Las cuentas de la abuela

Si la situación de muchas familias españolas no fuera tan dramática, casi haría gracia el ahorro que, a base de reducir sus estructuras, anuncian a bombo y platillo todas las administraciones de este país. Esta muy bien, de verdad, mis felicitaciones a todos, pero creo yo que estos “adelgazamientos” se podrían haber hecho un poquito antes. Los ciudadanos, sin ser expertos en economía, venimos haciendo nuestros propios planes de austeridad desde que algunos se empeñaban en llamar desaceleración a la crisis.

En el Ayuntamiento de Ávila –donde ya se venían revisando adjudicaciones de servicios a la baja-, por ejemplo, se han reducido el número de comisiones (de ocho a seis) y de dedicaciones exclusivas (de siete a cinco), disminuye la dotación a los grupos políticos, se eliminan las retribuciones por asistencia a sesiones extraordinarias, y los gastos de protocolo y representación caen un 80 por ciento (un 80 por ciento, casi nada) pasando de 50.000 a 12.000 euros anuales. Uno lee estas cosas en los periódicos y no puede evitar sospechar que, a lo peor, gastábamos demasiado antes.

Pero, claro, que lo mismo pensé cuando escuché al presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, anunciar en su discurso de investidura que, dentro del Plan de Austeridad planteado para los próximos años, los miembros de su Gobierno tendrían mucho cuidado en hacer un uso racional de sus vehículos oficiales y de las comidas de trabajo, entre otras cosas. ¿Y antes no era así? ¿Qué ocurría hasta ahora para que se anuncien estas decisiones –que se dan por supuestas- como medidas anti crisis?

Debate de investidura de Herrera (Foto de http://www.ccyl.es)

No me quiero olvidar de la Diputación Provincial de Ávila, donde también se ha anunciado un ahorro de 400.000 euros gracias a la reducción de las asignaciones del presidente, de los grupos políticos y de los diputados liberados. Todas estas medidas me parecen geniales, pero estoy seguro que, tras sufrir años de crisis, mi abuela diría eso de “a buenas horas, mangas verdes”.

Ya estoy viendo a la buena mujer, aconsejando a los responsables de economía de ayuntamientos, diputaciones y, por qué no, países enteros sobre la gestión de sus arcas. Les llamaría manirrotos, les diría eso de “guardar en los buenos momentos para cuando lleguen las vacas flacas” y les quitaría las legañas de los ojos a todos ellos.  Luego, solo si se portan bien, les regalaría un par de Sugus.

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