Morriña

Doce meses han pasado desde la última salida que hice fuera de nuestra tierra. El motivo, en esta ocasión, no es otro que el ocio. Apenas una semana pero suficiente. Disfruto ahora de una tranquila ‘sobremesa’. Lo pongo entre comillas porque en realidad se trata de una “sobrenevera”. Una ensaladita, empanada gallega, bocadillos, Coca-Cola y, lo más importante, buena compañía.

Cuando estoy en Ávila, entre sus adoquinadas calles, me recorre siempre el cuerpo una rara sensación de rutina que no me lleva a más que el deseo de irme a otro lugar. Trabajo, familia, amigos son motivos más que suficientes para decidir permanecer pero nuesta muralla parece tener un efecto repelente, como los antimosquitos, y empujarnos a poner tierra de por medio entre sus consistentes piedras y nuestros débiles huesos para no caer en el odio profundo a la ciudad. Ávila tiene muchas cosas buenas, que nadie se líe, imagino que aquellas por las que nuestros exiliados desean volver a casa, pero no podemos negar que hay momentos en que debemos descansar de todo, incluso de nuestra ciudad, para oxigenarnos y volver con más fuerza a nuestro sentimiento rutinario.

De todas formas, todos por cerca o lejos que estemos sabemos lo que es eso que aquí, en Galicia, llaman morriña. Todos echamos de menos, en la distancia, nuesta muralla aunque parezca tener un efecto repelente, como los antimosquitos, y empujarnos a poner tierra de por medio entre sus consistentes piedras y nuestros débiles huesos aunque, en lugar de exiliados, estemos solo de vacaciones.

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Me encuentro en la Playa de Melide, con las Islas Cíes de fondo cubiertas con una espectacular niebla. Mi cabeza me engaña, busca y no quiere encontrar mejor vista que la que ahora contemplo pero sé que allí, desde las afueras, desde Los 4 Palos la imagen no tiene mucho que envidiar a ninguna otra estampa que hayamos visto. A veces lo tenemos tan cerca y durante tanto tiempo que nos empeñamos en imaginarnos en otros logares convencidos de que son mejores y nos olvidamos de contemplar la belleza de nuestra histórica ciudad. A veces, solo a veces, me entran ganas de volver.

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