Una novela con acento cubano sobre “orígenes y destrucciones”

Mayda Anias, escritora cubana afincada en Ávila, ha sacado a la luz un nuevo libro titulado ‘Tulipa’. La novela, que narra una historia que tiene lugar en el la zona suroriental de Cuba entre 1897 y la década de 1940, ha sido publicado por Caldeandrín. Se trata de la editorial y librería de anticuario que ella misma ha puesto en funcionamiento en la capital abulense, sin importarle demasiado la parálisis que provoca la tan citada crisis.

Se licenció en Pedagogía en su país natal y publicó su primer libro, de poesía, en 2005. Al año siguiente, Anias llegó a España y estuvo casi doce meses investigando en la Biblioteca Nacional. A partir de ahí publicó varios trabajos de corte ensayístico. Volvió a Cuba, donde se dedicó a la corrección de textos para Sanlope, una editorial de Las Tunas, y regresó a España hace un par de años para convertirse en toda una emprendedora en tierras abulenses.

Les puedo asegurar que su literatura está muy trabajada. Es sonora y agradable, casi musical, y tiene un toque personal e intransferible. Los que aún no la han descubierto pueden hacerlo en su blog. Y en la entrevista que viene a continuación, claro.

¿Qué podemos encontrar en ‘Tulipa’?

Tulipa está siendo una novela interesante para lectores españoles por su lenguaje, que se sale de lo más conocido actualmente aquí y por el tema que desarrolla: nada biográfica, ni autobiográfica, que es lo que suele suceder cuando se escribe la primera novela. La historia que cuenta va desde 1897 hasta finales de la década del 40 y el escenario es la zona suroriental de Cuba, por lo tanto, me he salido de los tópicos que he visto más de lo que quisiera en España: nada de Revolución Cubana ni de “período especial en tiempos de paz”, ni comercio sexual con extranjeros para salir de la isla ni ataques a amigos y enemigos de Cuba.

Me propuse escribir para que el lector esté alerta desde la primera línea hasta la última, no darle tregua, hacer que se detenga, que retroceda, que perciba emociones, olores, sabores… No hay suspense, porque no es el género, pero escribí para sacar el aliento del plexo solar: el ritmo es vertiginoso, en fin, sin tregua. Alguna vez valoré con mi editor la opción de escribir un glosario pero lo descartamos porque es una concesión imperdonable: Cela, Delibes, Vargas Llosa, García Márquez, Galdós, Pérez Reverte, Matute, Borges… no han subestimado nunca a sus lectores, ¿por qué he de hacerlo yo?

El título es una clave que solo se desvela al final de la historia, de modo que de haber sido una novela policíaca, solo en el último párrafo se habrían enterado de que el mayordomo es el asesino, pero tampoco importa demasiado que lo adelante aquí: Tulipa es el nombre de una ceiba, un árbol de la familia de los baobabs que crece a unas cuantas calles de mi casa en Amancio, el pueblo donde nací.

¿Cómo definiría la novela?

Como una historia de génesis, pues el protagonista asiste a acontecimientos interesantes, rigurosamente históricos: el final de la guerra de 1895 (termina con grados de alférez), la construcción de una fábrica de azúcar, que en Cuba llamamos central azucarero (masculino, sí), la inauguración del alumbrado público de Las Tunas y la casi desaparición de un poblado costero durante el ciclón de 1932, que es histórico porque hubo dos mil muertos en una noche en Santa Cruz del Sur, a escasos kilómetros de Guayabal, la zona donde transcurren dos capítulos de la novela. Orígenes y destrucciones que dan paso a surgimientos y, especialmente,  evidencia una fuerza y una voluntad de vivir a prueba de estos acontecimientos.

El escenario no podía ser otro más que Cuba, su país de origen. ¿Siente añoranza de su tierra? Por otra parte, ¿qué le aporta Ávila?

Más de un paisano mío ha dicho que quien se va de Cuba y regresa ya no sabe si el viaje es de ida o de vuelta. No vine a España huyendo ni exiliada, dos condiciones que se repiten mucho entre cubanos en Europa o Estados Unidos; vine por decisión personal, pero eso no impide que sienta muchísima añoranza, que cada vez me sienta más próxima a mi país, que me obsesione su historia, no la oficial, que me la contaron allá tan mal, sino la de verdad, la que está en los documentos de cada época y en la voz de los protagonistas, me da lo mismo si son de principios del siglo XIX o finales del XX. No quiero más mentiras, lo cual es casi una carga que llevo sin dramatismos: estudiar con la edad que tengo lo que debí haber aprendido a los 20. Pero no desespero, ya sé que donde quiera cuecen habas.

