to Heteroidiotas

  1. Pepe Herráez says:

    Te queremos Rubén Negro, sinceros anónimos te damos la bienvenida.
    Después de la coña sólo dos cosas, una el deseo de que esta sociedad, de enseñanza judeo-cristiana en la que desde pequeños nos enseñaron a que sólo valía el “como Dios manda” acepte de una vez que lo diferente no es malo.
    Y dos estoy orgulloso de mi gente y hay de todo, que lo sepáis, bajos, altos, guapos, rojos, fachas, ateos, meapilas, gays, y también yo que por ser una persona con diversidad funcional (discapacidad) se lo que es sufrir el desprecio. Porque siempre aceptamos la diferencia.

  2. Genial, Rubén. Un relato sincero y realmente auténtico que debería hacer pensar a muchos, a todos. Eres único escribiendo desde las entrañas!

  3. Mayda Anias says:

    Nadie va proclamando por la calle que se siente orgulloso de ser hombre o mujer o de que le gustan -a los hombres- las mujeres de este tipo o aquel, o que se ha casado con una mujer. Las mujeres tampoco vamos por la calle proclamando que nos hemos casado con un hombre y eso nos hace sentir felices y orgullosas. Pero la Fiesta del Orgullo Gay permite todos los excesos. Creo en la libertad individual en toda su extensión, pero admito que proclamar el orgullo de lo que uno es no nos hace mejores ni peores, sino blanco de los demás. Las minorías siempre estarán en desventaja, por las más disímilses razones, o por una sola: la libertad y el respeto a la diferencia. Quien está convencido de lo que es no nocesita proclamarlo a los cuatro vientos, lo ejercita de principio a fin y lo defiende llegado el caso, pero no convences al moroso diciendo a toda hora que tú sí pagas la comunidad.
    Creí que en democracia estos “complejos”, para no decir odio u homófobia eran agua pasada. Pero ya veo que no se trata de sociedades, sino de seres humanos.

    • Guillermo B. says:

      Chapeau !!!

    • Iñaki says:

      Los heterosexuales, Mayda, no celebramos nuestro orgullo porque no tenemos ningún motivo para hacerlo: todos los putos días desde que nos levantamos hasta que nos acostamos son el día del orgullo heterosexual. Y ciertos colectivos, absolutamente estigmatizados (no sólo a nivel “social”, sino principalmente a nivel individual y personal) tienen naturalmente una necesidad de HACERSE VISIBLES, de recordarle a toda la sociedad que existen y que aún nos queda un largo camino por recorrer para que dejen de estar discriminados. El Orgullo Gay no es la celebración individual de los sentimientos de cada homosexual (como tú pareces creer). Es la celebración colectiva de la necesidad y el deseo de una transformación social que para algunos es crucial al nivel más íntimo.

      • Mayda Anias says:

        Más valdría, entonces, Iñaki, que celebrásemos el orgullo de ser seres humanos, que es a lo que me refiero, o la capacidad individual de ser libres para decidir en lo personal. La fiesta no tiene por qué ser un escándalo público. A ese paso, si se convocara una fiesta de los adictos, ¿irían por la calle regalando drogas? Que la sociedad reconozca a un grupo o a otro no depende de que se “hagan visibles” como “los estigmatizados”, sino, como afirma Rubén Negro, de demostrar que forman parte de nosotros, que somos sencillamente diferentes, pero igualmente capaces.

    • Tu frase “la Fiesta del Orgullo Gay permite todos los excesos” ya deja clara tu mentalidad. Esa de que los gays son gente de “excesos”, “vicios” y “promiscuidad”…

      Ya puestos a decir tonterías, vamos a bajar todos los escalones hasta tu nivel… ¿Es necesaria la semana del Orgullo Gore Católico? ¿Eso no es un exceso? Y la barrila que me dan mis vecinos con la fiesta de su Figura de Madera de una Señora Muy Guapa todos los años… Ese despertarme con su música y sus cohetes, ¿de verdad hace falta?

      • Guillermo B. says:

        ¿Recordais cuando la carretera pasaba por medio de Herrera de Pisuerga, que en algún momento del año celebraban la “exaltación del cangrejo de río”??? A mí el motto siempre me resultó cuando menos curioso.

  4. @Mayda.

    “La fiesta no tiene porque ser un escándalo público”, “regalando droga”… Tu lenguaje y tus comparaciones hablan claro: pobres enfermos.

    • Guillermo B. says:

      Camarada, creo (y muy honestamente) que tu lectura e interpretación sobre el comentario de Mayda está sesgada. No veo en sus palabras el colmillo que tu destilas de ellas, más bien la defensa de una creencia legítima, como es la de que la igualdad se demuestra muchas veces mejor en la normalidad que en la reivindicación.
      Y como comentario estético, no pertenezco al colectivo homosexual, pero no creo que el jolgorio y colorido que caracteriza al día sea la expresión de la forma de ser de todos ellos. De la misma forma que, como bien citas, Camarada, sacar a paseo estatuillas de madera puede no ser la forma preferida de expresar su espiritualidad de un buen número de personas.

  5. bymoya says:

    Pues mejor sería que no se tuviesen que esconder y a lo mejor subvencionando algún viaje por Europa acababan por darse cuenta de lo que supone vivir en este continente y en esta época y sí ya resulta difícil encarar el futuro cómo ciudadano, además teniendo que aguantar posturas neolíticas que sólo ven el amor cómo antesala de la reproducción para disponer de más mano de obra barata la cosa se pone francamente cuesta arriba.

  6. Pingback: Ávila no es una excepción « Los 4 palos

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