Poderoso caballero

Me voy a terminar creyendo eso de la tiranía de los mercados y el capitalismo salvaje. Lo están consiguiendo entre todos, y estoy hablando de ciudadanitos de pie, como tú o como yo. De un tiempo a esta parte, en las más variopintas conversaciones, eso del dinero acaba siendo el argumento rey, el as en la manga para decantar cualquier debate de un plumazo.

Vayamos, por ejemplo, con la cantidad de visitas que ha tenido Ávila con eso de las Jornadas Mundiales de la Juventud. No se lo van a creer, pero la mayor parte de los debates que he escuchado a pie de calle sobre este tema se han centrado en si los peregrinos han dejado mucho ‘money’ en la ciudad o si, de lo contrario, estos chicos gastan menos que un mechero. Hasta el Ayuntamiento se ha apresurado a hacer público un balance económico para dejar claro, siempre con el dinero de por medio, que lo de la visita del Papa es todo un negocio.

Ahora las cosas se miden así, vayan acostumbrándose. Por eso lo importante del concierto de Julio Iglesias fue la ocupación hotelera, mucho más que lograr una organización decente para tal evento. Hace un par de días, en un bar, la discusión era sobre el concurso hípico de saltos y, adivinen qué, sobre la repercusión económica de tan histórica cita. ¿Se debería suprimir el tinglado porque vale una pasta a las arcas municipales o hay que mantenerlo porque repercute en cada hotel, restaurante y tienda de Ávila? Tomen posiciones, pero siempre bajo el prisma empresarial del que ve la ciudad como su propio negocio (no me vengan con argumentos sentimentales, como ese tal Rubén Negro).

Bajo esta línea argumental, la cosa es sencilla: mucho mejor los peregrinos que los indignados. La Comunidad de Madrid, por ejemplo, tiene clarísimo el asunto. No vayamos a los motivos y causas, a las repercusiones o peticiones de cada uno de estos dos movimientos, no hace falta contextualizar o analizar en profundizar. ¿Existe argumento más sólido que el dinero? Lo dudo mucho.

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