Para curar mis nostalgias escribí un par de libros de un tirón cuando llegué, y me propongo convertir en literatura esa experiencia, con mucho cuidado de no insultar  a los futuros lectores con excesos de ninguna clase, pero sin renunciar a mi condición de caribeña pasional.

Cuando conocí Ávila el sitio al que primero me asomé fuera de sus murallas fue al valle Amblés desde El Rastro. Fue impactante. Me dije y dije que aquí es donde quería vivir. He tenido la inmensa suerte de haberlo conseguido. No me canso de admirar la belleza de esta ciudad, su arquitectura imponente y su historia de siglos, ten en cuenta que para los cubanos nuestra prehistoria es el siglo XVIII y aquí eso es ayer.

Ávila renueva mi espíritu cada día, desde la calle en la que vivo hasta los emotivos atardeceres en cada estación, la llegada de las cigüeñas, el vuelo enloquecido de los vencejos, el frío de sus muros…, menos el chuletón, porque soy vegetariana…

¿Cuánto tiempo le ha llevado escribir esta obra y qué es lo que ha resultado más difícil?

Los primeros apuntes son de 2003; a continuación estuve más de un año documentándome, pues tenía en la cabeza una novela histórica, que terminó siendo enteramente de ficción, pero con unos escenarios, repito, rigurosamente verosímiles que están diseminados desde la primera hasta la última línea: nombres propios, referencias históricas, fechas, lugares…, tanto que llegó a obsesionarme la exactitud, pues si un personaje o el narrador dicen, por ejemplo, que tal cosa sucedió el lunes día tal de un mes de la década del diez, puedes verificar que, en efecto, era lunes. O por ejemplo, si se afirma en un momento que corresponde a una fecha exacta que Menocal iba a ser presidente de la república, es porque ya había ganado las elecciones, pero aún no había tomado posesión de su cargo… En fin, que también he respetado al potencial lector-historiador.

Confieso que escribir fue darme un gustazo; antes de tener esta experiencia desconfiaba de los escritores que afirmaban cosas parecidas, creía que era más pose que otra cosa. No he llegado a excesos como llorar con algunos o mostrar rechazo ni nada por el estilo, pero sí me he reído con situaciones que me resultaron graciosas para el sitio donde encajaron, porque sí es cierto que los personajes empiezan a ser un poco amigos, a fin de cuenta son creaciones que uno va trazando a gusto, así como puedes hablar con tu mascota convencido de que esos diálogos tienen toda la lógica del mundo.

Lo más difícil ha sido dar la razón al editor en las ocasiones en las que la tuvo: no hay manera de que quieras renunciar ni a una letra, aunque en tu interior sepas que debes meter el bisturí sin piedad donde haga falta.

¿Dónde se puede conseguir la novela?

Vamos a distribuirla en las librerías de Ávila. Pensamos inaugurar nuestra sede, es decir, Caldeandrín Ediciones a inicios de octubre; a partir de entonces, también allí, en el Pasaje Comercial de Reyes Católicos, en el centro.

Anoto al margen que hemos hecho una edición numerada, lo que confiere un carácter exclusivo a cada ejemplar y que pretendo firmar todos los que me soliciten por la vía que sea, incluida la electrónica a través de nuestra web http://www.caldeandrin.es

¿Tiene algún otro proyecto de creación en mente?

Sí, tengo un libro de poesía para el que me he documentado muy ampliamente también, sobre La Habana de los finales del XVII hasta la primera mitad del XX. Irá ilustrado con fotografía, seguramente en blanco y negro. Y un ensayo que anda como al 40% sobre Cuba, con enfoque sociológico en el que me propongo un diálogo crítico con intelectuales cubanos de las décadas del 30 y el 40 del siglo XX.

¿Cómo se animó a poner en marcha una editorial y librería de anticuario con la que está cayendo?

Cuando en Cuba he hablado de la crisis económica en Europa y Estados Unidos, mis amigos suelen bromear: “menos mal que aquí eso no llega porque ya estamos en ello hace medio siglo”. Yo comparto ese comentario, pues en realidad estamos entrenados para vivir en crisis, de hecho mi generación nació con la crisis, así que lo nuestro es genético, y ello te prepara para convivir con esa malformación. La idea nos estuvo rondando un par de años y estudiamos todos los pros y los contras, pero había que decidirse, ¿para cuándo dejarlo? Tengo la convicción de no pretender estar por encima de los demás, sino donde están los otros, es decir, ¿por qué otros sí y yo no? Hay que tener un poco de sangre fría, pero repito que lo mío es genético.

