Rotondum maximus

A uno, que es bastante tonto, lo del mal de muchos le consuela que no veas. Así que aprovecho cualquier oportunidad para descubrir con cierta malicia que, mira tú por donde, otros están igual o peor. ¿Qué me voy a Mérida de vacaciones? Pues nada, a informarse bien de sus miserias, a ver si solo las vamos a tener en Ávila.

Resulta que lo que un día fue Emerita Augusta es ahora una ciudad de 57.127 habitantes (un poquito menos que Ávila capital) que también atraviesa problemas. Por ejemplo, su equipo de fútbol, el que hace no mucho se podía ver en Primera División, está ahora en Tercera y, según me dice un amigo que vive en este rincón extremeño, llenito de deudas. ¿Y el club de baloncesto? Casi peor. Repite en categoría EBA después de que la temporada pasada renunciara a disputar por falta de dinero unos play off que se había ganado por méritos propios en el terreno de juego.

Existen más miserias, tranquilos. En las afueras de Mérida proliferan los pisos vacíos y los proyectos urbanísticos parados a medias, iniciados cuando el más tonto cagaba dinero y parados con esto de la crisis. ¿Les suena de algo todo esto, queridos lectores? Incluso tienen su propio “Moneo”. No me refiero al Museo Nacional de Arte Romano que diseñó el arquitecto navarro y que todos coinciden en que fue un buen trabajo. Resulta que han construido un modernísimo edificio alrededor del Templo de Diana que todavía no se sabe para qué será utilizado y que, esto es un opinión personal, provoca un contraste con el monumento romano que chirría cosa bárbara. Juzguen ustedes mismos.

¿Qué? ¿Cómo se quedan? ¿Reconforta o no? ¿Quieren que siga con las similitudes? Hay más y vienen de muchos siglos atrás, créanme. Lo descubrí en las casas romanas del área arqueológica de Morería. Allí, en el cruce de dos calles romanas, se puede ver esto:

Y junto a este cruce, un cartel explicativo con el siguiente texto: “El trazado romano de calles paralelas y perpendiculares confluía en cruces como éste, delimitando cuatro manzanas con sus correspondientes viviendas esquineras precedidas de pórticos para tránsito peatonal en tanto que las calles son lo suficientemente espaciosas como para permitir el paso simultaneo de dos carros en sentido contrario. En el centro del cruce se sitúa una gran piedra sobresaliente respecto al firme que servía como tapadera de las cloacas y moderador de la velocidad de los carruajes”.

¡Eso es una rotonda! ¡Se pongan como se pongan! ¿No lo ven? Imagínense una cremallera enorme encima. Ahora sí lo ven, ¿verdad? Esto estrecha los lazos entre Mérida y Ávila y también reconforta, claro. Porque ellos, los pobres emiretenses, llevan haciendo frente a eso de las glorietas (digamos Rotondum maximus) desde hace siglos… Está claro que no estamos tan mal, que hay otros peores, ¡por Júpiter!

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