Hay algunas premisas a favor: a pesar de que hay colecciones y sellos bajo los que aparecen publicaciones, no hay una editorial independiente en la ciudad, ni tampoco una librería anticuaria. Quería desmarcarme de las instituciones, demostrar que puede haber iniciativa privada, que pueden hacerse libros valiosos por su contenido, aunque no sean tan lujosos como los que pueden hacer o han hecho las instituciones, quiero decir, Ayuntamiento, Diputación, Junta… No hay secretos, se trata de estudiar, investigar y, sobre todo, seleccionar cuidadosamente lo que se publica. No dudo de que es el propósito de toda editorial y de todo editor, por eso es también el mío. De momento hay buenas sensaciones, como se dice aquí.

¿Cómo ha sido el arranque?

‘Ávila de memoria’ ha sido muy bien acogido por los lectores; no digo por la crítica porque al parecer aquí no hay de eso, pero hemos vendido casi toda la edición, que es de finales de 2009, no descartamos hacer una reimpresión un buen día. Y el ‘Ayora’, como se conoce el título que salió a inicios de este verano, a pesar de no haber hecho más de dos o tres cosas promocionales, se está vendiendo también. Es un libro importantísimo para la ciudad y al parecer los abulenses se están percatando de ello y lo están adquiriendo. Ojalá que la novela ‘Tulipa’ tenga igual suerte.

¿Considera que Ávila es una ciudad saludable culturalmente?

No puedo decir que sea virulenta o contagiosa, porque ni a mí ni a otros intelectuales que conozco los ha enfermado, y lo contrario de eso es la salud. Pero si te refieres a la salud de la cultura, mi impresión es que está inmunodeprimida: cuesta encontrarla (a la salud, no a la ciudad), no hay crítica artística ni literaria, no hay diálogo intelectual ni, al parecer, voluntad de que así sea. No hay espacios de expresión, más bien una trinchera muy individualizada o, mejor, compartimentada, donde cada uno es su creador y su crítico y eso es muy malo para la salud cuando se trata de autoinmunidad: no puedes tú mismo generar los antígenos que necesitas para combatir la enfermedad que padeces.

Cuando hay algún acontecimiento cultural el Diario de Ávila reseña que ha sido muy bueno, que no ha habido por dónde señalar un error, ni la poca o nula calidad de esto o aquello, trátese de las fiestas medievales, una temporada teatral, la Semana Santa, un concierto o la aparición de una edición subvencionado por el Ayuntamiento. En la radio y la televisión local ocurre otro tanto, siempre recuerdo a aquel personaje de Voltaire que afirmaba que todo está que no puede estar mejor, aunque todos sepamos que es exactamente lo contrario.

Desde que tropecé con ‘Los 4 Palos’ no he dejado de seguirle la pista, pues creo haber encontrado un sitio en el que leer y comentar lo que se echa en falta en un sitio donde cada uno es libre de decir públicamente lo que piensa.

6 Responses to Una novela con acento cubano sobre “orígenes y destrucciones”

  1. Alberto Martín del Pozo says:

    No podemos dejar de felicitarnos por este tipo de (arriesgadas) iniciativas. Un editorial pequeña, una librería de anticuario… Es un motivo de alegría en una ciudad como la nuestra, tan necesitada de aire fresco.

    El mencionado “Ayora” (Ávila del Rey. Muchas historias dignas de ser sabidas que estaban ocultas de Gonzalo de Ayora) es una pequeña joya que no me cansaré de recomendar y que además creo que ya ha sido mencionado un par de veces por este blog.

    Mis mejores deseos para la autora y para su proyecto.

  2. Iyannys Gómez says:

    Sabiendo que el arte no es comercial y conociendo a Mayda, me atrevo a decir que la editorial, pese a cualquier cosa, saldrá por puro y genuino “amor al arte” en este caso por la vía literaria. Quisiera visitar un día Ávila, suena como a riqueza que se conserva en muchos de sus habitantes más allá de las murallas. Tendrá buena suerte tu novela Mayda.

  3. Pingback: Eso de la cultura (local) « Los 4 palos

  4. Norge Sánchez says:

    El sol escapaba entre la greña de las nubes sobre las ruinas del central Jobabo. En un pequeño espacio logramos “instalar” a pleno regaño a un grupo de antiguos obreros ahora convertidos en estudiantes universitarios. Allí, en aquella imposible geografía te brotaba el oro puro disperso entre las palabras donde tu, ingeniosamente nos dejabas degustar, nada menos que en tu voz la maravilla de tu poesía. Te admiré siempre desde aquel momento en que conocí tu obra. Te mando el más amigo de los abrazos y toda mi admiración y mi respeto. Qué feliz debe estar, nuestro Guillermo por ese libro tuyo.

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